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La máquina de confundir de Putin: cómo funciona RT, el medio de propaganda rusa prohibido en EE.UU. y Europa

La principal herramienta internacional de propaganda del Kremlin sigue viva y ayuda a Rusia a ganar amigos en el mundo en desarrollo. Es especialmente fuerte en América latina y las cifras de seguidores son altas en la Argentina, México y Venezuela.

Es mediodía en Moscú y RT, el canal de noticias las 24 horas del Kremlin que transmite en inglés, sigue una rutina vertiginosa. Soldados ucranianos están abandonando sus posiciones en la asediada planta siderúrgica de Azovstal, algo que RT juzga como un golpe fatal para el esfuerzo bélico de Kiev. Está la historia aleccionadora de un voluntario británico en el ejército ucraniano que dice haber sido engañado. La reunión de cancilleres del Grupo de los Siete motiva un informe sobre la hipocresía de Occidente al condenar las operaciones militares rusas, pero no las de Israel. Segmentos noticiosos se mezclan con programas de opinión exaltados y mini-documentales como Fast Forward to Fascism, una investigación sobre los neonazis en Ucrania.

Viendo RT desde las afueras chamuscadas de Kiev, la periodista británica Sara Firth se asombra por el grado en que la cadena parece haber abrazado una realidad alternativa. En una nota, la corresponsal estrella de RT, Maria Finoshina, lamentó la demolición de puentes y otras estructuras por parte de las tropas ucranianas, sin mencionar por qué lo hacían: para frenar el avance de las fuerzas rusas. "Todavía me cuesta entenderlo", admitió Firth.

Y sin embargo, durante un tramo considerable de la historia de RT, Firth, quien se unió en 2009 como corresponsal en vivo, fue una de los muchos británicos, australianos y demás extranjeros que trabajaron para la cadena, y que aportaron un barniz internacional a una de las muchas plataformas de propaganda del presidente Vladimir Putin. Orientada cuidadosamente hacia las preferencias de la era de las redes sociales, RT ya era una herramienta importante para el momento en que Rusia invadió Ucrania.

RT ya era una herramienta importante para el momento en que Rusia invadió Ucrania.

Su audiencia directa siempre fue modesta. Pero las perturbadoras teorías conspirativas que promueven sus conductores -como cuestionar la versión oficial de los atentados del 11-S y alegar que el gobierno ucraniano está lleno de nazis- movilizó a los extremistas políticos de Europa y América del Norte. Atrajo por igual a partidarios de la extrema derecha y la extrema izquierda, unidos en su escepticismo frente a la política del establishment. En 2015, Mike Flynn, el exgeneral estadounidense que luego sería asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump, viajó a Moscú para asistir a la fiesta por el 10° aniversario de RT, y estuvo sentado junto a Putin como invitado de honor. Del otro lado de la mesa estaba Jill Stein, candidata presidencial del Partido Verde, que compartía el pan con el principal vocero de Putin.

La Unión Europea prohibió a RT poco después del comienzo de la invasión rusa de Ucrania en febrero, en respuesta a lo que aseguró era una campaña rusa de "desinformación, manipulación y distorsión de hechos". Pronto hizo lo mismo el Reino Unido, mientras que las cadenas de TV estadounidenses cancelaron sus acuerdos de distribución. YouTube, vital para amplificar sus videos, suspendió las cuentas de RT, alegando una política que prohíbe "contenido que niegue, minimice o trivialice hechos violentos bien documentados". Aun así, RT sigue viva y coleando, sirviendo a la campaña de Rusia al ensuciar el panorama de lo que de verdad sucede en Ucrania.

En particular se convirtió en una parte clave de la estrategia del Kremlin por amortiguar el impacto de las sanciones sumando amigos en África, Asia y América latina, lugares donde las noticias se consumen principalmente a través de las redes sociales y la mayoría de los gobiernos no tienen una enemistad especial hacia Putin. Al mismo tiempo, RT contribuye a difundir noticias mediante un amplio ecosistema de canales sostenidos por Rusia, como la agencia noticiosa Sputnik y el proveedor de videos Ruptly. Y continúa inspirando acciones para romper el dominio de las organizaciones noticiosas tradicionales, ya sea a través de los intentos de China por refinar su propaganda dirigida al exterior o con proyectos como TalkTV, un nuevo canal británico financiado por Rupert Murdoch que promete "hablar con franqueza" sobre temas candentes.

