Tejer pero no romper. Es la orden que bajó Karina Milei en medio del armado territorial. Entre la diplomacia pragmática con los gobernadores y la ingeniería política en la Provincia de Buenos Aires, La Libertad Avanza acelera el paso.
Aunque las elecciones parezcan una abstracción lejana, en las oficinas más reservadas del Ejecutivo la rosca política no descansa. La construcción del mapa legislativo y territorial se juega a ritmo acelerado. Karina Milei y la mesa chica de la Casa Rosada tienen un ojo puesto en los votos del Congreso y el otro en la geografía compleja del interior.
En este escenario se viene gestando una premisa doctrinaria que domina cada conversación estratégica del oficialismo nacional: la paciencia pragmática con los gobernadores provinciales.
De la cintura para arriba: la diplomacia táctica
La orden que se escucha en el despacho de “El Jefe” es clara y sin fisuras: hasta que el escenario de acuerdos, frentes o listas puras no esté definitivamente cerrado en cada provincia, la relación con los mandatarios provinciales se maneja con la técnica de golpear, cuando sea necesario, siempre “de la cintura para arriba”.
¿Qué significa esto en el lenguaje explícito de Balcarce 50? Que el oficialismo nacional se reserva el derecho a la crítica política, al contrapunto ideológico respecto del gasto público y al debate sobre el modelo de país, pero proscribe de manera tajante los ataques personales, las denuncias de alto calibre o los incendios institucionales que dejen puentes quemados.
Esta doctrina no responde a un repentino romanticismo federal, sino a un cálculo de pura gobernabilidad. En el entorno presidencial comprenden que las leyes clave y la estabilidad macroeconómica requieren de una diplomacia cotidiana con mandatarios con los que existen intereses cruzados.
Romper a fondo antes de tiempo significaría encarecer innecesariamente la negociación en el Congreso, donde el Gobierno aún aspira a debatir reformas estructurales como el régimen electoral de las PASO. Por eso, el mandato a la dirigencia es bajar la espuma de la confrontación personal mientras se define el armado final.

El mapa federal: acuerdos, desdoblamientos y oposiciones duras
Esta diplomacia quirúrgica se traduce en estrategias diferenciadas según cada distrito:
* Distritos con acuerdos o entendimientos: En provincias como Catamarca, el gobernador Raúl Jalil ya confirmó la unificación de los comicios provinciales con los nacionales, priorizando una línea de austeridad y sintonía con la gestión central. En tanto, en provincias patagónicas como Neuquén donde esta semana estuvo el Presidente, el diálogo fluido en áreas estratégicas —como el sector del oil & gas— muestra a Milei en buena sintonía con el gobernador Rolando Figueroa. Aunque aún no está para el oficialismo definida su boleta en territorio neuquino. En regiones de Cuyo y el Norte Grande, se evalúan acuerdos de no agresión e incluso listas conjuntas, aunque sectores aliados reclaman que la conducción nacional libertaria administra los tiempos con cautela para potenciar marcas propias.
* Provincias que desdoblan sus elecciones: Tucumán fue la primera en oficializar su cronograma para fijar los comicios locales de manera separada, en un esquema conversado con la Casa Rosada. En la misma senda de priorizar la discusión local avanzan Mendoza (que ya confirmó el desdoblamiento y mantendrá las PASO y la Boleta Única), Entre Ríos y San Juan.
* Frentes de confrontación abierta: En distritos gobernados por el peronismo duro, como la Provincia de Buenos Aires, La Pampa, Formosa, La Rioja y Tierra del Fuego, el oficialismo nacional da por descontado que competirá en abierta oposición. En Córdoba, en tanto, la relación con el gobernador Martín Llaryora se mantiene en una ambigüedad tensa: no se lo considera un aliado orgánico y conviven disputas estructurales entre el PJ cordobés y los armados libertarios locales.
La Rioja: El enigma Martín Menem
Bajo este paraguas de cautela institucional, uno de los capítulos más interesantes del armado libertario se escribe con la figura de Martín Menem. El presidente de la Cámara de Diputados viene llevando adelante una labor constante de caminata territorial, contención de cuadros propios y consolidación del sello oficialista en los distritos.
Sin embargo, el peso específico de su figura plantea interrogantes cruciales hacia adentro del esquema oficialista. Quienes caminan la rosca diaria en La Rioja señalan que, si bien Menem fue la cara visible de la construcción local, el rodaje político e institucional que ganó al frente de la Cámara baja lo ha proyectado hacia una dimensión de referencia nacional que supera la escala estrictamente provincial.
Es allí donde surgen las dudas de los armadores de la Casa Rosada:
¿Tiene sentido desgastar o encorsetar una figura de volumen institucional compitiendo por la gobernación de su provincia, donde el oficialismo peronista suele jugar con las cartas marcadas y los tiempos desdoblados? ¿O el verdadero destino de Menem es encabezar la lista de diputados nacionales para revalidar su centralidad en el Congreso y continuar siendo una de las espadas de máxima confianza del proyecto de Javier y Karina Milei? En las mesas de café libertarias la segunda opción empieza a tomar cuerpo como la jugada más natural y estratégica.

