ODISEA OLÍMPICA

En aviones de carga o dando la vuelta al mundo, los atletas hacen "malabares" para llegar a los JJ.OO. de Tokio

Debido a las restricciones provocadas por la pandemia, buena parte de los equipos participantes están haciendo toda suerte de "malabarismos" para llegar a tiempo a la competencia

Conseguir que 11.000 atletas de más de 200 países acudan a una ciudad elegida en el transcurso de 16 días es un reto logístico en el mejor de los casos. Pero hacerlo en medio de una pandemia mundial que trastocó todos los horarios de las aerolíneas, cerró fronteras e hizo complicado cualquier movimiento, es casi imposible.

Para los organizadores de los Juegos Olímpicos que tienen el comienzo de la gesta en un poco más de dos semanas, este tema se convirtió en un serio problema, y a esta altura llegar a tiempo a Japón parece parte de la competencia.

El equipo de Fiji, por ejemplo, tuvo que abordar un avión de carga, y están volando a Narita en un servicio que suele transportar pescados y marisco refrigerado, ya que Fiji Airways no está haciendo ningún vuelo comercial, según releva la agencia Bloomberg.

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Por su parte, el equipo de Papúa Nueva Guinea tiene previsto volar a Brisbane y luego a Tokio, mientras que la escuadra de Samoa irá primero a Auckland y luego volará con Air New Zealand.

Otros equipos se están encontrando con que tienen que viajar miles de kilómetros en dirección contraria antes de llegar a destino.

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En circunstancias normales, el equipo de Sri Lanka habría tomado un vuelo a Singapur y de ahí a Tokio. Pero como la media de casos de Covid sigue siendo alta, el país está en las listas de prohibiciones de muchos países, y Singapur no permite a nadie con un historial de viajes reciente ni siquiera transitar por la ciudad-estado.

Aunque la mayoría de los atletas están totalmente vacunados y los organizadores de los Juegos exigen que las pruebas de Covid sean negativas antes de la llegada, ya se han producido algunos contratiempos. 

Dos miembros del equipo olímpico de Uganda dieron positivo en Japón el mes pasado, a pesar de haberse vacunado antes; y el fin de semana un remero de Serbia dio positivo.

Ni siquiera la mujer más rápida del mundo puede evitar todos los obstáculos logísticos en el camino hacia los extraordinarios Juegos Olímpicos de este año, que se celebrarán sin espectadores internacionales y con estrictas medidas de distanciamiento social que incluyen normas sobre el número de horas que los atletas pueden abandonar la Villa después de su competencia.

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La velocista jamaicana Shelly-Ann Fraser-Pryce, favorita en los 100 metros femeninos, se enfrenta a un laberinto de vuelos de conexión, escalas y trámites para llegar a Tokio. "Tengo un pasaporte jamaicano, así que me resulta aún más difícil viajar", dijo la bicampeona olímpica.

Para la corredora de 34 años, el viaje supone más de 12.800 kms. Fraser-Pryce prevé viajar desde su casa en Kingston hasta Miami, y luego a Londres para tomar una conexión a Tokio. Como la pandemia elevó las tarifas, el vuelo más barato de Kingston a Tokio en clase económica cuesta casi u$s 5000.

La delegación brasileña, por su parte, unos 300 atletas, tuvo que dar mil vueltas para conseguir vuelos con Lufthansa, después de que su compañía original, Air Canada, cancelara los vuelos que habrían llevado al equipo vía Toronto.

Otro problema logístico particular de la celebración de los Juegos durante la pandemia es que muchos atletas no pudieron entrenar en los lugares que normalmente lo habrían hecho. La dificultad para viajar también hizo que llegar a las pruebas clasificatorias necesarias sea muy complicado.

El regatista argentino Santiago Lange, que ganó el oro en Río en 2016, es uno de los más afortunados, ya que escapó del país hacia Sicilia, en Italia, donde las condiciones de viento y clima son similares a las de Japón. Él y su compañera de tripulación Cecilia Carranza Saroli están ahora en Barcelona, a la espera de su vuelo a Tokio a fines de esta semana.

"Normalmente tenemos al menos 90 días para conocer las condiciones, y ahora sólo tendremos ocho. Esos ocho días para nuestro deporte en particular no son suficientes", dijo Lange, que no pudo navegar en Argentina durante varios meses debido a las restricciones.

En la casa alquilada por la pareja en Sicilia, habían puesto fotos del Monte Fuji para mantenerse mentalmente conectados. "En circunstancias normales, competiríamos en al menos 10 competiciones al año. El año pasado sólo hicimos dos", dice.

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