El Gobierno celebra, día a día, los éxitos del RIGI. Más de 40 proyectos entre presentados y aprobados, que suman inversiones comprometidas por u$s 200.000 millones.

Por eso, la alta sensibilidad cuando se critica el régimen. Osó hacerlo Marina Dal Poggetto. En un trabajo con Sebastián Menescaldi, calculó que resigna recaudación tributaria por u$s 8500 millones. “Alguna gente padece de resentimiento. Y el resentimiento nubla la razón”, disparó en redes Luis Caputo, en defensa de su criatura.

“Alguna gente padece de resentimiento. Y el resentimiento nubla la razón”

El rockstar del Gabinete predica que, sin el régimen, la mayoría de esos proyectos no se hubiesen realizado. Muy probablemente, sea cierto. Y los que se hubiesen hecho igual, tal vez, habrían sido menos ambiciosos.

Pampa Energía proyectó u$s 1500 millones para su desarrollo de petróleo en Vaca Muerta. Tecpetrol, la energética de Techint, u$s 2400 millones. Después de la extensión del RIGI al upstream, el primero escaló a u$s 4500 millones y el segundo, a u$s 6400 millones.

Como explicita su nombre, el RIGI incentiva grandes inversiones. Fundamentalmente, en sectores estratégicos, aquellos que, además de potencial para atraer mayores desembolsos, la Argentina tiene ventajas competitivas. Cuestionarlo, hoy, parece debatir huevo o gallina cuando la discusión debería ser otra.

El objetivo, y lo anticipó el Gobierno, es que -con las reformas- el resto de la economía converja a sus condiciones. Pese a la suba de 1,9% desestacionalizada en agosto contra julio del IPI Manufacturero, la industria sigue en caída anual (3,2%) y en el acumulado (2,7%).

El régimen finalizará en julio. Javier Milei y equipo están frente a un desafío similar al de Lionel Scaloni: cómo hacer cuando ya no tengan a su Messi en cancha.