Carlos Rottemberg: “Estoy en contra del empresario que vive de la teta del Estado”

Radiografía del negocio del teatro: el aluvión de tanques, los subsidios, la Ley del Actor, la economía creativa de algunos productores y el rol del Gobierno, analizado por uno de los “teatristas” más exitosos del país.  

Carlos Rottemberg: “Estoy en contra del empresario que vive de la teta del Estado”

“Estoy muy agradecido a este medio, porque no vengo de una familia del espectáculo. Privilegio la buena gente antes que el talento. Y no voy a cambiar la fórmula a esta altura de la vida porque me ha dado buenos resultados. A lo largo de tantos años, si algo me funcionó fue la lealtad de tanta gente”. Así, con orgullo, el empresario teatral Carlos Rottemberg resume sus 42 años de trayectoria en el showbiz.

Otra receta que le funcionó bien: ser obsesivo, particularmente en el verano, época caliente también en términos de estrenos. “El teatro me ordenó y me hizo obsesivo. Porque no hay otra manera para funcionar bien: eso dice el manual de estilo de manejar público”. Y no es casualidad, entonces, que confiese: “Tengo claro, sin poder equivocarme, que en el bolsillo izquierdo del pantalón llevo: un billete de $ 50, otro de $ 100 y uno más de $ 200. Mientras que en el derecho tengo: uno de $ 2, otro de $ 5 y uno más de $ 10. Simplemente porque así es más fácil. Y, por las dudas, llevo el registro de conducir y la tarjeta de la prepaga atados con una gomita”, ejemplifica.

En mayo hubo un aluvión de estrenos, con grandes actores, que desbordaron la cartelera. ¿Cómo explica el fenómeno en un contexto de inflación y enfriamiento de la economía?

Se da una paradoja que tiene que ver con que se polarizó mucho, con foco en obras de gente muy conocida. Según la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (Aadet), sobre 114 títulos registrados en mayo, en todos los formatos, el 61 % de los espectadores totales se los llevaron los primeros 10 títulos, y el 39 % restante se dividió entre 104 obras. Entonces, es como la ecuación de un país: a los que les va muy bien, les va mejor; y a los que les va mal, les va muy mal. El 61 % concentrado en 10 salas ¡es algo que no pasó nunca en los 42 años de teatro que tengo encima!

¿Era previsible la polarización del negocio teatral en el mercado porteño?

¡Sí, era previsible que se iba a polarizar! Fijate que, en un momento, estuvieron todos al mismo tiempo: Ricardo Darín y Erica Rivas en el Maipo, Adrián Suar y Julio Chávez en El Nacional, Flavio Mendoza en el Broadway, Martín Bossi en el Astral, Griselda Siciliani en el Lola Membrives; Midachi, Les Luthiers, Guillermo Francella, Arturo Puig y Jorge Marrale en el Metropolitan. ¡Un aluvión! Lo que confunde a quien desconoce el tema es que, cuando el aluvión desaparece, las cifras se acomodan otra vez, y ahí se empieza a hablar sobre qué pasó con el teatro.

Supongamos que bajan de cartel las 10 obras más exitosas, ¿ese público opta por las siguientes del ránking?

Una parte, sí; y otra parte, no. Es como en el caso del cine: cuando aparece un tanque, arrasa con todo la semana del estreno pero, cuando desaparece, hay un residual que se reparte y otro que no porque sólo consume ese tipo de películas. Entonces, para un amante de la comedia musical, el día que Sugar no esté en cartel, el teatro de texto no será una opción, y viceversa.

¿Por qué algunos productores y empresarios teatrales inflan la cantidad de espectadores?

El teatro es una actividad fomentada impositivamente. En este negocio, muchas veces dicen que van primeros, entre otras cosas, porque el teatro no tiene carga impositiva. Por eso, en algunos casos, incluso violando las normas elementales de seguridad, hasta aseguran que tuvieron que agregar sillas en la sala porque no cabía un alfiler.

Yo vendo las entradas al menudeo y, si quiero un espónsor, quiero que sea un privado: no acepto un banco nacional ni municipal, no quiero una lotería provincial.

