Opinión

La reducción de la jornada no aumenta el empleo

La reducción de la jornada en la experiencia de los países centrales no mejoró los niveles de empleo e impuso la adecuación de los salarios a un menor tiempo de trabajo.

En Francia, Lionel Jospin del partido socialista alcanzó la posición de primer ministro (1997 a 2002) prometiendo reducir la jornada de 40 a 35 horas semanales, a razón de siete horas diarias por cinco días. A los seis meses de gestión seguía aumentando el desempleo, y curiosamente, creció el pluriempleo, con una jornada de tiempo completo y otra de tiempo parcial, o dos de tiempo parcial por persona. A su vez, los salarios bajaron en proporción a la reducción de las horas, y tardaron más de cuatro años en restablecer valores comparables. Todo ocurrió en un país en crecimiento y con inflación ‘cero'.

En la Argentina todas las remuneraciones de los convenios colectivos están medidas por hora, por día y por mes, incluyendo el Salario Mínimo Vital y Móvil. Por ende, una reducción de la jornada implicaría una reducción del ingreso, en un contexto de insuficiencia general de salarios como el actual, sería catastrófico.

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Los legisladores que promueven la reducción calculan que las horas que se restarán de la jornada serán reemplazadas por nuevos puestos de trabajo, y han hecho cuentas que afirman que podrían generarse varios cientos de miles de puestos nuevos de trabajo. Se olvidaron que estamos viviendo en la Era 4.0 en la que se está produciendo una importante sustitución del trabajo humano. Nuestro sistema legal de ocho/nueve horas diarias y de 48 horas semanales ya cambió por efecto de la realidad a un promedio de 44 horas en general.

Recordemos, que a pesar de que las provincias argentinas no tienen atribuciones locales en materia de jornada (es una atribución del Congreso Nacional art. 75 inc. 12 CN) ya redujeron la jornada a 44 horas con el argumento de que se pueden fijar reglas en materia de apertura y cierre de los negocios.

En las experiencias de Gran Bretaña, que está explorando en forma experimental la reducción de cinco a cuatro días la cantidad de días de trabajo por semana, lo está probando en la medida que se preserve la misma productividad. No es el caso de nuestro país, midiendo por sector, salvo dos excepciones, nuestra productividad ha venido cayendo en los últimos 11 años. En los sectores en donde aumentó la productividad, lo fue por la incorporación de tecnologías exponenciales, que incluyen informática, robótica y automación generalizada.

Tomando los países con la jornada inferior a 35 horas, los niveles de informatización, robotización y conectividad son extraordinarios. Es el caso de Noruega con 33,5 horas por semana, Dinamarca con 34,5, y Finlandia con 34,9 horas por semana. En estos países, el ingreso per cápita es también de los más altos del planeta. También tenemos Alemania con 35 horas, Islandia con 35, Suecia con 35 y Francia con 35 horas semanales.

Todos estos países registran un total de 1680 horas por año de trabajo, contra países como los Estados Unidos que registran más de 2000 horas por año de trabajo, con cuatro semanas de vacaciones. En Argentina tenemos unas 2000 horas anuales en el ámbito de los servicios, y llega a 2300 por año en la industria, con vacaciones que sólo llegan a cuatro semanas si el trabajador registra una antigüedad superior a los 20 años. En rigor, sólo el 13,7% de los asalariados registrados tiene más de 20 años de antigüedad en su empleo.

Para poder realizar una adecuación se necesita una economía nacional en crecimiento, con cero de inflación, para que las empresas no sólo puedan adecuar su régimen de jornada sino también su productividad. Aún cuando se deje a salvo lo previsto en los convenios colectivos, muchos de ellos se basaban en el parámetro legal histórico de ocho o nueve horas diarias y 48 horas semanales. Con ello, muchos convenios deberían adecuar sus términos a los nuevos parámetros, que operan como normas de orden público.

En cualquier caso, la rebaja de la jornada perjudicará a los trabajadores y a las empresas, en base al mito de que mejorará el empleo.

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