

Carlos Rottemberg cuestionó los intentos de vincular al sector cultural con hechos de corrupción y defendió el rol del Estado en el financiamiento de la actividad. Durante una entrevista con El Cronista Stream, sostuvo que la inversión pública resulta indispensable para desarrollar nuevos talentos y garantizar la diversidad cultural.
El productor aclaró que su postura no responde a un interés personal. Recordó que lleva más de cinco décadas trabajando exclusivamente en el ámbito privado y remarcó que nunca dependió de recursos estatales para desarrollar su actividad. Esa experiencia, explicó, es precisamente la que le permite defender con mayor convicción el financiamiento público de la cultura.
Según explicó, su trayectoria demuestra que es posible sostener una empresa cultural sin recurrir al Estado. Sin embargo, advirtió que esa realidad no puede extrapolarse a todos los proyectos culturales, porque existen expresiones artísticas que difícilmente encuentren respaldo únicamente en el mercado.
En ese contexto lanzó una de las definiciones más fuertes de la entrevista. Afirmó estar “totalmente convencido de la obligación del Estado en su inversión en cultura” y agregó que “quien quiera ligar cultura con corrupción está mirando para otro lado o está tapando otra cosa”.
Para Rottenberg, el debate suele plantearse de manera equivocada. Consideró que el verdadero problema no es la existencia del financiamiento estatal, sino el uso indebido que eventualmente puedan hacer algunas personas de esos recursos. En su visión, confundir ambos planos termina perjudicando a todo el ecosistema cultural.
Para desarrollo, no para dependencia
El empresario sostuvo además que los privados no deberían depender del Estado para sostener sus negocios. Incluso fue especialmente crítico con aquellos empresarios que reciben asistencia pública pese a desarrollar actividades comerciales rentables. A ellos los definió como “planeros de guante blanco”, una expresión con la que buscó marcar diferencias entre el apoyo a la cultura y los subsidios a emprendimientos privados.
A su entender, la función del Estado consiste en respaldar aquellos proyectos que el mercado por sí solo no financiaría, pero que resultan valiosos desde el punto de vista cultural. En ese sentido, recordó que esa fue la lógica que inspiró la creación del Instituto Nacional del Teatro, iniciativa que apoyó públicamente a fines de la década del noventa.
Rottenberg argumentó que muchas de las figuras más importantes de la cultura argentina difícilmente hubieran alcanzado reconocimiento sin ese respaldo inicial. Mencionó como ejemplos a Mercedes Sosa, Astor Piazzolla y Graciela Borges, artistas que, según señaló, necesitaron apoyo en sus primeros pasos antes de consolidar carreras internacionales.
“Porque para lo otro hace falta promover a aquella Mercedes Sosa que vino de Tucumán cuando nadie la conocía. Para lo otro hacía falta para el bandoneón de Piazzolla cuando no era Piazzolla. Para lo otro hacía falta los créditos del Instituto de Cine para que Graciela Borges sea la figura de cine que es”
En cambio, explicó que una vez alcanzada la consagración, el acompañamiento estatal deja de ser necesario. Desde su perspectiva, el financiamiento público debe funcionar como un mecanismo de promoción del talento emergente y no como una fuente permanente de recursos para artistas ya consolidados.
Consultado sobre quienes sostienen que “no hay plata para todo”, respondió que comprende la necesidad de establecer prioridades presupuestarias. Sin embargo, consideró que ese argumento no puede utilizarse para eliminar directamente los recursos destinados a la cultura.
Según planteó, el presupuesto cultural puede ampliarse o reducirse según las posibilidades económicas del país, pero no debería desaparecer. También advirtió que muchas veces el debate sobre el gasto público termina ocultando otros intereses y termina favoreciendo sectores que, a su juicio, no deberían recibir ese respaldo estatal.
Durante la conversación, Rottenberg también cuestionó la tendencia a generalizar acusaciones sobre todo un sector. Sostuvo que si existieran casos concretos de corrupción deben investigarse y sancionarse, pero rechazó que esas situaciones sirvan para desacreditar a toda la actividad cultural.
Para ilustrar esa idea recurrió a una comparación con su propia experiencia empresarial. Recordó que en alguna oportunidad descubrieron a un boletero que robaba en uno de sus teatros. La respuesta, explicó, fue despedir al responsable, pero nunca cerrar el teatro por ese episodio. A su juicio, el mismo criterio debería aplicarse en cualquier otro ámbito.
En la misma línea sostuvo que la política carga con una imagen pública mucho más deteriorada que la cultura, por lo que le resulta llamativo que desde ese ámbito se descalifique con frecuencia a periodistas, artistas y trabajadores culturales, sectores que, según afirmó, gozan de prestigio internacional.
Hacia el final de la entrevista insistió en evitar las posiciones extremas. Puso como ejemplo una reciente visita al Teatro Nacional Cervantes junto a sus hijos, donde elogió una producción pública que consideró de gran calidad. Para Rottenberg, es posible cuestionar decisiones oficiales y, al mismo tiempo, reconocer las políticas que funcionan. Por eso concluyó que el país necesita abandonar “el negocio de la grieta” para discutir la cultura con mayor profundidad.













