OPINIÓN

Hacer algo por primera vez: donde pones el foco, asumí el riesgo.

En este mundo anestesiado por el rush diario de una vida que nos exige productividad y eficiencia, la oportunidad de hacer algo por primera vez suele quedar escondida en el rincón del "esto puede esperar".

¿Te acordás cuándo fue la última vez que estrenaste algún talento? Si tardás más de algunos pocos segundos, es hora de animarse a probar algo distinto.

Hacer algo por primera vez es volver a sentirnos vivos por un momento. Es sentir los miedos en la panza que nos avisan que algo nuevo va a pasar. Y cuando pasan cosas nuevas, aparecen los desafíos, el entusiasmo, la alegría y un mix de emociones. Cuando pisamos lo desconocido nos visita la ansiedad, las inseguridades, los temores, las frustraciones viejas, las miradas ajenas y un sinfín de asuntos que, si no estamos preparados, pueden condicionar la manera en la que vivimos esa experiencia, y por consecuencia, nuestro futuro.

Si sos emprendedora/or, hacer algo por primera vez es absolutamente necesario para mantener encendido el proyecto, y por supuesto, mantenerte encendida/o VOS. Ofrecer servicios o productos de valor. Crear, innovar, cambiar y diferenciarte de todos los competidores de tu rubro. Hacer algo por primera vez podría ser ESA oportunidad que soñaste y que motorice tu carrera, tu emprendimiento o tu negocio.

Hacer algo por primera vez también puede enseñarnos lo que NO tenemos que volver a hacer. A veces sucede que al intentar algo nuevo, a pesar del entusiasmo, no funciona. O funciona y no nos genera la motivación que esperábamos. Entonces, aceptar esa realidad, también forma parte del proceso. Un proceso que necesitamos atravesar para alcanzar el siguiente nivel y que inevitablemente, cuenta con aciertos y desaciertos, y en esto no hay adivinanzas, se sabe haciendo.

Enfrentarnos a lo desconocido y habitar la incertidumbre que provoca movernos del metro cómodo, es indispensable para evolucionar en cualquier aspecto de la vida. Ahí donde estés poniendo el foco, asumí el riesgo. Hacer algo novedoso, y dejar la inercia, es aprender y aprender nos alimenta la autoestima, nos da seguridad, y funciona como un trampolín para seguir creciendo. El loop evolutivo nos lleva a hacer algo por primera vez, que nos gusta, lo hacemos bien, y nos animamos a continuar apostando por más. Así construimos la vida que queremos, así materializamos una idea, revolucionamos nuestros días, y por fin... nos sentimos vivos de nuevo.

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