¿Qué rol debería asumir el Estado con relación a la actividad teatral?

Yo, fundamentalmente, soy teatrista antes que empresario, razón por la que le pongo pasión a lo que hago y no hago las cuentas. Entiendo que el Estado debe, si tiene presupuesto —y tiene que tenerlo—, focalizarlo en el teatro público, porque le corresponde, y en el apoyo al teatro independiente, que no es un negocio. A mí, concretamente, con nombre y apellido, cuando apareció el problema de los recitales gratuitos en Mar del Plata, vino Jorge Telerman, en su momento mano derecha del entonces gobernador bonaerense Daniel Scioli, a ofrecerme cualquier tipo de subsidio para compensarme la temporada de teatro, algo que conté en una carta pública, detallando qué nos ofrecían. ¡¿A nosotros?! En lo que podamos, quiero tener una línea de conducta: si gano plata, me la quiero llevar; pero si me toca ponerla, es simplemente mi rol de capitalista. El riesgo es la justificación moral de algunos empresarios. Por eso, cuando me entero o encuentro que están favoreciendo a ciertas personas —por conveniencia, por amiguismo o por lo que fuese—, no lo comparto. Yo vendo las entradas al menudeo y, si quiero un espónsor, quiero que sea un privado: no acepto un banco nacional ni municipal, no quiero una lotería provincial.

¿Sus 42 años de trayectoria exitosa lo blindan frente a las críticas?

No creas: cuando fui al programa de Mirtha Legrand y expresé cuatro cosas que me parecían bien del kirchnerismo, salieron a decir que apoyaba esa gestión. De todas maneras, los pingos se ven en la cancha, y lo importante no es lo que uno dice sino lo que uno hace. Hace años, venía el PAMI y quería comprarnos entradas, a lo que respondí: “Si es plata del Estado, no”. Cuando Alejandro Dolina hacía La venganza será terrible en Radio Nacional, la producción vino a pedirme fechas en una sala: me encantó que vinieran, pero se las di en comodato porque yo al Estado no le vendo. Estoy en contra del empresario que vive de la teta del Estado; del que se jacta de ser empresario privado pero, cuando tiene que poner dinero suyo, se convierte en socialista, pidiendo que se le estatice la deuda. Es mi postura de siempre no meterme con ninguno, se llame macrismo, kirchnerismo, peronismo o radicalismo.

Estoy en contra del empresario que vive de la teta del Estado; del que se jacta de ser empresario privado pero, cuando tiene que poner dinero suyo, se convierte en socialista, pidiendo que se le estatice la deuda.

¿Cuál es tu mirada sobre la Ley del Actor?

Esa ley era un costo innecesario para la actividad, donde el beneficiario no se va a beneficiar. Una ley inconsulta, a pesar de que la dirigencia de la Asociación Argentina de Actores (AAA) sostuvo que fue consensuada. Fui presidente de Aadet durante 10 años, hasta que me retiré en 2015, y nunca participamos porque en ningún lugar está escrito que el sector empresario pudiera hacerlo. El resultado es una ley que no le sirve a nadie, comenzando por los actores. De hecho, este año ha sido judicializada por ineficaz por la misma AAA que la fogoneó. Un bochorno que, además, acotó fuentes de trabajo. Fijate que hay muchos escenarios con unipersonales, otros con elencos de hasta cinco personas y sólo una excepción, como Sugar, en formato de musical brillante. La masa actoral ha perdido mucho, quedando el posible beneficio en manos de los consagrados, sumado al agravante de que el propio Estado no cumplió, ni antes ni ahora, con esa disposición, ya que considera que los actores son trabajadores autónomos.

Comentarios2
Alfredo Federico
Alfredo Federico 22/08/2017 06:21:42

mas respeto con el presidente y su familia que jamas vivio de otra cosa que de los contratos del estado. nunca se conocio que hayan hecho una obra particular.

Palermonline
Palermonline 22/08/2017 04:18:06

lo dice despues de tomar la teta... durante los ultimos 40 años...

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