Post pandemia: el rol clave de los bancos multilaterales de desarrollo

Tras una crisis con alta disponibilidad de liquidez de recursos financieros, cuál es el camino que deben seguir los organismos hacia un nuevo modelo de integración y crecimiento sustentable post covid

La pandemia encuentra a Latinoamérica y el Caribe en una situación extremadamente frágil, marcada por un alto nivel de empleo informal, una brecha digital sin precedentes, un sistema de salud desigual e insuficiente, sumado al alto nivel de endeudamiento de la mayoría de los países de la región.

En este contexto, el rol de los Bancos Multilaterales de Desarrollo (BMD) resulta fundamental para recuperar los índices de calidad de vida y actividad económica en la región y fortalecerlos. Resulta necesario pensar en un nuevo modelo de gestión que tenga en cuenta la proactividad, la coordinación y la complementariedad.

Una dificultad que enfrentan los BMD radica en la tensión entre, "simplemente", dar a los países lo que demandan o intervenir en diversos grados. Esto podría expresarse como una tensión entre política y tecnocracia. Por un lado, los países pueden argumentar que la banca cumple una función tecnocrática y no tiene derecho a influir en las decisiones políticas ya que no han sido votados para ello. Esta es la potestad del gobierno electo de cada país. Por el otro, los BMD sostienen que las demandas de los países suelen estar impulsadas por la contingencia, por la obligación de dar respuestas a las necesidades más urgentes. 

Si solo se atiende a necesidades urgentes, si solo se reacciona de manera contingente en lugar de diseñar estrategias, lo único que termina siendo sostenible son los retos de siempre.

Este carácter reactivo se observa, por ejemplo, en la escasa inversión en los sistemas de salud que resultaron del aporte de la Banca Multilateral de Desarrollo en las regiones más vulnerables. Durante el período 2010-2016 los BMD aprobaron más de 22.815 millones de dólares para la región centroamericana, el equivalente al PIB de Honduras o casi el doble del PIB de Nicaragua. Es importante mencionar que casi el 50% del monto aprobado para este tipo de instituciones se destinó a infraestructura, principalmente vial y de energía. En cambio, los sistemas de salud, el sistema educativo y la actualización tecnológica no fueron considerados estratégicos, algo que la pandemia dejó claramente en evidencia.

En estos tiempos de crisis se tiene la obligación estratégica de construir previsibilidad. La utilización de la tecnología, la posibilidad de prever a través de la inteligencia artificial situaciones futuras, de evaluar incluso impactos positivos o negativos, está lejos de suceder al interior de las bancas para el desarrollo; está en camino, pero aún lejos de resolverse.

Además, debemos modificar el enfoque respecto de la coordinación de acciones. Una de las debilidades en los procesos de trabajo para resolver impactos regionales o globales, como el de la pandemia, fue la falta de una mayor coordinación y la ausencia de un diálogo estructurado entre la banca multilateral. Así como los países y las regiones tienen diálogos estructurados para la creación de políticas de cooperación conjuntas, los BMD deberían implementar procesos similares. Esto haría posible un desarrollo de inversiones que no se dupliquen o tripliquen en función de otros asuntos multilaterales, y crearía una coordinación de política para darle un mejor tratamiento a los principios de eficiencia y efectividad.

La coordinación estructurada entre los BMD, así como el diálogo con y entre regiones, es fundamental para crear armonización y apropiamiento, elevando el impacto y la sostenibilidad de resultados.

Lamentablemente seguimos hablando de desarrollo humano, pero seguimos invirtiendo en infraestructura. Seguimos hablando del tercer contrato social por la educación, pero continuamos invirtiendo en el segundo o el primero. Tenemos las herramientas tecnológicas, los recursos humanos, los soft skills y todo lo necesario para hacer una verdadera actualización de las instituciones.

Es importante convertir la competencia entre los Bancos Multilaterales en un esquema de complementariedad. La creación de programas conjuntos y fondos regionales articulados entre la banca multilateral podrían ser instrumentos de una estrategia diseñada de manera proactiva. Para que esto dé resultado es necesario que exista un proceso de diálogo estructurado y permanente en el tiempo.

Agenda y prioridades

Sabemos de la necesidad que genera el mercado en procesos de competencia leal para su equilibrio y el de las instituciones. Esta complementariedad va a generar un proceso de eficiencia en la colocación de recursos escasos en momentos críticos como los actuales. Es preciso trabajar cuanto antes con los grupos regionales para intercambiar buenas prácticas y experiencias en materias estratégicas.

Finalmente, y más allá de una reflexión acerca de un nuevo modelo de intervención de los BMD, es importante definir una agenda posible y, sobre todo, factible en relación con las condiciones actuales y que debería incluir los siguientes temas: 1) Pobreza extrema y seguridad alimentaria; 2) Acceso a los sistemas sanitarios; 3) Acceso al agua, la vivienda y el hábitat; 4) Empleo, reconversión de sectores productivos y nuevos sectores; 5) Educación, ciencia, tecnología e innovación para el desarrollo.

A estos temas prioritarios es necesario sumar los desafíos de la digitalización, el acceso universal a internet y la implementación de un paradigma de productividad inclusiva 4.0; el cambio climático con foco en desastres naturales y la energía verde; y finalmente, la adopción de políticas regionales de equidad de género y empoderamiento económico de la mujer.

Estamos ante una coyuntura única. La post pandemia es probablemente la crisis internacional con mayor disponibilidad de liquidez de recursos financieros que hayamos vivido. Hay recursos disponibles de distintas fuentes, recursos públicos y privados, de sistemas financieros nacionales e internacionales y de organismos internacionales de cooperación.

La actual coyuntura excepcional debería impulsarnos a utilizar estos recursos siguiendo un modelo proactivo, de diálogo estructurado que incluya a todos los sectores y con el acento en la complementariedad, en lugar de en la competencia. Si los BMD asumen estos retos están llamados a ser una pieza clave en el diseño y la implementación de un nuevo modelo de desarrollo

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