Financiada por el estado ruso, RT asegura que toma sus propias decisiones editoriales y operativas y, en 2013, Putin dijo que era "totalmente independiente", aunque "no pueda dejar de reflejar la posición oficial del gobierno ruso" sobre cuestiones clave. En respuesta a un cuestionario, la subeditora en jefe, Anna Belkina, escribió que las prioridades de la cadena no cambiaron como consecuencia de la guerra, y que su meta es destacar "noticias, opiniones y voces que los medios convencionales pasan por alto pero que son requeridas por una audiencia de muchos millones".

En tanto se intensifica el enfrentamiento entre Rusia y Occidente, entender a RT y su influencia nunca importo más. "Sabíamos lo que pasaba", confiesa Firth, quien dejó RT en 2014. "Lo que por mucho tiempo pensé que podía ignorar, se convirtió en algo sumamente peligroso".

Putin visita la sede central de RT en 2013.

Denominada inicialmente Russia Today, RT fue creada en 2005 por el asesor de Putin, Mikhail Lesin, y su colega Alexei Gromov, exdiplomático que dirigía la oficina de prensa del Kremlin. Luego de la elección de Putin cinco años más tarde, Lesin, que entonces era ministro de Medios, había supervisado la fusión de los canales de TV internos de Rusia en las manos del Estado, un proceso brusco que implicó la intimidación de los propietarios del sector privado de medios. La siguiente frontera eran las audiencias internacionales. Había llegado el momento, diría más tarde Putin, de "romper el monopolio de los medios masivos anglosajones".

Para dirigir RT, Lesin y Gromov eligieron a una joven periodista simpática con el Kremlin, Margarita Simonyan, a quien Gromov había conocido por su trabajo en la cobertura presidencial. Pronto el equipo publicó un aviso en el suplemento de medios del Guardian en el que buscaban postulantes para un "nuevo canal en idioma inglés", sin dar más detalles. Ahron Young, un australiano que fue uno de los primeros reclutas, recuerda haber sido convocado a una oficina del norte de Londres donde se postuló para conductor. Cuando él y otros aspirantes preguntaron quién financiaba la cadena, unas veces les dijeron que la había creado un grupo de empresarios por motivos impositivos, y otras simplemente los invitaron a "descubrirlo" por su cuenta. A muchos no les molestó el misterio. RT parecía ofrecer oportunidades reales y solventadas, y mudarse a Moscú sonaba a aventura.

A las pocas semanas Young y decenas de otros contratados del exterior estaban en vuelo. Al llegar, recordaron varios ex empleados, se encontraron con un caos. Nada parecía funcionar adecuadamente en los estudios improvisados de RT en las oficinas de la agencia noticiosa estatal RIA Novosti. Las sillas se desplomaban; los programas de edición de videos se colgaban. El debut de RT en diciembre de 2005 se vio perturbado por dificultades técnicas que los directivos atribuyeron a ataques cibernéticos. El personal opinaba que lo más probable era que las bajas temperaturas habían afectado a los equipos.

Dar con una exitosa estrategia editorial demostró ser más difícil que arreglar un equipo deficiente. En sus primeros años RT actuó siguiendo principios soviéticos, e ignoró en gran medida lo que quería su audiencia. Muchas informaciones se concentraban en Rusia y sus vecinos, alternando la cobertura de hechos concretos -discursos, aniversarios y cosas así- con relatos de proezas tecnológicas o militares. Los canales de noticias suelen cambiar sus conductores a lo largo del día, pero la rotación de RT se mantenía igual por largos períodos. Serge Cartwright, un periodista que trabajó en la sede en Moscú, escribió una obra de teatro basada en su experiencia en la que incluía una broma sobre un segmento dedicado a los artesanos del extremo oriente de Rusia: "¿Botas rusas de piel a cada hora?", se pregunta un productor.

"Al parecer tenemos definiciones diferentes de la verdad".

En sus primeros días, la cobertura de RT era relativamente directa. Pero en los temas más caros a Moscú, todos debían ajustarse a la línea. En 2007 el gobierno de Estonia enfureció al Kremlin al trasladar el Soldado de Bronce, la estatua de un combatiente del Ejército Rojo a la que muchos estonios veían como símbolo de la opresión soviética. En su informe sobre el episodio, Cartwright dijo que Estonia había sido previamente "ocupada" por la Unión Soviética. De inmediato, un editor de alto nivel llamó a una reunión a Cartwright y a su equipo y les soltó una dura reprimenda. Estonia no fue ocupada, señaló. Fue "absorbida". Belkina dice que no conoce el episodio.

