Opinión

La bandera de "Los Monos": negocios de los barras, a sangre y fuego

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En un mundo globalizado, la simbología del mensaje no reconoce fronteras y su significado puede resultar más profundo de lo captado a primera vista. La penetración de una imagen o video es de alto impacto cuando se viraliza a través de los medios y redes sociales.

Esta milenaria tradición del hombre (homo sapiens) en pos de comunicarse cobra aún mayor relevancia si se trata del fútbol y sus ídolos.

En medio del homenaje a Maximiliano Rodriguez, notable ex futbolista de Newell´s Old Boys y de la Selección Argentina, irrumpió una gigantesca bandera en la tribuna bajo el cuidado de quienes habitualmente concurren al estadio.

Esa imagen que logró filtrarse por detrás del escenario principal, encierra una oscura trama más allá de la pasión de los hinchas.

Una bandera que vio todo el mundo

En un clima de fiesta y luces dentro del estadio Marcelo Bielsa, las figuras invitadas a la despedida de Maxi Rodriguez subieron a una tarima, incluidos Leo Messi, el presidente de la AFA, Claudio "Chiqui" Tapia y el presidente de la CONMEBOL, el paraguayo Alejandro Domínguez.

Todos los invitados posaron frente a los fotógrafos y las cámaras de TV que transmitían el evento. Nadie advirtió -ni tampoco supieron prevenir- que ese enorme "trapo" bajaba desde lo alto de la tribuna hasta convertirse en un gran telón de fondo.

En unos pocos segundos, la truculenta bandera cubrió las cabezas de una multitud enfervorizada.

Muy pronto, en las redes sociales circuló la identidad de quienes se hallaban representados. En el centro, dibujada la cabeza de un mono sonriente, de grandes colmillos y con anteojos, en alusión a Ariel "Guille" Cantero, sindicado como líder de la banda narco Los Monos. Como laderos, un toro (Carlos Damián "Toro" Escobar) y un pollo (Leandro "Pollo" Vinardi), ambos vinculados a Cantero, condenado a más de 100 años de prisión por homicidios, asociación ilícita, narcotráfico, atentados, secuestro extorsivo y amenazas.

Según fuentes policiales, este trío estaría en conexión con los barrabravas del club rojinegro, dirigiendo sus movimientos desde las cárceles donde fueron alojados. Las caricaturas aparecieron vestidas con camisetas y gorros tipo "piluso" (sombrero de pescadores) con los colores de Newell's, con una leyenda en la parte superior: "Nosotros estamos más allá de todo".

El intendente de Rosario, Pablo Javkin, comentó: "Es una provocación directa, sin duda, justo se puso una bandera e inmediatamente apareció otra, evidentemente estaba estudiado, en eso creo que tiene que ser muy rápida la intervención, no es algo que se hace en cualquier lado, no tiene un tamaño menor. Evidentemente no es algo que se moviliza fácil con lo cual debe ser posible detectar", completó Javkin.

Luego de este episodio, el secretario de Seguridad Deportiva de Santa Fe, Gustavo Pucheta, declaró: "Apenas apareció la bandera, el ministro de Seguridad nos ordenó poner en conocimiento del hecho a la Fiscalía de Flagrancia y empezar a investigar para conocer si la bandera estaba en el lugar con anterioridad o si se filtró por algún lugar".

En diálogo con radio LT8 de Rosario el funcionario agregó: "Fue el único punto flaco del operativo, ya que no pudimos divisar esa bandera con anterioridad. Pero creo que no estaba en el lugar desde días antes".

Los investigadores consideran sugestivo que nadie hubiese visto (incluyendo a los 600 policías del operativo de seguridad) cómo se introdujo esa bandera de grandísimo tamaño, que no debió pasar inadvertida para los controles de acceso.

La Fiscal General de Rosario, María Eugenia Iribarren, bajo la imputación de "intimidación pública" ordenó allanar el estadio de Newell's, con resultado negativo.

El pasado viernes, el delegado gremial de una empresa de transporte (que ya contaba con un pedido de captura) fue detenido y ahora espera la imputación de los fiscales Luis Schiappa Pietra y Matías Edery.

Los negocios de la barra brava

Según los fiscales que vienen investigando los negocios de los barras, existe una estructura armada para "usufructuar el negocio de la venta ambulante en proximidades del estadio de Newell´s, el dinero obtenido a partir del estacionamiento público de vehículos en las inmediaciones del estadio, la organización de seguridad en eventos y espectáculos públicos del club y el traslado de hinchas a otras provincias". Según la fuente, también se les suma "el regenteo de entradas para ingresar al estadio, la administración de los cuidacoches los días de partidos y el dispendio de comidas y bebidas en los alrededores del estadio".

