Opinión

Más Bioetanol es más y mejor nafta, más divisas y menor polución

El bioetanol debe crecer y sustituir todas las importaciones de naftas, garantizando soberanía energética, evitando recurrentes crisis de abastecimiento en los surtidores y ahorrando divisas del empobrecido Banco Central.

Es doloroso ver que Brasil y Paraguay usan mezclas de bioetanol en naftas superiores al 25% y que la Argentina se estancó en un 12% por falta de voluntad política y de un plan estratégico de desarrollo energético.

Impulsando el etanol para evitar las costosas compras de naftas en el exterior -que se venden localmente un 20% más baratas de lo que cuesta importarlas- el Banco Central se ahorraría al menos 1.000 millones de dólares por año y estaría garantizado el autoabastecimiento de combustibles líquidos con mayor producción local.

Además de contribuir a una mayor oferta y a una mejor calidad del combustible (aporte en octanaje), el bioetanol reduce hasta 76% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero respecto de las naftas, por lo que contribuiríamos decididamente al cumplimiento de los compromisos ambientales, especialmente en la descarbonización del transporte.

Solo se necesita sentido común: industrializamos localmente menos del 35% maíz que producimos, destinando el 65% restante a diversos países que se enriquecen agregándole valor y generando empleo. Dicho de otra manera: hay materia prima para agregar valor local y producir todo el bioetanol que sea necesario.

Un mayor corte de bioetanol implicará asimismo cientos de millones de dólares de inversiones que darían nacimiento a nuevas plantas industriales y/o ampliaciones de plantas existentes en locaciones del interior con alta producción de maíz y alejadas de los puertos, lo que contribuye a un país más federal, y a una mejora en la logística de transporte.

Esta bioeconomía aumenta asimismo la sostenibilidad socioeconómica de distintas regiones, incorpora trabajo industrial intensivo, más calificado y de arraigo en la ruralidad. Asimismo, la eficiencia de la producción del maíz y la tecnología de punta que utiliza, hace que Argentina produzca el bioetanol con menor huella de carbono del mundo, bajando las emisiones de todos los productos que utilizan biocombustibles para su obtención.

Por motivos económicos, sociales y ambientales, la industria del bioetanol debe crecer. Es hora de que la Política reaccione y defina un plan estratégico de desarrollo, con reglas de juego claras y seguridad jurídica, que nos permita contribuir al crecimiento de una Argentina que ya no puede darse el lujo de seguir perdiendo oportunidades.

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