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El mundo se esfuerza para evitar que crezca un cisne negro en Medio Oriente

En la gestión del Estado, hay situaciones que se pueden prevenir y otras que no. Los gobiernos están obligados a manejar distintos escenarios, para no quedar presos de decisiones que lucen favorables en el papel pero no siempre se ajustan al mundo real.

El ataque de Irán sobre territorio israelí activó una hipótesis de conflicto que nunca dejó de estar latente. Medio Oriente es una región inestable, y lo que sucede en Gaza desde el brutal asalto de Hamás es una buena prueba de ello. Por eso los países desarrollados estaban esperando que alguna mecha se encendiera en la zona, de la misma manera que sucedió en Ucrania en las semanas previas de la invasión rusa.

El Domo de Hierro de Israel

El bombardeo israelí sobre Siria abrió la puerta a un contragolpe, y eso fue lo que sucedió el sábado en la noche. La lluvia de drones y misiles lució aterradora en las pantallas de TV, pero en los hechos casi no tuvo consecuencias. El escudo defensivo de las fuerzas de seguridad israelí se demostró lo suficientemente efectivo como para que ayer Tel Aviv retornara a un domingo casi normal, con playas y mercados llenos de visitantes.

Lo que la diplomacia debe evitar ahora es la escalada. Porque de eso dependerá que el mundo sume un conflicto bélico al que ya vive en Ucrania. Ni Estados Unidos ni el resto del G7 tiene intenciones de alentar una respuesta militar. Buscan enfriar la ira de sus socios israelíes, para quien el ataque fue casi una declaración de guerra. Es que los países desarrollados son conscientes de que no es lo mismo reprimir un acto terrorista que enfrentar a una nación como Irán, que tiene otra fortaleza militar y económica. Europa y todos los países alineados con Estados Unidos e Israel, como lo es ahora la Argentina, no tendrían margen de permanecer neutrales. Y cuando eso sucede, las consecuencias son inciertas.

El gobierno de Javier Milei ya había tomado previsiones el viernes, después de que la Justicia ratificara a Irán y al Hezbollah como responsables de los ataques terroristas contra la Embajada de Israel y la AMIA. Anoche, el Presidente reunión a su gabinete para evaluar un mapa más amplio de lo que puede suceder y el lugar al que encuentra al país.

El conflicto en Ucrania disparó los precios de la energía y los commodities. Es temprano para anticipar situaciones similares, sobre todo porque dependen de que haya nuevas acciones militares. Los atacantes dicen que su mensaje termina acá. Israel no quiere quedarse quieta. Sí hay que esperar una mayor dureza financiera, justo en la previa de la asamblea del FMI. A la diplomacia global la espera un desafío mayúsculo

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