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¿Qué va a pasar cuando Sturzenegger quiera liberar la economía y Caputo no?

La forma en la que compartirán el Gobierno dos figuras con pasado de confrontación ideológica durante la administración de Mauricio Macri es una de las principales dudas sobre el devenir de la gestión

La última entrevista que dio el presidente Javier Milei (al menos la última hasta que empecé a escribir este artículo) tuvo dos definiciones que fueron seguidas con atención por los principales actores de los mercados financieros y la economía real.

Una, que Luis Caputo es el "mejor ministro de Economía de la historia". La otra, que Federico Sturzenegger es uno de los "mejores economistas del planeta".

Desde que sin que nadie le preguntara el jefe de Estado instaló hace un mes que Sturzenegger ingresaría al gabinete, la forma en la que compartirán el Gobierno dos figuras con pasado de confrontación ideológica durante la administración de Mauricio Macri es una de las principales dudas sobre el devenir de la gestión.

No sólo porque todos los que los conocen saben que no hay justamente piel entre ambos, sino sobre todo -y lo más importante- porque tienen visiones diferentes respecto de cuándo y cómo debe intervenir el Estado en la regulación de los mercados y los precios.

Además, como el acople del economista formado en el MIT todo el tiempo es inminente pero nunca ocurre, las versiones de que el financista forjado en JP Morgan está con la guardia alta ganan terreno.

Hubo un caso testigo sobre las distintas visiones en pugna en esta misma gestión cuando ocurrió el affaire de las prepagas. El DNU 70/23, creación de "Fede", habilitó una disparada en los aumentos de las cuotas de hasta 160%, por lo que "Toto" concluyó a los pocos días que "se pasaron de rosca".

Así, llegó la denuncia por posible cartelización ante la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) y la medida cautelar para que retrotraigan las cuotas con una fórmula medio china pero fórmula al fin, después de lo cual, aunque sea cómico, vuelven a liberarse los precios.

"Sturzenegger se va a dedicar a liberar la economía", explicó Milei en la nota en TV. Era lo que había hecho con el mega DNU, hasta que se lo objetó Caputo. ¿En cuántos otros mercados puede darse esa tensión?

Uno específicamente es el que genera más inquietud: el mercado cambiario. Todo vuelve. La misma diferencia de 2018, intervenir o no intervenir, controlar o no controlar, hoy se traduce en la disyuntiva sobre si levantar las restricciones al dólar o mantenerlas, un universo de dudas en el que hay posturas distintas cada vez más a la vista.

El tema es delicado en especial porque daría la impresión de que el jefe de Estado ha mostrado en las últimas semanas algunas ideas más audaces en la materia. Dice que en cuanto resuelva con los bancos el tema de los seguros de la deuda en pesos llamados PUTs, "chau cepo". El ministro de Economía, en tanto, asegura que faltan varias condiciones para que esto suceda, como fortalecer el BCRA y juntar divisas.

En ese contexto, no va que aparece Fausto Spotorno, el economista jefe del estudio Orlando Ferreres y Asociados, integrante del Consejo de Asesores del Presidente, y asegura que el plan de Caputo es de "transición" y que se viene una etapa "más mileísta" de la gestión.

El pasado además es un archivo que juega. Cuando no tenía compromisos con ninguno, Milei bancaba a Sturzenegger como jefe del Central de Mauricio Macri y era durísimo con Caputo, al que acusaba de "dilapidar US$15 mil millones de las reservas".

Todo quedó atrás, pero está claro dónde está el corazoncito del Presidente, por más que haya sobreactuado que es capaz de "cortarle la mano" al que le "toque el culo" al titular del Palacio de Hacienda. Además, subrayó: "El jefe soy yo".

A propósito, en el último Staff Report que emitió el Fondo Monetario Internacional, el documento de 110 páginas que acompañó la última aprobación de la revisión del programa vigente, aparecieron sugerencias de cambios importantes en la política económica que ponen en duda eso de "el jefe soy yo". Tiene la última palabra, no hay dudas, pero hay un copiloto con opinión fuerte ahí.

Con los comentarios e indicaciones del organismo multilateral respecto de qué debe hacer el Gobierno sucede algo parecido a lo que pasaba en tiempos del Frente de Todos, cuando los textos del FMI decían una cosa y los funcionarios argentinos lo negaban a pesar de la evidencia escrita.

Ahora, el Fondo anotó que vendrá una "política cambiaria más flexible" para ganar competitividad y acumular reservas, algo que Milei desmiente tajante cuando le indican que le están pidiendo acelerar el ritmo de devaluación del tipo de cambio oficial. Lo mismo cuando le escriben que para fin de mes deberá eliminarse el "dólar exportador", mecanismo por el cual le permiten al campo liquidar un 20% al tipo de cambio paralelo.

El FMI también señala que para fin de año deberá desaparecer el Impuesto País, que se cobra al comercio exterior gracias al cepo y es un bastión de la recaudación en tiempos de vacas flacas. En ese punto hay coincidencia. El equipo económico les ha dicho a empresas que no le pidan más que "baje" ese tributo porque lo va a eliminar a fin de año. Ver para creer.

Más allá de las dudas sobre la política cambiaria y monetaria, el organismo dejó escrito que su principal inquietud es la posibilidad de que crezca la tensión social ante una recesión que, a diferencia de la Casa Rosada, pronostica que será más larga de lo que se cree, un vaticinio que en el mundo del consumo creen que debe empezar a definirse en este mismo junio, donde los productores de bienes básicos entienden que podría llegar a tocar piso una caída pocas veces vista.

Un ejemplo: toda la góndola de yogures hoy vende un 25% menos que hace un año y los de segundas y terceras marcas comieron más de 20 puntos del share de mercado, mientras las fábricas aguantan con un 40% de capacidad ociosa, más del doble del promedio histórico

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