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¿Gradualismo para qué?

GONZALO GUILARDES Economista, asesor de Margarita Stolbizer

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¿Gradualismo para qué?

Dos de los problemas principales que heredó el gobierno de Cambiemos en diciembre de 2015 eran una economía estancada desde fines del 2011 con una performance muy pobre en términos de empleo e inversión y un déficit de cuenta corriente creciente con un nivel de reservas que alentaba expectativas de una devaluación explosiva.

En relación al primer problema, a diciembre de 2017, en el mejor de los casos, se regresará a un nivel de producto per cápita similar al “heredado” en un rebote muy parecido al observado en los años electorales 2013 y 2015.

Respecto del déficit de cuenta corriente, el Gobierno reemplazó la muy mala solución heredada, el cepo, y financió el déficit con reservas del Banco Central, con emisión de deuda externa de mediano plazo, una solución más duradera aunque igual de transitoria que la anterior. Si proyectamos los datos del primer trimestre, el déficit de cuenta corriente de este año superaría el del año 2015 (año record de los últimos 25). A favor del Gobierno se puede argumentar que la “herencia” era compleja y los desafíos, muchos y de difícil resolución. En contra, que la dificultad inicial no justifica la falta de programa económico ni la inacción.

En este contexto de falta de rumbo y resultados, el debate entre los economistas es inentendible.

Llevamos más de un año y medio debatiendo si es correcto el “gradualismo”. Quienes lo critican (los Broda, Melconian, Espert, etc.) sustentan su visión en lecturas cuasireligiosas de los modelos que se estudian en los primeros años de la carrera de economía sin considerar particularidades sociales ni políticas, ignorando lo escrito por los economistas argentinos más destacados de los últimos cincuenta años y con un desprecio absoluto por la experiencia empírica. Proponen un programa económico con eje en: a) un fuerte ajuste del déficit fiscal con una baja pronunciada del gasto público y baja de impuestos, b) liberar las tarifas de los servicios regulados, c) disminuir el déficit de cuenta corriente con una devaluación significativa, d) bajar los salarios en dólares, etc. Suelen acompañar sus recomendaciones con frases del tipo: “Hay que eliminar dos millones de empleos públicos” o “Los problemas de la Argentina se solucionan si se elimina la clase política”, de gran impacto mediático y mucha potencia discursiva en debates de 140 caracteres o de veinte segundos televisivos.

Ahora bien, más allá de la efectividad mediática, su centralidad es absurda. El ajuste que proponen sólo es posible en situaciones extremas como fue la eclosión institucional que acompañó la depresión argentina del período 1998-2001.

En una sociedad democrática, el debate siempre es gradualismo para qué y hacia dónde, con qué objetivos y herramientas, con qué secuencia temporal y, sobre todo, con qué grado de consenso político y social y con qué ganadores y perdedores.

Debemos cambiar el eje y debatir el “gradualismo” elegido por el Gobierno. Gobernar con slogans electorales (“lluvia de inversiones”, “la inflación se soluciona con un BCRA independiente”, “el cambio en las formas aumenta la inversión”, etc.) y creer que los problemas se resuelven con la “la sabiduría del mercado y muchos likes en las redes” desde miradas sesgadas y parciales, es un tipo de gradualismo ineficaz y costoso.

El costo de este año y medio es alto. Con costos explícitos como el endeudamiento externo que aumenta en forma significativa sin significar una transformación de nuestra capacidad productiva y costos silenciosos como son la frustración de los cien mil jóvenes que se incorporan al mercado de trabajo cada año y se chocan con una economía que hace rato no genera empleo formal; o la incertidumbre que domina la toma de decisiones de miles de empresarios pyme y emprendedores que viven pendientes de qué va a pasar tras la siguiente elección en un país que oscila desde el “no se importa ni un tornillo” o “la carne vale lo que se me canta” a un país donde el Secretario de Comercio es accionista de una cadena de supermercados y el Ministro de la Producción repite a “cuatro vientos” que somos una economía muy cerrada y que debemos abrir la economía en forma indiscriminada; o el más indignante de todos, la angustia de una de cada tres familias argentinas que no llega a fin de mes y sufrió, durante el último año y medio, un aumento de la canasta de alimentos muy por encima de sus ingresos.

Necesitamos un “gradualismo” diferente al elegido por el Gobierno basado en un diagnóstico realista que explicite un programa económico con un amplio consenso político y social que desde una visión sistémica nos permita una transición de tres o cuatro años que encauce la economía argentina en una dinámica de crecimiento sostenido para los diez años siguientes. Al menos, empezar a discutirlo.

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Comentarios5
Pyme Srl
Pyme Srl 14/05/2017 09:14:31

Tanta chachara para no decir nada. Puro humo. Pasra ue publican notas como esta, que son un cero a la izquierda?

Ruben Bahl
Ruben Bahl 13/05/2017 07:58:24

La tenés re-clara, porque no nos contás como?

Ruben Bahl
Ruben Bahl 13/05/2017 07:57:16

La tenés re-clara, porque no nos contás un poco como?

Emmanuel sebas
Emmanuel sebas 13/05/2017 05:49:36

Falta conceptos

eduardo alvarez
eduardo alvarez 13/05/2017 12:05:56

Que chanta por Dios..!!..no dice nada en concreto...solo atina a fustigar a los pocos que saben y proponen soluciones como Espert por ejemplo...