ENFOQUE

Mister Magoo: Martín Guzmán, entre los especuladores y las presiones de Cristina Kirchner

En la coalición de gobierno a Martín Guzmán lo llaman "Mr. Magoo", porque "cree que a su alrededor no pasa nada". El abuelito con miopía, del dibujo animado que llegó a la Argentina en los ‘70, se manejaba despreocupado por el mundo, corriendo toda clase de peligros sin percatarse. Pero al final la suerte lo acompañaba y siempre salía airoso o, en términos argentinos, "zafaba".

Desde que el Directorio del Fondo Monetario aprobó el acuerdo con Argentina, Guzmán no hizo ningún esfuerzo por tratar de generar un mínimo de confianza alrededor de ese programa económico que será el plan del Gobierno hasta el final del mandato. Como le recordó Gerry Rice, vocero del organismo, "el programa enfrenta riesgos excepcionalmente altos, pero ahora lo que importa es su implementación".

El Presidente prefirió guardar al ministro de Economía en un intento por preservarlo en medio de la interna feroz con la Vicepresidenta, que exige su cabeza y una flexibilización de lo firmado con Washington.

La única aparición relevante de Guzmán en la escena pública fue una foto con su equipo de Finanzas, después de anunciar el cierre del financiamiento de marzo. En el primer trimestre del año, el Ministerio de Economía colocó deuda neta en pesos (por arriba de los vencimientos) por $ 618.000 millones, un 1% del PBI. 

El Gobierno se comprometió con el Fondo a que el déficit fiscal de 2022 (2,5% primario -antes de intereses- 4,1% total) se cubriría sólo con 1% de emisión del BCRA al Tesoro. Otro punto se conseguiría de financiamiento de organismos internacionales. Mientras que poco más de 2 puntos se pagará con deuda neta en pesos en el mercado local.

El problema es que, en su desesperación por juntar pesos para pagar cuentas, se convalida una porción cada vez mayor de deuda ajustada por inflación. De los casi $ 300.000 millones de deuda neta colocada en marzo, el 80% fueron bonos CER, mientras que entre febrero y marzo había sido el 45%.

Más sorprendente es la actitud del propio Alberto Fernández. Habló de "diablos que remarcan precios", de especuladores, de "inflación autoconstruida en la cabeza de la gente" y hasta propuso un "grupo de terapia" con empresarios.

Cualquier cosa menos mostrar el plan económico que acaba de firmar con el FMI, trazar el rumbo y despejar incertidumbres. El presidente en privado le dice a Kristalina Georgieva que ese es "su programa económico", pero no se anima a defenderlo en público. Y después se queja de la especulación que se monta sobre un régimen inflacionario con piso del 50%, al que se le suma el shock de precios de alimentos y energía por la Guerra en Ucrania.

Debería releer a J.K. Galbraith cuando dice que la especulación generalizada es el intento por resolver de una manera descoordinada el problema de la incertidumbre.

Según la última encuesta de Aresco a nivel nacional, 8 de cada 10 entrevistados dicen que la situación económica está "mal o muy mal". Pero, además, se está en el menor nivel de expectativas económicas de los últimos años: 7 de cada 10 creen que en los próximos meses la situación será "peor aún".

Cuanto menor expectativa haya sobre el rumbo, mayor será el ajuste en términos de nivel de actividad, consumo y poder adquisitivo vía inflación, dólar y tasa de interés.

Cristina Fernández presiona por medidas urgentes para compensar -vía bono para jubilados y AUH-- la pérdida de ingresos reales en la base electoral del oficialismo en el Gran Buenos Aires. En el primer trimestre, el IPC superará el 15% y la inflación de alimentos en el GBA 24% frente a jubilaciones y AUH que sólo aumentaron 12,3%.

Pero sobre todo la vicepresidenta pretende que se modifiquen las metas acordadas con el FMI en mayo, cuando se anticipe la primera revisión trimestral, sobre la base del cambio en el escenario global.

Es probable que el FMI acepte desvíos. Medidas como un bono de $ 6000 en abril para jubilados de la mínima no son cifras relevantes (unos $ 24.000 millones, 0,03% del PBI). En febrero, se dispararon los subsidios energéticos (94% respecto de febrero 2021) y las importaciones de "combustibles y energía" (420%)

Con esa dinámica potenciada desde marzo, la meta de déficit fiscal acordada sólo cierra con más licuación inflacionaria de gasto previsional y social, y subejecución de obra pública. La calle explotada. Mientras que las proyecciones sobre los dólares extra que se requerirán para las importaciones de GNL complican la meta de acumulación de reservas.

Sin embargo, el FMI no aceptará modificar el eje de la nueva política económica: el dólar oficial no puede usarse más como ancla de precios, las tarifas públicas y combustibles tampoco, y debe haber una tasa de interés real positiva, es decir, no más como estímulo al consumo. El final del instrumental económico básico del kirchnerismo.

Volviendo al principio, si el Gobierno no explicita el rumbo, los costos y los riesgos se multiplican, aún dentro del propio programa con el Fondo. El stock de Leliqs y pases del Banco Central llegó en marzo a casi $ 5 billones (al inicio de la gestión Fernández eran $ 1,5 billones). 

Sobre eso, cada suba de la tasa de interés (ya van 3 en el año) incrementa la factura de intereses que el BCRA paga a los bancos para que estos a su vez ofrezcan más tasa a los depositantes para que no corran al dólar libre. En 2021, esa cuenta llegó a $ 1,3 billones y este año superaría los $ 2 billones. Mientras los depositantes renueven sus plazos fijos, no hay problema porque las Leliq están en poder de los bancos (a diferencia de las Lebac con Macri, en poder inversores y particulares), que no pueden correr al dólar. Pero si en algún momento los depositantes desconfiaran, habría que dejar volar la tasa de interés para que no se desarmara todo y estallara la brecha.

De acá a julio/agosto, la oferta de dólares de la cosecha de soja a precios récord y la tasa de interés real positiva, prolongará la estabilidad cambiaria. La tensión estará en la calle: la inflación y el encarecimiento del crédito, una vez más, ya está pegando sobre el consumo. Para la segunda mitad del año, si la interna del oficialismo por el rumbo se profundiza, las tensiones podrían también trasladarse al mercado cambiario. Demasiados peligros para gestionar la política económica estilo "Mr. Magoo".

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