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La escena se repite, hoy por hoy, en todo tipo de comercios y hasta en lugares donde atienden profesionales: a los clientes se les ofrecen descuentos jugosos por pago en efectivo. El mecanismo, que sirve tanto para pagar una pizza como una consulta médica, está volviendo con fuerza, aunque sus motivos no estén del todo claros.
Fue el titular de ARBA, Cristian Girard, quien volvió a poner el tema sobre la mesa al afirmar que hay “un evidente aumento en el uso de efectivo”. El funcionario de la gestión que encabeza Axel Kicillof fue más allá y entregó explicaciones que chocan con las de otros economistas.
En ese sentido, sostuvo que el aumento del uso de efectivo no está relacionado “con un aumento de la evasión” y apuntó que, en cambio, el gobierno nacional “insinuó” que la caída en la recaudación “tenía que ver con un aumento de la evasión”.
Para la provincia, el pago con billetes está relacionado con los “exorbitantes costos financieros de operar para los comercios y las empresas”, sostuvo.
“En un contexto de caída de las ventas, de acortamiento de los plazos y de rompimiento de la cadena de pagos, hace que las unidades, las empresas, los comercios no tengan margen para dar crédito, con lo cual vender con un medio electrónico implica no contar con el dinero hasta dentro de 7 o 21 días”, dijo.
Pero el regreso del pago con billetes como método no es, de por sí, ilegal. Cualquier persona puede abonar con ese método y recibir la factura correspondiente, recordaron —ante la consulta de este medio— en la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA).
Desde el Gobierno nacional, además, rechazaron que se haya sostenido que el uso de efectivo repercuta en la recaudación: de haber un mayor uso de dinero físico, debería ser de una magnitud considerable para impactar de forma notoria.
La calle y el incentivo económico
Carlos Maslatón es una figura del mundo político que siempre ponderó el pago en efectivo y la cultura “barrani”. Consultado por la cuestión, dio una explicación multicausal del fenómeno, que combina una lógica económica con un contexto de caída del consumo.
“Creo que se consiguen descuentos enormes en efectivo. 10, 15, 20% en todos lados, así que me parece que es más barato pagar en efectivo. Esto lo tiene que entender ARBA o AFIP (ahora, ARCA). Y además hay una cultura ‘barrani’ en Argentina, eso también hay que tenerlo en cuenta”, consideró.
Pero más allá de la descripción, señaló que en la actualidad “hay una parte de la sociedad que está pedaleando, la que va pagando en diferido, en cuotas, y hay otros que aprovechan lo contrario”.

Por otra parte, estimó que “los comercios se ahorran costos con esas promociones en efectivo. ”Supongo que no quieren abultar facturación”, y que “también puede ser una forma de promoción, porque en materia de ventas minoristas la cosa está muy caída”, esbozó.
La otra mirada: ¿incentivo a la informalidad?
Sin embargo, hay otras voces que sí ven una relación entre el uso de dinero físico y la evasión fiscal. Tal es el caso del economista Emmanuel Álvarez Agis, quien incluso propuso avanzar con un impuesto al efectivo en reemplazo del impuesto al cheque.
“El consumidor te exige pagar con medios digitales porque tendría un impuesto al efectivo. Eso obliga al comercio a formalizarse y premia a las compañías que tienen todos los flujos registrados”, planteó.
Según su propuesta, el tributo podría afectar hasta el 10% de los montos extraídos. (En un caso hipotético) “Voy al cajero, pongo $ 1.000 y salen $900”, graficó sobre su iniciativa.
Desde esta mirada, el efectivo no es neutro: funciona como una vía que facilita operaciones por fuera del sistema formal y que, en determinados contextos, puede reforzar la informalidad.
Europa protege el efectivo
El debate sobre el uso del dinero físico no es exclusivo de la Argentina. En Europa, varios países avanzan en la dirección opuesta a su desaparición.
En marzo de 2026, Suiza votó en referéndum blindar el uso de efectivo en su Constitución. Un 73,4% de los votantes respaldó garantizar que el Estado mantenga billetes y monedas disponibles y que nunca puedan ser reemplazados totalmente por dinero digital.
El respaldo fue interpretado como una defensa de la libertad de elección, la privacidad en los gastos y el control personal del ahorro.
Con este resultado, Suiza se sumó a países como Hungría, Eslovaquia y Eslovenia, que también elevaron a rango constitucional el derecho a utilizar dinero físico.
¿Quién tiene la culpa?
Detrás del fenómeno no hay una única explicación, sino una combinación de factores que se superponen.
Para la Provincia, el problema está en los costos financieros del sistema de pagos, que en un contexto de caída de la actividad empujan a los comercios a buscar alternativas para sostener márgenes.
Otras miradas, en cambio, ponen el foco en los incentivos. Desde esa perspectiva, el uso de efectivo no es neutro y puede derivar en menor facturación.
Entre ambas posiciones aparece un punto intermedio: el efectivo no es en sí mismo sinónimo de evasión, pero sí puede convertirse en una herramienta funcional cuando los costos, la presión fiscal y la caída del consumo generan incentivos para salir del circuito formal.
En ese marco, el regreso de los descuentos por pago en efectivo parece responder menos a una sola causa que a un equilibrio inestable entre costos, cultura económica y necesidad de supervivencia.
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