Lado B

Milei al gobierno, Conan al poder

El guerrero de ficción es más que el nombre del "hijo de cuatro patas" del Presidente Javier Milei. Con El Bárbaro, la casta tuvo miedo

Conan. El guerrero...". Javier Milei eleva el tono de su voz e infla el pecho. En su cara, se dibuja una tenue sonrisa, que ablanda su mirada fija, azul eléctrica. Habla, con una mezcla de amor y orgullo, del primero de sus "hijos de cuatro patas", el mastín inglés de casi dos metros cuando se para en dos, por quien él llegó a comer sólo una pizza por día -al costo de engordar hasta los 120 kilos- con tal que al can no le faltara nada. No fue casual el nombre que el Presidente le eligió. Describe rasgos de su propia personalidad.

En "El Camino del Libertario", autobiografía de 2022, Milei mencionó abril de 1982 como un momento trascendental de su vida. "Me recuerdo con 11 años (...) estar escuchando la famosa frase de Lorenzo Sigaut: 'El que apuesta al dólar pierde'", narró. "Fue en ese momento que decidí estudiar economía (...). Tenía que entender cómo funcionaba".

Esa epifanía sobre el impacto de dólar e inflación en las vidas suya, de su familia y de sus amigos no fue su único punto de inflexión de esos años. En esa etapa, cuando la adolescencia aviva el fuego con el que se forja la personalidad de una persona, el "Loco", como ya lo llamaban sus compañeros, quedó excluído del seleccionado de fútbol de su colegio, el Cardenal Copello de Villa Devoto, por "criterios en los que primaban más los acomodos que el talento", según le contó a El Cronista años atrás, en una de sus primeras entrevistas biográficas. El León lamió la herida y rugió: se probó en Chacarita, "a jugar en serio, en un equipo que podría haberle hecho 50 goles al del colegio". Hizo todas las inferiores: de novena a primera.

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En 1982, también se estrenó "Conan el Bárbaro", primera entrega de la saga en la que Arnold Schwartzenegger encarnó al personaje que había creado medio siglo antes (1932) el estadounidense Robert E. Howard (1906-1936) y que Marvel convirtió en cómic en los años '70.

Si bien el guion no fue del todo fiel a los relatos originales, el Conan del celuloide -hubo otro más reciente, digital, personificado por Jason Momoa- respetó la esencia del guerrero de la ficticia Cimmeria. Para crear a Conan, Howard se inspiró en el habitante rural del oeste de los Estados Unidos de los años '30, para quien la ley no siempre es algo justo o fácil de entender, sino una trama tejida para provecho de pocos

Como su admirado Conan, Javier Milei conquistó su trono por mérito propio,

Conan, escribió Howard, es un bárbaro pero no un salvaje; considera a su civilización decadente y corrupta, luego de darse cuenta de que las leyes no son justas sino para proteger los privilegios de los poderosos. "Tiene su propio código moral bárbaro y la suficiente fuerza e inteligencia para burlar la ley cuando lo necesita. La única diferencia entre él y el resto de los asesinos es su particular sentido del honor".

Según su creador, Conan se rebela contra los hechiceros. La hechicería, cree El Bárbaro, es un arte que no se basa en el mérito, sino en ayudas sobrenaturales. Se enfrenta a los dioses y demonios de su mundo, a quienes repudia. Pero no se resiste a pactar con algún hechicero o sacerdote "que demuestre un comportamiento justo". Implacable, la fuerza de esa potente masa de furia y músculos es su épica misión, dada por Crom, su dios. Proviene del Cielo. Su único código era su ley; "Mi ley". Con Conan, la Casta tuvo miedo.

Milei suele definirse a sí mismo como un personaje de Giacomo Puccini, su autor de ópera favorito. Pero también podría haber surgido de la Era Hiboria que imaginó Howard. Conan, se enumera, fue "ladrón, asesino, mercenario, pirata, soldado, general y, al final, Rey de Aquilonia, el más poderoso de los reinos occidentales".

Javier Gerardo Milei fue arquero, cantante de rock, economista, panelista de TV, conferencista, actor teatral, diputado nacional y, al final, Presidente de la República Argentina, país "que, dentro de 35 a 50 años, va a estar de pie y será potencia mundial", prometió.

"Con el tiempo, se convirtió en Rey por su propio esfuerzo...", se narra en la última escena de la película, con el Conan de Arnold avejentado, sentado en un trono. "Pero esa... Esa es otra historia".

La de Milei recién comienza.

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