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La evolución de la pobreza es uno de los ejes más sensibles del debate económico en la Argentina. Mientras el Gobierno sostiene que logró “sacar de la pobreza a millones de personas” —con estimaciones que el propio presidente Javier Milei ubica entre 10 y 12 millones—, distintas mediciones académicas y privadas plantean matices y advierten sobre una recuperación todavía heterogénea, con tensiones visibles en variables como el consumo y el empleo.
En ese escenario, los datos desagregados por distrito adquieren un peso específico. Más allá del promedio nacional, la dinámica de la pobreza muestra trayectorias distintas según el territorio, lo que permite identificar tanto mejoras concretas como señales de fragilidad. En ese mapa, la Ciudad de Buenos Aires funciona como un caso testigo por su estructura económica, su nivel de ingresos y su incidencia en la medición urbana.

En ese marco, los últimos datos oficiales sobre la evolución de la pobreza en la Ciudad confirman una mejora en términos interanuales durante 2025, aunque con un quiebre en la tendencia hacia el cierre del año.
Así, la pobreza en la Ciudad cerró 2025 con una mejora significativa frente al año anterior, aunque el último tramo del año dejó una señal de alerta. Según datos oficiales, el indicador se redujo en la comparación interanual en todos los trimestres, pero mostró un repunte en el cuarto trimestre respecto del tercero, interrumpiendo la tendencia descendente que se había consolidado a lo largo del año.
De acuerdo con el informe “Condiciones de vida en la Ciudad de Buenos Aires: indigencia y pobreza por ingresos y estratificación. 4to. trimestre de 2025”, la pobreza alcanzó al 21,1% de las personas y al 15,7% de los hogares hacia el cierre del año. En términos interanuales, esto implica una caída de 3,1 puntos porcentuales en personas y 3,6 puntos en hogares respecto del mismo período de 2024, cuando el indicador se ubicaba en 24,2%.
El propio informe destaca que “los aumentos en los ingresos (laborales y no laborales) resultan superiores a la suba de los precios”, lo que explica la mejora en las condiciones de vida en la comparación interanual. En esa línea, subraya que la reducción de la pobreza constituye “la quinta baja interanual consecutiva”.
Una mejora sostenida frente a 2024
El descenso de la pobreza a lo largo de 2025 se apoya en una base que, si bien mostró una trayectoria descendente durante 2024, partió de niveles excepcionalmente elevados. En el primer trimestre de ese año, el indicador había alcanzado valores cercanos al 35%, el registro más alto en casi una década, antes de iniciar una caída sostenida hasta el 24,2% en el cuarto trimestre, con una reducción particularmente marcada de la indigencia.
Sobre ese punto de partida, 2025 consolidó niveles más bajos en todos los trimestres comparables. El primer trimestre marcó una pobreza del 19,9%, muy por debajo del 35,1% registrado un año antes. Incluso en el segundo trimestre, cuando el indicador subió al 21,1%, se mantuvo claramente por debajo del 32,1% de 2024.
La mejora más significativa se observó en el tercer trimestre de 2025, cuando la pobreza descendió al 17,3%, el nivel más bajo de toda la serie reciente. En ese contexto, los hogares no pobres alcanzaron el 82,7%, con una fuerte presencia de los sectores de mayores ingresos.
El rebote del cuarto trimestre
Sin embargo, esa trayectoria descendente se interrumpió en el tramo final del año. En el cuarto trimestre de 2025, la pobreza volvió a subir hasta el 21,1%, lo que implica un incremento de casi 4 puntos porcentuales respecto del trimestre anterior.
El movimiento fue generalizado: la indigencia también aumentó, pasando del 5,3% al 6,8%, mientras que la proporción de hogares no pobres se redujo del 82,7% al 78,9%. Esta dinámica refleja un deterioro relativo en las condiciones de ingresos hacia el cierre del año.
Además, dentro del universo de hogares en situación de pobreza, se profundizó el peso de los sectores más vulnerables. El informe señala que “el peso de los que están en condición extrema (indigencia) se amplía en la comparación interanual”, alcanzando el 28,4% de los hogares pobres.
Brechas persistentes y grupos más afectados
Más allá de la mejora general, los datos muestran fuertes desigualdades. La incidencia de la pobreza es significativamente mayor en la zona sur de la Ciudad (25,3%) y en los hogares con niños y niñas, donde alcanza al 28,6%.
En términos etarios, el impacto es especialmente elevado entre los menores: el 34,5% de los niños, niñas y adolescentes vive en hogares pobres, aunque este valor también muestra una mejora frente al 37,9% del año anterior.
El informe también aporta una medida de la profundidad de la pobreza. En promedio, un hogar en esa situación necesitaría $392.662 adicionales por mes para superar la línea de pobreza, una brecha que equivale al 34,4% de la canasta básica total.
Más ingresos, pero con señales de fragilidad
El comportamiento de 2025 deja una doble lectura. Por un lado, la mejora interanual confirma una recuperación en los ingresos reales, que permitió reducir la pobreza de manera sostenida. Por otro, el repunte del cuarto trimestre introduce dudas sobre la solidez de esa tendencia.

El propio informe lo resume al señalar que la mejora se explica por la evolución de los ingresos, pero en un contexto en el que “la tasa de desocupación crece moderadamente”, lo que sugiere un mercado laboral aún frágil.
En ese marco, aunque 2025 cerró con indicadores sociales más favorables que 2024, la dinámica del último trimestre muestra que la baja de la pobreza no fue lineal y que sigue expuesta a los vaivenes del contexto económico.












