ANÁLISIS

La economía mide si se vota a favor o contra Cristina

La definición esta semana de los candidatos que finalmente van a integrar las listas de la oposición y el oficialismo para las PASO en septiembre adquiere en esta oportunidad una relevancia más que significativa.

Las elecciones parlamentarias de noviembre, para la cual comienza la selección de candidatos ahora, terminarán significando como siempre un verdadero plebiscito sobre el rumbo del Gobierno. En este caso, sobre todo para la economía, importa todavía más: El voto de la ciudadanía se interpretará como un pronunciamiento a favor o en contra de lo que representa Cristina y los sectores de izquierda que la siguen en la coalición oficialista, y del rol tan activo que tuvo la vice presidenta al intervenir cada vez más la administración de Alberto Fernández en la primera parte del mandato. Mirando para adelante, permitirá anticipar cuánto se puede radicalizar el Gobierno para enfrentar la crisis socio económica actual, que puede estallar peor después de las elecciones.

Las inconsistencias van en aumento. Crece exponencialmente el déficit por el aumento explosivo de subsidios tal como informó ayer este diario; sube la brecha cambiaria que paraliza la economía y la recaudación; en tanto los anuncios electorales siguen sumando un volumen de gastos que se van tener que atender con aumentos permanentes en la emisión monetaria. Por más controles que se extremen, la devaluación del peso es inexorable. Con una inflación entre 45% y 55% anual, los plazo fijo y las inversiones en pesos quedaron con rendimientos groseramente negativos. No solo la política llama a dolarizarse

En ese marco de incertidumbre, el resultado electoral en la provincia de Buenos Aires será irremediablemente un termómetro para medir la futura influencia de Cristina en el Gobierno. Sobre todo el peso de la palabra de Axel Kicillof en materia económica: el futuro del acuerdo o el default con el FMI, los controles y la presión sobre las empresas privadas, extremar o flexibilizar el cepo, la futura presión impositiva, y el alcance de las estatizaciones que podrían sobrevenir, por cierto el futuro de la propiedad privada en el país.

En términos políticos, para Cristina la batalla es a todo o nada en la provincia de Buenos Aires, sobre todo el conurbano. Es su territorio, el que construye con su hijo y la mayor fuente en votos que detenta. Será un ordenador para los factores de poder del peronismo de cara a 2023. El resultado general de las elecciones y en particular Buenos Aires podría determinar nuevas relaciones entre Cristina, los gobernadores, los intendentes y los aliados del oficialismo, lo que representa Alberto y lo que suma o resta Sergio Massa.

Los rumores alrededor del presidente de la Cámara de Diputados son variados en estas horas de definiciones políticas. El que más entusiasma a sectores del círculo rojo es el que afirma que Massa podría integrarse al Gabinete después de las elecciones, como una suerte de súper ministro o Jefe de Gabinete, con un plan de salvación nacional que encabezaría Martín Redrado en el Palacio de Hacienda. El tan prometido giro a la racionalidad que nunca vino con Alberto, casi todo lo contrario.

Aseguran que la movida está conversada con Máximo Kirchner como alternativa para relanzar el Gobierno después de las elecciones, y que hasta Cristina avalaría la jugada en caso de un tropiezo electoral serio, o de una victoria muy ajustada que complique la gobernabilidad, la paz social, y su propio futuro político.

La solución Massa sería la contracara de radicalizar más el Gobierno con las propuestas estatistas extremas de Axel Kicillof y el sector más dinosaurio del Instituto Patria. Significaría tarde o temprano la división del frente oficialista.

La elección de candidatos en el Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires dará algunas pistas sobre lo qué podría pasar en el país políticamente después de las elecciones. Se trata de definir si los candidatos en se parecerán más a Cristina y los radicalizados; o a lo que representa la supuesta moderación simulada de Alberto y Massa. Sobre todo para saber, en caso de que los resultados no sean favorables, a quién se le colocará la cucarda de padre o madre de la derrota.

Otro dato central para la economía y los inversores pasa por seguir al frente opositor. La rebelión de los radicales contra el PRO parece desatada en todo el país y en todos los distritos. No solamente le van a dar pelea a Horacio Rodríguez Larreta con Facundo Manes para encabezar la lista opositora en Buenos Aires, sino que habrá disputa entre radicales y amarillos en todas las provincias y ciudades del país, sobre todo en las que gobiernan. En Casa Rosada y en el cristinismo crece la preocupación por la "desmacrización" de la oferta opositora: Diego Santilli viene cultivando un perfil dialoguista con el peronismo y Facundo Manes todavía peor: no tiene vínculo alguno con el ex Presidente ni con la administración Macri

Los consultores y encuestadores no dan abasto. No queda claro todavía si se va a votar por la salud o por el bolsillo. La mayoría se inclina por esto último. Es indiferente: vacunar es imprescindible por la crisis sanitaria que se agrava con la variante Delta; y también para permitir que no se ahogue la reactivación con nuevas cuarentenas.

Vacunas y bolsillo, ambas realidades se votan en noviembre. Un plebiscito, otra vez, a favor o en contra de Cristina.

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Comentarios

  • B

    benedic

    21/07/21

    BRAVO KOHAN, ASI SABREMOS CUANTOS SON LOS QUE SE QUEDAN CON LA PARTE DEL LEON Y ENTRE CUANTOS DEBEMOS REPARTIR LOS MENDRUGOS

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