Trágico final

Se volvió millonario por crear la afeitadora que usan todos y perdió todo antes de morir: la historia de Gillette

King Camp Gillette quería inventar algo que lo volviera rico. Y lo logró. Hoy sus máquinas de afeitar se venden en todo el mundo, sin embargo el final de su vida no fue color de rosas.

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Su creación cambió por completo la manera en la que las personas se asean a diario y su apellido se transformó en un verbo afilado. No llegó a esta idea de casualidad, sino que justamente estaba en la búsqueda de un invento que le permitirá volverse millonario. Gillette nació a fines del siglo XIX, atravesó múltiples conflictos internos, se diversificó y en 2005 protagonizó una de las operaciones más grandes de la historia corporativa.

El estadounidense King Camp Gillette trabajaba como viajante de comercio para William Painter. Su jefe había amasado una buena fortuna tras haber creado la chapa descartable para botellas y Gillette era uno de los encargados de comercializar su invento. Luego de una charla entre ambos, Painter le recomendó a su empleado que busque otro producto el cual pudiera volverse "descartable" y que así lograría tener éxito. Durante un tiempo Gillette buscó qué podía hacer, pero no se le ocurría nada. Hasta que todo cambió una mañana primaveral de 1895.

El primer prototipo de la afeitadora Gillette

Las navajas comenzaron a utilizarse en Inglaterra en el siglo XVII. Sin embargo, para esa época las barbas largas ya no eran tendencia y era más común ver mentones despejados y bigotes perfectamente recortados. Existían dos opciones: afeitarse uno mismo en casa o ir a la barbería. La primera era más económica, aunque los cortes y lastimaduras eran moneda corriente; en tanto, la segunda demandaba un gasto extraordinario ya que era necesario afeitarse casi todos los días para exhibir un rostro prolijo.

La creación de la afeitadora Gillette

Gillette descubrió que tenía que crear un aparato que pudiera llevar una navaja afilada y el cual pudiera producirse a bajo costo para que pudiera descartarse. El negocio no estaría en la venta de la afeitadora, sino que vendría por la comercialización de las navajas. Estas no serían las típicas navajas largas, de la cual solo se utilizaba la punta afilada, en cambio sería un filo más extenso y de menor tamaño que pudiera utilizarse en su totalidad.

Se contactó con varios expertos para que lo ayuden a fabricar su idea, sin embargo todos le decían que era imposible. Incluso sus amigos se burlaban de él. El proyecto se frenó hasta el 1900 cuando Gillette conoció a William Nickerson, quien se pondría al hombro la producción. El emprendedor consiguió u$s 5000 y creo la firma American Safety Razor, que un año después sería renombrada como Gillette Safety Razor.

King Camp Gillette perdió su fortuna en aquel Jueves Negro de la Bolsa de Nueva York en 1929

No obstante, el capital se agotó rápidamente. En ese momento entró en escena John Joyce quién inyectó dinero en la firma, pero, a cambio, Gillette le cedió el puesto de accionista mayoritario. Finalmente en 1903 iniciaron la producción y comenzaron a vender su afeitadora por u$s 5 y el kit de 20 navajas por u$s 1. A pesar del éxito de su invento, Gillette continuaba trabajando como vendedor de tapas de botella y en 1904 le informaron que lo trasladarían a Londres. Gillette le pidió un puesto remunerado en su empresa a Joyce, pero este se opuso y el fundador tuvo que renunciar y mudarse.

El regreso del fundador

Durante unos años la empresa continuó operando sin su creador. Gillette regresó al enterarse que Joyce planeaba vender una licencia internacional de la marca para conseguir capital. El emprendedor volvió y consiguió el control de la compañía. Uno de los primeros cambios que implementó fue el del sistema de distribución. Dejaron el modelo de ordenes por correo y las afeitadoras pasaron a ser distribuidas a través de comercios minoristas.

Las asperezas entre Gillette y Joyce continuaron. En 1910 este último le compró toda su participación por u$s 900.000 y un pago anual a cambio de las patentes que tenía a su nombre. King Camp Gillette siguió en la empresa, aunque no se ocupaba del día a dia de la operación. El empresario perdió casi toda su fortuna con el crack de la Bolsa en 1929 y falleció en 1933.

El nuevo modelo de 1920 mejoraba el agarre y precisión de la navaja.

Por su parte, Gillette (la compañía) lanzó una versión mejorada de la afeitadora original en 1920. La principal razón detrás de esta innovación era que al año siguiente se vencería la patente de aquel primer invento. Entre 1930 y 1950 la firma apostó por distribuir sus afeitadoras en combo con cualquier producto, desde chicles hasta carne enlatada. El objetivo era que todos tuvieran uno y así potenciar su principal negocio: la venta de navajas descartables.

Diversificación y venta millonaria

La afeitadora descartable llegaría recién en los 70, luego de que la francesa Bic se adelantara a su desarrollo. Para los 80 Gillette inició su etapa de diversificación para no depender solo del afeitado. Adquirió Oral-B por u$s 188 millones, lanzó su línea de encendedores y presentó su pata de baterías, Duracell.

En 1989 Berkshire Hathaway, holding del multimillonario Warren Buffett, compró u$s 600 millones en acciones de Gillette. El magnate se convirtió en el principal accionista de la empresa con un 9 por ciento. Hoy la marca forma parte del portfolio de P&G que en 2005 desembolsó u$s 57.000 millones para sumarla a sus filas.

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