ANÁLISIS

Superliquidación sin acumulación

En el marco de un contexto internacional convulsionado por el conflicto en Ucrania, el sector agroexportador volvió a aportar el dato más positivo del primer trimestre en Argentina. El complejo cerealero y oleaginoso aportó 7900 millones de dólares en los primeros meses del año, 80% superior al promedio del mismo periodo 2010-2020 y 18% más que lo liquidado en el 2021 que terminó siendo récord histórico.

La mejor cosecha de trigo de la historia (21,8 millones de toneladas de las cuales se exportó el 70%) y el abrupto salto de los precios de los principales productos agrícolas que exporta el país (tonelada de soja pasó de u$s 450 a u$s 600, la de maíz de u$s 200 a u$s 300) explican esta lluvia de dólares en el arranque del año. De continuar esta tendencia, algo inestable aún en precios y contemplando los efectos de la sequía, podríamos pensar en una liquidación de entre 36.000 y 38.000 millones de dólares a lo largo del año, superando ampliamente al récord del 2021.

Estaríamos así ante un nuevo salto exportador, en el cual la liquidación de divisas habrá aumentado más de 50% en tres años desde los 23.400 millones de dólares del año 2019 prepandemia y +77% versus 2020. Y la liquidación será 54% superior al promedio del periodo 2010-2020. Una verdadera lluvia de dólares sin precedentes.

No obstante las buenas noticias en materia de precios de commodities, la superliquidación y la reducción de la brecha tras el acuerdo con el Fondo, la situación en materia cambiaria continua bajo presión. Terminado el primer trimestre del año, la intervención acumulada del BCRA en el mercado de cambios cerró con un saldo negativo de U$S 50 millones producto de las ventas de enero y febrero y la poca compra durante marzo. Un dato sumamente preocupante para un Banco Central con reservas netas exiguas, y que contrasta con los u$s 2266 millones que la entidad monetaria había logrado adquirir en el mismo trimestre un año atrás.

Ante este drenaje de reservas el BCRA intento reducir la sangría con la misma receta de siempre, profundizando dos veces más los controles de cambios, ya directamente sobre los importadores. Primero se modificó el CEF (capacidad económica y financiera) desde la AFIP a finales de enero dejando a muchos importadores imposibilitados de adquirir divisas en el mercado de cambios. Luego se clasificaron los importadores en categorías A y B estableciendo un límite máximo para adquirir divisas a lo largo del año en función de lo importado en los últimos dos años, volviendo a dejar afuera del mercado a muchas empresas más. ¿Fue suficiente para equilibrar el mercado de cambios? Evidentemente no.

El BCRA sigue administrando y reprimiendo cantidades, cuando el problema con el dólar es un problema de precio. Y esta dinámica cambiaria deja un panorama desolador hacia adelante. Por la positiva, la estacionalidad temporal indica que entre marzo y junio tendremos, si hay gasoil, el ingreso fuerte de dólares del agro. Un "veranito cambiario" que será corto y de mucho menor intensidad que el año pasado. A modo de ejemplo, en esos mismos meses del año pasado, el BCRA pudo comprar u$s 5670 millones, sobre un saldo anual que terminó en u$s 5050 millones. Solo en marzo del 2021 había comprado u$s 1476 millones, mientras que doce meses después compró apenas u$s 275 millones, apenas el 18%. Los dólares de los super precios de commodities ingresan por el canal agroexportador y se escurren por las filtraciones de la inconsistencia macro.

Por la negativa, el conflicto bélico vino también acompañado con una importante suba en los precios de la energía, la cual implicará un importante desembolso de dólares para Argentina, principalmente por la importación de GNL. La salida adicional de dólares por el aumento del precio de la energía más que compensará el ingreso extra de dólares por los mayores precios del sector agropecuario, dejando un saldo neto negativo de alrededor de U$S 2.000 millones en el año. Este fenómeno, que demandará muchas divisas, se verá materializado entre los meses de junio y agosto por la estacionalidad propia de la demanda de gas, o sea, con un rezago de tres meses respecto a la campaña agrícola. Sin acumulación de reservas durante la temporada alta de ingresos de divisas, ¿de donde saldrán los dólares para importar energía durante el invierno?

La recuperación de la actividad económica en 2021, apalancada en una profundización de desequilibrios fiscales y monetarios y en un fuerte atraso cambiario, explican cómo a pesar del fuerte ingreso de dólares el BCRA no puede recomponer reservas aún con múltiples controles de cambio y muchas trabas sobre el sector importador. La macro no cierra, y el esquema cambiario mucho menos. Un solo dato permite comprender esta situación.

En el base devengado, el saldo de la balanza comercial de bienes acumuló en los dos primeros años de gestión de Alberto Fernández un superávit de u$s 27.278 millones (u$s 23.773 millones en el base caja). En el mismo periodo, el BCRA perdió u$s 9657 millones de dólares de reservas internacionales. O sea, aun con un elevado superávit comercial explicado principalmente por el salto de los precios de los commodities y el "super cepo" sobre toda la economía, el Banco Central se ve imposibilitado de acumular reservas y está ampliamente perdedor. Neteando el superávit comercial de la balanza de bienes con la pérdida de reservas netas del BCRA, el programa económico está con un faltante de aproximadamente u$s 18.000 millones por año, explicado por el déficit de la balanza de servicios, los pagos de capital e intereses de deuda pública y privada en dólares, la intervención de la brecha cambiaria durante 2021 y la formación de activos externos entre otros.

La estrategia cambiaria planteada en el marco del acuerdo con el Fondo, acelerando el crawling peg para detener el atraso cambiario real luce insuficiente para normalizar el mercado de cambio y resolver el faltante de dólares. El nivel en el que quedó el tipo de cambio real no cierra. Es cierto que a favor juegan los elevados precios de las materias primas y la importante apreciación de las monedas de la región (el real brasilero se apreció pasando de 5,70 a 4,60 reales por dólar en lo que va del año). Esto le da "una vida más" al esquema, pero solo en forma transitoria. Sin acumulación significativa de reservas durante abril, mayo y junio, el mercado de cambios se tensionará fuertemente a partir del tercer trimestre del año comprometiendo todo el programa acordado con el Fondo.

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