Energía nuclear

Atucha: el plan del Gobierno para que China financie el 100% de la ampliación de la central nuclear

El Cronista visitó las centrales nucleares Atucha I y II. Recorrida por el simulador de la sala de control y el predio donde se construirá otra planta que cuesta 8300 millones de dólares, financiada por China.

En este lugar no está Homero Simpson sentado frente a la máquina de comandos. Un alerta nuclear puede alarmar a todo el mundo menos a los operadores de control de la central, que deben actuar con tranquilidad.

Frente a un caso de máximo peligro, las 5 personas que están en la sala de control de Atucha I y II deben recurrir primero, antes de actuar, a los manuales de seguridad que tienen en la oficina, que cuentan con 20.000 procedimientos distintos.

Sala de control de las centrales nucleares Atucha I y II. Gentiliza: Nucleoeléctrica Argentina (NASA)

El Cronista visitó las instalaciones del complejo y entró al simulador de la sala de control de Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA), en donde se capacitan los operadores que se dividen en 3 turnos.

"Un operador nuclear debe ser como el arquero de un equipo grande de fútbol: tiene que estar preparado para que le lleguen 2 o 3 veces en todo el partido y que no sea gol. Acá deben saber cómo manejarse en situaciones que seguramente no vivirán nunca", cuentan los técnicos en la previa al ingreso.

Una persona que viene de realizarse un diagnóstico médico con inyección de yodo radiactivo para el contraste en imágenes no puede ingresar a la central hasta que su cuerpo elimine la radiación.

El personal de seguridad, dispuesto como en el control de cualquier aeropuerto (con máquinas que escanean ropa y mochilas), se ayuda de equipamiento de última tecnología para detectar in situ si hay radiactividad en los cuerpos. Nadie entra y nadie sale de Atucha con radiación incorporada.

El protocolo de emergencia se activó apenas una vez en 48 años, relata el Ingeniero Alejandro Sandá, gerente de Sitio de las unidades I y II del complejo nuclear Atucha, ubicado en la ciudad bonaerense de Lima, a 110 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires.

Esa ocasión fue el domingo 16 de junio de 2019 a las 7 de la mañana, cuando un apagón masivo (blackout) obligó al sistema eléctrico a detener su generación. Un apagado ordenado de la central es vital para evitar riesgos a la seguridad pero también produce la liberación dentro del reactor de xenón, un gas noble (producto de fisión) que reduce los neutrones de baja energía. Evacuarlo lleva unas 48 horas y deja parados durante ese tiempo a los reactores.

A orillas del Río Paraná, que provee el agua que refrigera el condensador (equipo que rechaza el calor del sistema), los directores de Nasa explican el plan de la Argentina para construir una nueva central nuclear en este mismo complejo: Atucha III, que se inauguraría en 2031.

Con una inversión de 8300 millones de dólares, el preacuerdo de la Argentina con China es que el financiamiento sea en un 85% del país oriental a través del Exim Bank y el ICBC y en un 15% local, mediante el BICE Fideicomisos (ex Nación Fideicomisos). Sin embargo, el Gobierno negocia con las autoridades chinas para que el 100% del financiamiento lo otorguen ellos.

El contrato se podría cerrar a fines de 2022; previamente, en junio una misión comercial de funcionarios y empresarios de China visitaría Buenos Aires. El repago de la obra que agregará 1100 MW de potencia al sistema eléctrico se hará en cuotas durante los 12 años siguientes a la entrada en operación comercial.

El período de gracia es de 99 meses (8 años y 3 meses), que es el tiempo que podría tardar la construcción. En casos similares, China tardó un promedio de 68 meses (5 años y 8 meses) para terminar las centrales.

uranio enriquecido

Atucha III usará uranio enriquecido en un 3-4% como combustible (en estado natural tiene un 0,7% de U-235). El reactor Hualong One se refrigerará con agua liviana y su construcción le dará trabajo a unas 7000 personas.

Según informó el diario La Nación, Ann Ganzer, la subsecretaria de Política de No Proliferación del Departamento de Estado de los Estados Unidos, alertó recientemente a distintos funcionarios del gobierno argentino sobre las fallas en la seguridad de los equipos chinos, en otro capítulo de la guerra comercial y geopolítica de estas grandes potencias. En los despachos oficiales minimizan esas críticas.

Nasa cuenta actualmente con una potencia nuclear instalada de 1763 MWe, de los cuales 1107 están en Atucha I y II. Los 656 MWe restantes son de la central de Embalse, en Córdoba, que recientemente tuvo una extensión de su vida útil.

La siguiente parada por extensión de la vida útil por otros 20 años será de Atucha I, en 2024. El costo de 450 millones de dólares será financiado por el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses. Atucha I fue puesta "a crítico" en 1974 y podría generar energía de vuelta en 2027. Cammesa compra la electricidad a un precio de u$s 46 por megavatio-hora y la empresa tiene una facturación anual de u$s 550 millones.

Con sus 1763 MWe, Nasa es el quinto grupo generador de energía eléctrica de la Argentina, solo por detrás de Pampa Energía, Central Puerto, Enel e YPF. En 2021 se generaron 10.169 megavatios-hora de energía nuclear, sobre un total de 142.611 en el Sistema Argentino de Interconexión (SADI).

Los reactores de tecnología de Alemania están recubiertos con una esfera de hormigón y plomo externa (de hasta 1,5 metros de espero) y de acero por adentro. que pueden soportar una presión de hasta 210 atmósferas (kg/cm2).

manejo de residuos

En tanto, los residuos atómicos no generan peligros asociados a su gestión: se tratan primero en piletas con agua desmineralizada para neutralizar la radiación gamma y luego se almacenan en seco en piletas especialmente preparadas.

La energía nuclear no es contaminante y su importancia estratégica a nivel mundial se revela en estos días, en medio de una crisis energética que disparó los precios del gas. Al no tener intermitencia (a diferencia de las tecnologías de energías renovables como la eólica y la solar), funciona como energía "de base" que reemplaza alternativas contaminantes para el medio ambiente como el carbón.

Los ejemplos típicos son los de Alemania y Japón, que abandonaron esta tecnología tras el desastre nuclear de 2011 en Fukushima, pos tsunami. De lo contrario, hoy Rusia tendría menos poder en el tablero de la geopolítica del gas, otro combustible de transición energética hacia una matriz 100% limpia.

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