Desde la Fiscalía sostienen que "la dirección y administración de los negocios ilícitos disputados son los provenientes del club, al que Vinardi ("Pollo") y Escobar ("Toro") accedían por su condición de referentes de las barras bravas, con el conocimiento de las autoridades de la institución".

El periodista Gonzalo Bonadeo opinó desde su columna en Aire Digital: "En Newell's nos queda un mensaje que es dónde está el poder. Porque los mismos medios, incluso los de Buenos Aires, no hicieron énfasis en cuánto está enchastrado el fútbol con la violencia narco".

Y recordó que: "En San Lorenzo entraron hasta la nave del club con un auto lleno de armas cuando eran dueños del pase de Ángel Correa", en referencia a la incursión de Los Monos en Buenos Aires.

"Necesitamos que se nos metan en el jardín de casa para darnos cuenta de los que nos pasa. Hay barras que tienen más de mil entradas para el partido, paquetes para gente que viene del exterior, porcentajes en negro por la venta de jugadores, porcentaje en merchandising", concluyó Bonadeo.

Chaki Chan, "El patrón de la droga"

Días pasados, en Ciudad Evita, fue apresado por la Policía Federal Argentina, un jefe narco conocido con el alias "CHAKI CHAN".

Según publica el diario La Nación, fuentes judiciales le adjudican a Nicolás Nahuel Guimil, una recaudación diaria de más de $ 10 millones de pesos por venta de drogas en los búnkeres instalados en el partido de La Matanza, el de mayor población (1,8 millones) de la provincia de Buenos Aires.

Junto a Guimil, acusado de 5 homicidios, fueron apresados 12 integrantes de la banda, se incautaron 25 kilos de droga y se desactivó un circuito de lavado de dinero a través de una empresa de limpieza, una ferretería, una constructora y un local de comidas.

Con posterioridad al operativo policial, fue detenido Esteban Quiñones, vicepresidente 1° de Deportivo Laferrere, acusado de estar vinculado con la banda y con grupos barrabravas de ese club de la Primera División "C" del fútbol argentino.

En las últimas décadas, los negocios de barrabravas se han extendido a muchos clubes y ciudades.

Según el periodista Gustavo Grabia, bajo la excusa de dar protección, los grupos narcos utilizan a sus seguidores para vender drogas en búnkeres ampliando las zonas de influencia y "participando de otros negocios" tales como "gerenciar" las carreras de futbolistas de divisiones inferiores en busca de transferirlos al exterior, a cambio de una comisión o porcentaje sobre venta.

Así, se llega a identificar una de las causas de las recurrentes crisis económicas que suelen padecer los dos grandes clubes rosarinos, con "agujeros negros" por donde se esfuman sumas millonarias que reciben al transferir a jóvenes talentos formados en sus canteras.

El mensaje oculto

La mega bandera esconde la sangrienta puja de grupos de barras por hacerse del poder absoluto y de negocios multimillonarios.

El nivel de organización de los barrabravas entrenados en la violencia, ha sido abordado desde diferentes ángulos por la antropología, el derecho penal, la sociología, la filosofía y la psiquiatría, entre otras ciencias.

El filósofo y ensayista Juan José Sebreli, autor del libro "La Era del Fútbol" (1998), hacia fines del siglo XX trazó una línea divisoria: "Yo distingo entre el hincha pasivo, que es arrastrado, y el barrabrava, que es el que arrastra al otro. Pero hoy la inmensa mayoría de los adictos al fútbol lo ve en el living de su casa, por TV. La predisposición a la violencia no está fabricada, surge por cuestiones de psicología social".

En el siglo XXI, todavía se observan patrones de violencia criminal ligados a comportamientos antisociales que dominaban en el pasado.

Algunos sociólogos consideran que se trata de una nueva "tribu urbana", que utiliza métodos mafiosos (extorsiones, secuestros, asesinatos, amenazas, negocios ilegales) con el fin de financiarse a costa del esfuerzo de los verdaderos hinchas del fútbol.

La ola de crímenes que azota a la ciudad de Rosario extiende sus raíces sangrientas a los negocios espurios que rodean al fútbol, valiéndose de la población más vulnerable.

La evolución de este fenómeno social anida en la complicidad de propios y extraños, habiéndose superado la barrera de contención de las instituciones deportivas.

En lo inmediato, se necesitan políticas de Estado activas, con mayores recursos para prevenir y erradicar la violencia y el narcotráfico bajo el amparo de las leyes.

Una alternativa para evitar que la masacre continúe es elevar el nivel de participación ciudadana y el grado de exigencia, procurando que cada cual cumpla a conciencia sus compromisos. Así, los ciudadanos serían los encargados de señalar el camino a seguir por las autoridades de turno, y éstas al asumir, jurarían ejercer fielmente el mandato otorgado a través del voto. 

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