ENFOQUE

Los consensos básicos para evitar las crisis recurrentes

Imaginemos que nuestro sistema político pudiese alcanzar algún consenso de largo plazo que no estuviese incorporado aún en la Constitución Nacional ¿Cuál debería ser este? Si pudiésemos identificarlo, en teoría al menos, podría orientar un diálogo político fructífero.

Lamentablemente, antes de contestar esta pregunta, debemos señalar que hoy no tenemos acuerdo sobre los consensos fundamentales que se reflejan en la Constitución. No solamente el kirchnerismo no cree en la democracia constitucional sino que tampoco cree en la libertad económica reflejada en la misma.

Las democracias constitucionales no son simplemente naciones con constituciones, gobernadas por la voluntad de la mayoría a través del voto de los ciudadanos en elecciones libres y transparentes. La democracia constitucional equilibra la respuesta a la voluntad de la mayoría con la protección de los derechos fundamentales de las personas. Nuestra Constitución adopta la división de poderes basada en la trinidad Ejecutivo-Legislativo-Judicial de Montesquieu. Agrega otra división del poder, ya no horizontal sino vertical: el Federalismo. La clave está en la división del poder. "Que el poder frene al poder", como magistralmente escribió Montesquieu.

La importante obra de Hayek busca mostrar que la libertad de producir y comerciar no serán efectivos sin un orden legal eficiente que garantice la propiedad privada, el respeto de los contratos y un poder judicial honesto, capaz e independiente del poder político.

 Alberdi destaca en su obra que "la economía de la Constitución escrita es expresión fiel de la economía real y normal que debe traer la prosperidad a Argentina". Los principios económicos de la Constitución Nacional son los de la libertad de producir y comerciar.

No parece posible lograr consensos con el kirchnerismo, pues su búsqueda implica hacer concesiones mutuas, y la libertad, ni política ni económica son negociables. Pero el kirchnerismo no es una fracción mayoritaria de la sociedad. Por ello, no solamente debemos trabajar para reafirmar los consensos fundamentales de nuestra Constitución Nacional, sino que también es válido hacernos la pregunta con la que inicie este artículo.

James Madison, en el Federalista, plantea que las constituciones pueden ser instrumentos poderosos para resolver las crisis nacionales. Entonces, vale la pena preguntarnos cuál ha sido nuestro "drama" contemporáneo, dejando de lado aquellos que se resuelven observando los consensos fundamentales reflejados en nuestra Constitución Nacional. Sin dudas, ese drama son las crisis económicas recurrentes. Y el principal causante han sido los elevados déficits fiscales. Ello implica que debemos trabajar en la eliminación estructural definitiva de los mismos.

Habitualmente los gobiernos latinoamericanos actúan pro-cíclicamente. En claro contraste, desde 2001 la política fiscal chilena se ha guiado por una regla de balance estructural. El balance estructural del sector público chileno refleja el balance presupuestario que se produciría si el producto evolucionara de acuerdo con su tendencia y si los precios del cobre y del molibdeno fuesen los de mediano plazo. De esta forma se busca aislar las decisiones de gasto público de los vaivenes del ciclo económico y de las fluctuaciones de los precios del cobre y del molibdeno. Otros países de la región han seguido el ejemplo chileno exitosamente.

Además de ratificar los consensos básicos de nuestra Constitución debemos alcanzar un nuevo consenso: el del superávit primario estructural (tal que permita mantener la razón de deuda a producto de largo plazo en un nivel sostenible). Alcanzar el mismo requerirá una reforma del Estado profunda.

Alcanzar estos consensos (ratificar los consensos fundamentales de nuestra Constitución Nacional y adoptar una política presupuestaria sana), además de permitirnos dejar atrás la historia de crisis económicas recurrentes, nos permitirá proveer incentivos y certidumbres para restablecer una agenda de desarrollo económico.

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