Provincia de Buenos Aires: alineamiento y contención
Si el interior requiere diplomacia con los gobernadores, la Provincia de Buenos Aires exige una ingeniería política de altísima precisión. Es la madre de todas las batallas y el lugar donde convergen las aspiraciones del oficialismo nacional para perforar el bastión territorial del kicillofismo, cuyo calendario electoral además continúa supeditado a lo que resuelva la Nación con respecto a las PASO.
En este terreno, los movimientos de las últimas semanas dejaron entrever una alta satisfacción en la mesa chica libertaria respecto de cómo se vienen acomodando los aliados provenientes de otros espacios. En los pasillos de la Rosada se resalta la velocidad de adaptación de figuras con experiencia de gestión, como Diego Santilli y el Secretario de Medios, Fabián Fernández. “Se alinearon muy rápido al proyecto, entendieron la dinámica y se pusieron a disposición sin condicionamientos”, sintetizan cerca del Ejecutivo.
Sin embargo, el rápido entendimiento con las figuras de la oposición dialoguista no está exento de chispazos internos. En las bases libertarias —sobre todo del Conurbano— se respira cierto recelo y temor a verse desplazados por la llegada de dirigentes de trayectoria tradicional.
Ahí es donde cobra una dimensión estratégica el trabajo de Sebastián Pareja, el armador central en el territorio bonaerense. Pareja camina la provincia con la encomienda específica de hacer el “armado pesado”: tejer la estructura electoral municipio por municipio, articular las ocho secciones electorales y, fundamentalmente, contener a las Juventudes Libertarias y a la militancia dura.
Desde la conducción nacional la indicación es clara: hay que otorgarle el respaldo político necesario. Se entiende que mientras los referentes de perfil mediático y los aliados parlamentarios aseguran volumen político por arriba, es Pareja quien sostiene el chasis orgánico que evita que el sello libertario pierda su identidad.
Las incógnitas del tablero
El escenario mantiene abiertas múltiples dudas que se develarán a medida que se acerquen las definiciones:
* ¿Hasta qué punto aguantará el pacto de no agresión? Cuando las campañas locales se pongan en marcha y las boletas pongan en juego parcelas concretas de poder, la delgada línea entre la crítica de “cintura para arriba” y la confrontación directa se volverá cada vez más difusa.
* ¿Cómo se resolverá el equilibrio de candidaturas en la provincia de Buenos Aires? Armonizar entre la ambición de quienes se alinearon con rapidez y la militancia original que exige reconocimiento territorial requerirá una muñeca política quirúrgica por parte de Karina Milei.
Por lo pronto, la instrucción de la conducción libertaria es tan pragmática como contundente: construir estructura, no quemar los puentes con los ejecutivos provinciales antes de tiempo, mimar a los aliados que demuestren disciplina y cuidar la tropa propia. La carrera electoral ya empezó, y el oficialismo no quiere sorpresas.

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