Dime cuántos seguidores tienes y te diré si haremos negocios

¿Vale la pena realmente tener perfiles sociales para darle autenticidad y sustento a nuestra vida profesional o mejor seguir con el perfil bajo y utilizar las formas tradicionales de validación?.

Hace unas semanas se realizó una reunión virtual entre un empresario argentino y dos empresarios españoles con la intención de realizar un alianza enfocada en concretar un negocio. En dicha reunión, la conversación derivó en las clásicas discusiones sobre rentabilidad de la propuesta, alternativas para hacer negocios juntos, cómo integrar los dos equipos, entre otras tantas variables, hasta que se llegó al punto donde se hablaba de los profesionales que iban a ser parte de esta iniciativa. Es aquí donde hubo un quiebre y uno de los interlocutores mencionó: -"Es que Juan tiene 500 mil seguidores en Instagram, todo lo que él postea vale mucho más que lo que postea Pedro, que tiene 20 mil. Por lo que deberíamos entender bien cómo acordamos nosotros el porcentaje de cada parte en el negocio, ya que su participación en esta iniciativa no es lo mismo". Acto seguido, el empresario argentino respondió - "Pero también participa David, quien tiene 6.7 millones de seguidores en Instagram con un engagement del 6% al 7%". Y a partir de allí, se continuó discutiendo sobre el valor de las partes a partir de la cantidad de seguidores en una red social.

Muchas preguntas surgen a partir de este encuentro y análisis de los seguidores de los profesionales en cuestión. Desde la simple: ¿Cuánto más seguidores tengo en redes sociales, más valor tengo?" hasta "¿Y si no utilizo redes sociales, cómo demuestro que soy profesional?". Es decir, ¿el valor de una persona puede estar medido en "me gusta", "seguidores" y una validación social?

Está claro que en un mundo hiperconectado, una buena forma de saber de una persona es ver sus redes sociales profesionales (como Linkedin) y ver cuántas personas le dejaron recomendaciones o ratificaron sus aptitudes, o googlear el nombre de la persona para ver qué dicen de ella en internet puede ser un buen parámetro para entender de su reputación online. ¿Quién contrataría o haría negocios con una persona que tiene una mala reputación en internet?. Aunque también aplicaría la pregunta "¿Quién contrataría a un experto en redes sociales que no tiene perfiles en las mismas?" o si contrataría a un experto con pocos "seguidores".

Podemos ir a otros países y conocer de los bancos sociales, donde personas de bajos recursos acceden a créditos, si y sólo si, están avalados por al menos otras personas a nivel social. Esta forma "no digital" de validación social permite confiar en alguien a partir de la confianza que otros tienen en esa persona.

Estamos siendo parte de un mundo que está cambiando constantemente, en donde las relaciones sociales virtuales han pasado a tener una importancia elevada, en donde la cantidad de "seguidores" o "me gusta" es una forma de aprobar social pero también profesionalmente a una persona, y en la cual pasa a ser parte de la reputación online de esa persona. Estamos en un mundo en el que en base a cuántas personas te ratifican, se puede definir cuál es tu valor a la hora de hacer negocios o de trabajar para una empresa.

Ante este cambio en las formas de autenticar el "valor" de una persona, es importante entender las dinámicas de internet y de las redes sociales, sabiendo que: 1.- lo que uno sube allí es muy difícil que desaparezca, 2.- entender los caminos del marketing para poder lograr esa autoridad social (medida en "seguidores" y en "me gusta") y 3.- en cómo apalancar dicha validación social en la búsqueda de nuevas oportunidades.

A partir de esta situación me sigo preguntando si vale la pena realmente tener perfiles sociales para darle autenticidad y sustento a nuestra vida profesional o mejor seguir con el perfil bajo y utilizar las formas tradicionales de validación.


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