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Massa logró conquistar votos que priorizaron más el futuro que el pasado

La elección de ayer dejó a Sergio Tomás Massa a un paso de alcanzar el sueño que arrastra desde chico: convertirse en presidente de la Argentina. Su triunfo sorprendió porque no estaba en los pronósticos de casi ningún encuestador, pero es el reflejo de una estrategia que se cumplió casi a la perfección desde que la irrupción de Javier Milei en las PASO despertó a la maquinaria del peronismo en todo el país.

Massa tomo un riesgo alto: ser candidato y mantener a su cargo el ministerio de Economía. Pero en esa tarea, diseñó y desplegó un conjunto de decisiones políticas que le resultaron más eficaces que los retos que le impuso la coyuntura, con una inflación que no le dio tregua y un dólar al que le costó domesticar. Lo que mostró en el ejercicio de ese rol, no obstante, lo ayudó a perfilar su postulación. Frente a una oposición que prometía planes inciertos o dolorosos, Massa articuló su campaña como defensor de los beneficios otorgados por el Estado en estos años de pandemia, guerra y sequía.

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Los argentinos volvieron a optar en función de sus intereses más cercanos, aunque más ligados a su futuro económico que a su bienestar inmediato. La angustia y la incertidumbre que abrió el debate de la dolarización (que no tuvo ni un encuadramiento tranquilizador por parte de sus propios impulsores, ni respuestas más certeras del lado de JxC) solo derivó en una suerte de voto "conservador", que priorizó la continuidad antes que el salto al vacío.

Hace meses que los analistas anticipaban que las primarias reflejaban un voto bronca y las generales un voto más racional. Pero muchos le restaron peso a este escenario, dándole credibilidad a encuestas que probaron ser una herramienta de campaña, pero no un predictor efectivo de resultados. Ante la chance de un futuro disruptivo, de la mano de la dolarización de Milei, se forjaron expectativas inusuales, que ahora habrá que balancear.

Juntos por el Cambio no se recuperó nunca de una interna que tuvo un efecto letal. El rol de Carlos Melconian como escudero no llegó a compensar la floja perfomance de Patricia Bullrich. La historia juzgará que hubiera sucedido si la coalición aceptaba llevar a Juan Schiaretti como aliado en la PASO, que ayer cosechó un más que satisfactorio 7%.

Milei celebró el segundo puesto, pero sin estructura nacional, sabe que enfrentará una batalla desigual. La gran incógnita que deja la elección es el destino de Juntos por el Cambio, que deberá resolver cómo se para frente a las opciones del ballottage.

Lo que viene para Massa no es menos complejo. Apoyado en un triunfo arrollador de Axel Kicillof en Buenos Aires, logró una ventaja de seis puntos para la segunda vuelta. El peronismo se encolumnó detrás de un dirigente que reclamará su lugar de nuevo líder. Tendrá que mantener a raya la economía y poner en caja las cuentas que engordó durante la campaña. Massa, con la bandera del gobierno de unidad, también sabe cómo llegar a los socios de JxC para empezar a construir, cuanto antes, el 2024.


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