Opinión

¿Y si el ancla que necesita el país la aporta el mundo?

La súper Ley ómnibus volvió a la línea de largada, dejando al gobierno sin un instrumento clave para avanzar en su proyecto de reformas y esto, sin dudas nos obliga a repensar el momento actual que atravesamos.

Una capa más de incertidumbre, o, mejor dicho, una prórroga de la incertidumbre que se generó días pasados con el retiro del paquete fiscal de la Ley, exige al gobierno que defina y presente una estrategia alternativa para lograr los objetivos fiscales. En este contexto, la caída de la Ley agrega poca presión extra en el ordenamiento de las cuentas.

Con este paso en falso, la estrategia alternativa del gobierno hacia sus objetivos centrales: estabilizar y desregular la economía aún no se percibe y la debilidad en torno a su capacidad para lograrlo queda en evidencia. Como analiza Andrés Malamud, Javier Milei es un presidente disruptivo en situación de minoría y la negativa que recibió del Congreso pone de manifiesto la necesidad de buscar nuevos instrumentos, aliados y consensos.

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El plan b debe estar en plena elaboración y si bien no se conocen a ciencia cierta los contenidos, los candidatos para el ajuste compensatorio son, en gran medida, los 'desconocidos de siempre'. Los impuestos a los combustibles, la reducción de subsidios tarifarios y un fuerte recorte de transferencias a provincias y obras públicas, son algunos instrumentos que podrán utilizarse para lograr la meta fiscal.

Veremos si ese plan funciona, y lo más importante, si aparece un plan de estabilización con resultados concretos en términos de certidumbre y trayectoria de las variables nominales. Sabemos que la normalización de la macro es condición necesaria pero no suficiente, y es ahí donde la caída del paquete desregulador tiene importantes implicancias.

El tándem estabilización/desregulación tiene varios vasos comunicantes, y a decir del gobierno, la urgencia del momento y la magnitud del desafío requiere de ambos para anclar expectativas y encauzar el rumbo.

¿Y si el ancla la aporta el mundo?

Queda claro a esta altura de los acontecimientos, que la economía no tiene anclas. Si bien la fiscal parece ser la elegida, la Argentina requiere, más temprano que tarde, de un plan de estabilización integral que siente las bases de tres pilares fundamentales: política monetaria, cambiaria y fiscal. Pero también, se impone un cuarto pilar que sostenga y promueva el desarrollo de negocios en el ecosistema global.

Las reformas incluidas en la fallida ley no deben ser pensadas cómo únicas, definitivas, ni salvadoras, sino como la apertura hacia un nuevo ciclo, que nos empuja como sociedad a alinearnos hacia dónde va el mundo, hacia donde está el futuro. Esto no puede demorar. La estabilización macro no alcanza para la recuperación, es imprescindible sumar el "ancla" de los negocios para aprovechar las oportunidades que la geopolítica actual nos presenta.

Independientemente de cuál es la dosis inicial de desregulación y apertura, la clave es que el puntapié para la transformación debemos darlo ya.

Ian Bremmer sostiene que estamos viviendo una "destrucción creativa". La innovación está transformando todo: las técnicas de producción, de comercialización, el producto, la relación con el consumidor y, sobre todo, a los líderes que tienen la habilidad de la conducción en ese camino desconocido.

En procesos económicos complejos y de alta incertidumbre como el que atravesamos, se genera una combinación de posturas de defensa, aversión al riesgo y dificultad en la toma de decisiones. Aún en una matriz productiva tan heterogénea como la argentina, existen sectores como la energía, la minería y la economía del conocimiento que trascienden el contexto. Es más, estas industrias son las que están generando nuevos modelos que desafían las turbulencias e incluso proyectan a mediano y largo plazo.

Un nuevo orden digital cada vez con más influencia está impulsado por empresas tecnológicas, en lugar de gobiernos. La tecnología se acelera y, junto a un mayor protagonismo del conocimiento y la innovación, se abren puertas a una oferta de valor más diversificada.

Argentina es el país del potencial eterno, que tiene pendiente su desarrollo. Y para ello, es vital entender que el mundo y sus posibilidades de negocio nos puede aportar un "ancla" para el crecimiento: necesitamos avanzar en el fortalecimiento de las cadenas de valor a nivel regional y crear, en territorio, ecosistemas productivos competitivos. La tradicional cadena de valor donde cada eslabón ponía su parte dejó paso a un colectivo de colaboración integral.

Los ecosistemas dinámicos de los que tanto hablamos son relevantes en el mundo por los avances tecnológicos, pero también por la globalización de los negocios. Es el modo que los habilita a crear sinergias y recursos complementarios.

Esta colaboración la necesitamos también en el plano político. Entender este momento del mundo y de las transformaciones que están ocurriendo resignifica y revaloriza el impacto en la agenda pública de la ley que el gobierno impulsó. Seguramente se deba revisar la táctica, pero tenemos que ponernos de acuerdo en el qué y el cómo, rápidamente, sin perder de vista que luego de las correcciones, nos espera el crecimiento.

"El porvenir es tan irrevocable como el rígido ayer" decía Borges. No parece imposible ver la luz al final del túnel sino cómo hacer para transitar el túnel sin descarrilar en el intento. No hay que olvidar que el rol de la política económica es, justamente, diseñar trayectorias que sean capaces, simultáneamente, de minimizar los costos de las medidas de estabilización y potenciar las señales favorables a la inversión y la creación de empleo. El gobierno tiene todavía mucha tarea para el hogar en relación con esto.

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