La transición transmite una sintonía gruesa que alivia al mundo financiero

El gesto del primer día funcionó. El encuentro entre Mauricio Macri y Alberto Fernández transmitió la sensación de que el diálogo no será solo el justificativo de una foto, sino una acción productiva. La conformación de una mesa en la que se sienten representantes del gobierno actual y del que asumirá en diciembre traduce una primera señal de confianza entre ellos que también se percibe puertas afuera.

Hay otro dato que aportó distensión para esta primera etapa: Cristina Kirchner viajará este fin de semana a Cuba para acompañar a su hija otros diez días. Significa que la vicepresidente electa seguirá la transición a distancia, con Alberto como interlocutor privilegiado pero con la chance de recurrir a Eduardo Wado de Pedro si lo necesitara.

La aparición en este equipo de dos figuras no identificadas con el kirchnerismo, como Gustavo Béliz y Vilma Ibarra, sumado a la foto del futuro presidente con todos los barones del peronismo que asistieron a la asunción de Juan Manzur en Tucumán, completó la percepción de que Fernández está dispuesto a jugar en el centro de esa galaxia, actuando como el gran articulador y no como representante de uno frente a los otros.

En lo económico, todavía no hay espacio como para conversar algunas decisiones grandes. Pero hay una sintonía gruesa que no pasa inadvertida en la City. El endurecimiento del cepo cambiario atravesó sin problema el filtro de Macri, pero también el de Alberto. Se trata de una medida dura, pero necesaria en virtud de los u$s 22.000 millones que se fueron de las reservas desde las PASO.

Con esa canilla cerrada, hay otras acciones que el Gobierno empezó a encadenar para descomprimir el escenario financiero: habilitó cambios normativos que le permitirán a los bancos desarmar alrededor de 20% de su stock de Leliq. Ese paso seguramente se traducirá en una menor tasa para los ahorristas, pero ante la imposibilidad de que aumente la dolarización,hay menos temor en el Ejecutivo a avanzar en esa dirección.

Es que muchas decisiones de política cambiaria y financiera estaban pensadas solo para prevenir un nuevo 12 de agosto. Pero tanto el resultado como el deseo real de llevar adelante una transición ordenada aliviaron el clima. Ayer hubo un rebote de los bonos y el BCRA volvió a comprar dólares en lugar de vender. Quedan algunas instancias más antes de saber si este clima se puede profundizar o no: la designación del futuro equipo económico; el desarrollo del primer contacto con los bonistas para empezar a renegociar la deuda y el cara a cara con el FMI, que seguramente se dará cuando arribe la próxima misión a Buenos Aires. Paso a paso, el teorema de Baglini está empezando a funcionar, porque la principal incertidumbre desapareció: en seis semanas hay un nuevo gobierno.

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