Un “amigo que viene de Washington a poner un pie en Vaca Muerta

Presa fácil de la pasión kirchnerista, la relación con Washington depende de la suma de voluntades aisladas. Daniel Poneman se cuenta entre ellas. Poneman es el número dos de Energía de los Estados Unidos y pondrá esta semana un pie en Vaca Muerta, la reserva de hidrocarburos no convencionales en la que está cifrado -parece exagerado, pero no lo es- el futuro de la Argentina.


De la mano de Miguel Galuccio, presidente de YPF, Poneman viene a ver qué está pasando ahí. Su viaje, una escala en una gira sudamericana que lo llevará también a Chile y a Colombia, coincide, así eligen decir fuentes interesadas en la visita, con el del presidente de Chevron para Africa y América Latina, Ali Moshiri, un viejo conocido aquí y responsable de una inversión de unos 1.240 millones de dólares de la petrolera en el yacimiento. Ambos estarán en la provincia de Neuquén al promediar esta semana. En el sector prefieren no precisar cuándo arribarán los visitantes: no quieren facilitar la agenda a la eventualidad de las protestas.


La llegada del funcionario tiene bastante ocupada por estos días a la embajada. Aunque en los hechos es un viceministro, Poneman rompe cierta insularidad argentina en materia de intercambio de recursos humanos con Estados Unidos. Pero es una figura bien conocida en el sector de la Energía.


Allí se menciona su relación con el secretario Daniel Cameron, uno de los funcionarios eternizados por el kichnerismo en la gestión, y con el ministro de Planificación Julio De Vido (otro de los eternizados desde 2003). Poneman ya estuvo en dos ocasiones en el Ministerio, eso aseguran allí, e hizo contacto en dos cumbres recientes: la de Seguridad Nuclear, en Washington, en el lejano 2010, donde se buscó un compromiso sobre seguridad nuclear global y de la que participó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner; y la de ministros de la OIEA, el año pasado, en San Petersburgo. Hoy será recibido por el ministro y firmará acuerdos de cooperación, algo que abunda en el sector. Tampoco hubo más precisiones desde los despachos de Planificación.


La relación con Washington aparece hoy segmentada, al servicio del progreso de intereses específicos. Con la Secretaría de Energía de los Estados Unidos se ha trabajado con cierta independencia en la investigación y desarrollo de energías renovables, en el uso civil de la energía nuclear, en el uso eficiente de energía y energías renovables, en redes inteligentes de distribución eléctrica (Smart Grids, como se las conoce en la jerga del sector) y, aquí lo que nos interesa especialmente, en el intercambio en materia de recursos no convencionales.


La energía, sin embargo, es uno de los lastres más pesados que deja la década kirchnerista para la economía argentina. Mientras se ocupaba de todo aquel intercambio tan avanzado, el Gobierno llevó al país a la pérdida de su autoabastecimiento energético, en 2011. La factura energética se cuadriplicó desde entonces y, el año pasado, llegó a los 12.000 millones de dólares. La cuenta sería superada este año.


Nada hace pensar que De Vido vaya a jugar un rol relevante en lo que viene. Se verá. El CEO de YPF, Miguel Galuccio, llevará a Poneman -y también a Moshiri- a patear arena y rocas en Vaca Muerta: son 30.000 kilómetros de yacimientos que representan la cuarta reserva de petróleo no convencional y la segunda reserva de gas no convencional del mundo, según los datos de la Energy Information Administration de Estados Unidos (EIA).


La Argentina busca replicar allí el boom de los hidrocarburos no convencionales iniciado hace más de una década en EE.UU. (aunque la investigación arrancó con el presidente James Carter en la segunda mitad de los años 70 y después de la crisis petrolera global). Barack Obama pudo cumplir con el sueño oculto de Néstor Kirchner y reconfiguró la ecuación energética de su país hasta conducirlo firmemente hacia el autoabastecimiento energético. Promesas de un mundo nuevo.


Galuccio habla de todas estas cuestiones como lo haría un líder político. La Argentina será un país si logra desarrollar sus recursos no convencionales. Y otro, si no lo hace, suele decir. El titular de YPF, una de las pocas empresas estatales que pauta en los grandes diarios que suele criticar el Gobierno, publicó la semana pasada una solicitada de una página en defensa del acuerdo con Chevron por el que será investigada la presidenta Cristina Kirchner, como dispuso la sala II de la Cámara Federal porteña. La causa es por abuso de autoridad, incumplimiento de los deberes de funcionario público y tentativa de contaminación ambiental. Lo que Galuccio defiende es en realidad el decreto 929/13 que creó el régimen de promoción de inversiones para la explotación de hidrocarburos y que le permitió firmar el acuerdo con Moshiri sin que trascendieran las cláusulas. Busca que la normativa y el secreto sean la base de nuevos contratos. Aquí es donde podría jugar la carta del amigo Poneman.


Una segunda etapa del acuerdo con Chevron prevé una inversión de 15.000 millones de dólares. YPF ya firmó asociaciones estratégicas con Dow Chemical Argentina, con Pampa Argentina y con Pluspetrol para el desarrollo de recursos no convencionales en Neuquén. Y también aspira a cerrar trato antes de fin de año con la malasia Petronas. La salida de escena de la petrolera española Repsol (y el pago de casi US$ 5.000 millones por la expropiación) facilitó bastante las cosas. Los españoles se desprendieron la semana pasada de los bonos del Tesoro argentino como del diablo de la botella de Stevenson.


Estos avances demandan una nueva discusión de la política energética que involucre a otros actores y, probablemente, una nueva ley de hidrocarburos que redefina el rol de las provincias, que tienen el dominio originario de los recursos por mandato constitucional. En su momento, el entonces gobernador Kirchner fue uno de los defensores más firmes de esa idea. No hay plan sin ley. Ahora, la ley sola no es un plan, ilustra el ex ministro radical, Rodolfo Terragno.


La relación con los Estados Unidos progresa en su estilo. El designado embajador Noah Mamet, californiano de 43 años que trabaja con los demócratas gobernantes desde los 20, amigo personal de Obama, confía en que el comité del Senado de su país le dará finalmente su respaldo para ocupar el cargo que dejó vacante Vilma Martínez . En la embajada no arriesgan nada, pero lo esperan con ansiedad.


Poneman viene a hacer su aporte en Vaca Muerta. Aunque podría decirse que ya lo hizo muy joven, cuando el país apenas si recuperaba el aliento. Aquí vivió un tiempo y escribió en La democracia argentina puesta a prueba, de 1987, cosas como el párrafo de cierre: En los momentos críticos, cuando las pasiones están exacerbadas y la paciencia disminuida, hasta la más robusta de las democracias puede ser presa de la demagogia de un gobernador como Huey Long (o un Juan Perón) o buscar la regencia de un Franklin Roosevelt (o un Raúl Alfonsín).

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