Miércoles  14 de Agosto de 2019

La Argentina necesita de actos de grandeza política de ambos lados de la grieta

La Argentina necesita de actos de grandeza política de ambos lados de la grieta

MARTÍN VAUTHIER

Economista, director en EcoGo

JUAN PAOLICHHI

Economista, analista en EcoGo

La reacción del mercado frente al resultado de las PASO fue contundente. En un contexto donde la visión del mercado sobre las alternativas electorales era binaria (percepción exacerbada desde el propio oficialismo, que siempre apostó a la polarización con el "apocalipsis"), el triunfo de Alberto Fernández gatilló una salida de capitales que provocó un desplome histórico en los precios de los activos locales: los bonos cayeron entre 35% y 40% y el Merval en dólares 50%. El riesgo país escaló desde 860 puntos básicos y superó los 1.950 puntos sobre el cierre del miércoles, mientras que el dólar registró un salto de 32,5% frente al cierre del viernes, pese a los casi u$s 500 millones que lleva vendidos el BCRA por cuenta propia.

Ciertamente el mercado espera definiciones del "virtual presidente electo", pero los incentivos con el actual esquema electoral en dos/tres etapas quedaron mal alineados. Por un lado, tenemos un Presidente en funciones que es un "pato rengo" al cual la sociedad castigó con su voto tras la severa crisis de balanza de pagos de 2018; por otro, un candidato a presidente que, con los números obtenidos el fin de semana pasado, ganaría cómodamente en primera vuelta recién en octubre.

Al fin y al cabo, Alberto Fernández sigue siendo un candidato que puede optar por seguir jugando sus cartas como tal, y que parece tener escasos incentivos de corto plazo a poner un freno a la polarización si desde el oficialismo se apuesta por exacerbarla.

El límite a estos incentivos de corto viene dado por el propio Teorema de Baglini: el margen de maniobra de un eventual gobierno de Fernández que arranque con escasas reservas netas y niveles más altos de inflación en una economía indexada, y donde la nominalidad licua rápidamente cualquier mejora de competitividad derivada de un movimiento en el tipo de cambio nominal, resulta sustancialmente inferior al que dispondría frente a una transición ordenada y sin espiralización de las variables financieras.

Nadie previó un resultado de tal magnitud que generara tal vacío de gobernabilidad en el lapso entre las PASO y la primera vuelta, aunque un aumento en la inestabilidad financiera si se encontraba dentro del conjunto de los escenarios más complicados que podían plantearse luego de que el Gobierno (y el Frente de Todos) buscaran licuar cualquier alternativa competitiva que pudiera romper la polarización, mientras en simultáneo se acentuaba la visión binaria del mercado respecto a las dos alternativas a ambos costados de la grieta.

En el medio quedó la Argentina, con su fragilidad económica y con una delicada situación social en un contexto donde la apertura de la cuenta financiera profundiza la volatilidad a nivel macroeconómico.

Contrariamente a lo que se necesitaba para asegurar un camino tranquilo hasta octubre, que buscara acotar la incertidumbre financiera y moderar el impacto de la demanda de cobertura sobre el mercado cambiario, el Presidente reaccionó inicialmente redoblando la apuesta: al igual que en los meses previos a las PASO, en el mensaje del lunes buscó apalancarse en el "pánico" que genera la fórmula opositora sobre los mercados para tratar de confrontar con el "enemigo", mientras que el miércoles buscó impulsar medidas paliativas para tratar de contener la situación social y recuperar parte del electorado que le fue esquivo el domingo.

En este contexto, las medidas anunciadas tienen escaso impacto sobre el bolsillo frente a la magnitud del ajuste en las variables financieras y su filtración a la economía real, podrían contribuir a espiralizar la inestabilidad financiera (sobre todo en función de cómo se financien) y lucen tardías para un electorado que esperaba respuestas antes del 11 de agosto. Amen de que el impacto fiscal, calculado en torno a $ 54.000 millones, no incorpora el costo de los financiamientos a las PyMEs (medida que anteriormente fue contra los balances de los bancos públicos), el costo de oportunidad de no aumentar combustibles (con un dólar que vale 15 pesos más) y las mayores erogaciones del Tesoro por el aumento en el costo de la energía (con costos que se encuentran mayormente dolarizados).

Si bien el reciente anuncio de conversación entre Fernández y Macri es positivo en términos de brindar mayor certidumbre a los mercados, lo cierto es que deben seguir profundizándose los anuncios que aplaquen la incertidumbre que el mercado incorpora en los precios frente a Fernández-Fernández.

Es que de acá hasta las elecciones de octubre el Gobierno debe enfrentar vencimientos de deuda a corto plazo por u$s 6226 millones y $ 360.000 millones. Teniendo en cuenta que la Lecap corta rinde 180% y que el AO20 rinde 60% en dólares, la refinanciación de la deuda de corto plazo luce complicada. Si esto se da en simultáneo con el Tesoro vendiendo u$s 60 millones diarios que autorizó el FMI para hacer frente a los pagos en pesos, en un contexto donde se asumía que la deuda en pesos y en dólares en manos del sector privado debía renovarse en un 46%, el programa financiero se complica aún más.

También la mejora del resultado electoral a la que apuesta el Gobierno luce complicada si se tiene en cuenta la profundización que se dará en la economía luego de este salto cambiario, la persistencia de inestabilidad financiera, la aceleración inflacionaria con su consecuente impacto en el bolsillo y la imposibilidad de tomar crédito en un mercado de crédito cada vez más chico y atrofiado.

Por último, a esto se le suma un programa monetario que se vuelve más contractivo con cada aceleración en la inflación y que el BCRA, con la tasa en 75%, enfrenta dificultades para sostener el objetivo de crecimiento cero de la base monetaria.

Lo que estamos viviendo hoy, a diferencia de episodios anteriores de nuestra historia (como fueron los finales de los mandatos de Alfonsín y De La Rúa), luce autoinfligido. Sostener la polarización en un contexto de libre movilidad de capitales sin acceso al financiamiento y vendiendo reservas diariamente para sostener el tipo de cambio (en un contexto de reservas netas que son escasas), puede volver sistémica una situación que hasta ahora no lo era.

Si bien gran parte de la responsabilidad de no seguir profundizando la grieta recae sobre el Ejecutivo, se necesitan precisiones y una gran responsabilidad desde ambos lados. Parar la pelota y ampliar el juego. La Argentina requiere actos de grandeza política.

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Revista Infotechnology