Mientras tanto se acumulaban las tensiones geopolíticas. La guerra de Rusia con Georgia, encarada por un gobierno pro-europeo que buscaba entrar en la OTAN, señaló un punto de inflexión. Aunque Rusia venció militarmente, el gobierno de Putin vio el conflicto como un fracaso de las relaciones públicas, que llevó a los políticos occidentales a proclamar su respaldo a los georgianos. Esa frustración provocó un cambio drástico en RT. Transformaron la marca para que fuera menos visiblemente rusa, y se abandonó Russia Today por el acrónimo con la que se la conoce desde entonces. También se reforzó el financiamiento y hubo un cambio de filosofía orientado por lo que podría ser la verdad central de RT: la política del Kremlin puede servirse mejor no haciendo que Rusia se vea bien, sino mostrando mal al resto del mundo. (Belkina dice que la transformación ocurrió porque las "audiencias reaccionaban más fuertemente" a noticias sobre hechos internacionales).

El nuevo eslogan de RT, cortesía del gigante publicitario McCann, era "Haz más preguntas", que sus conductores interpretaron como una instrucción para poner en duda los supuestos más elementales de la política internacional. En el Reino Unido los carteles que promocionaban el canal superponían fotos de Barack Obama y el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad con la pregunta: "¿Quién plantea la mayor amenaza nuclear?"

Una campaña de RT en el Reino Unido en 2010 comparaba a Obama y Ahmadineyad.

Luego, en septiembre de 2011, Putin anunció que retornaría a la presidencia rusa tras un período como primer ministro, lo que desató protestas que fueron brutalmente reprimidas por las fuerzas de seguridad, un anuncio de que habría más represión. RT producía noticias cada vez más extravagantes, especialmente a través de su brazo estadounidense afincado en Washington, que empezó a operar en 2010. El programa The Truthseeker alegaba que las denuncias de utilización de armas químicas por parte de Bachar al Asad, el dictador sirio respaldado por Rusia, eran un invento de la BBC. RT dio amplia cobertura al movimiento Occupy Wall Street, al que usó como oportunidad para destacar la desigualdad económica. Aunque algún contenido parecía ser más tradicional -RT America transmitía Larry King Now, un programa de esa antigua figura de la CNN- el tono general típico era el de The World Tomorrow, una serie de entrevistas conducidas por Julian Assange. Su primer invitado fue Hasan Nasralah, el líder de Hezbolah. "Las ofertas eran cada vez más delirantes -afirma Firth sobre el período que siguió al regreso de Putin. Ya no disimulaban más".

En todo este tiempo no quedaba en claro la audiencia a la que de verdad llegaba RT. En el Reino Unido decía tener unos 2,4 millones de televidentes en 2011, aunque la cadena nunca comunicó el nivel de audiencia de manera constante y auditada, en tanto datos de otras fuentes mencionan cifras inferiores. Hoy se dice en su página web que está "disponible para" 700 millones de personas en unos 100 países -número que no parece haberse modificado luego de la invasión de Ucrania-, pero no se aclara cuántos de ellos son televidentes. Belkina acota que esas cifras se basan en "investigaciones a gran escala". De todos modos, sus benefactores parecían creer que RT estaba haciendo una diferencia. En 2013 la trasladaron a una amplia oficina nueva, y en 2015 su presupuesto rondaba los 14.000 millones de rublos, unos US$ 220 millones de la época.

El método informativo de RT alcanzó la madurez con el derribo sobre Ucrania del vuelo MH17, un avión de Malaysia Airlines que viajaba entre Ámsterdam y Kuala Lumpur. RT propuso incontables explicaciones posibles, entre otras cosas, que el Boeing 777 había sido derribado por fuerzas ucranianas que buscaban abatir al avión del presidente Putin, o que en el mismo sector se habían visto aviones de guerra ucranianos citando datos de un director de tráfico aéreo identificado como Carlos. (Más tarde se comprobó que su testimonio había sido un fraude). Lo único que los conductores de RT daban por cierto era que los hechos no podrían conocerse. En realidad, una investigación multinacional determinó que el MH17 fue destruido por un misil ruso lanzado desde el territorio ocupado por rebeldes respaldados por el Kremlin.

Para entonces, Firth había sido trasladada a la oficina en Londres. Allí vio con pesar la cobertura sobre el MH17. "Fue un momento sobrecogedor ver lo que decían en RT", recuerda. El mismo día del derribo del avión, Firth había comprado entradas para ver una adaptación teatral de 1984, lo que le pareció una advertencia demasiado obvia para pasarla por alto. Al día siguiente anunció su renuncia por Twitter. "Tengo un respeto enorme por muchos en el equipo, pero yo estoy a favor de la verdad", escribió. RT respondió con su propia comunicación: "Al parecer tenemos definiciones diferentes de la verdad".

Dos meses antes de las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos, RT America pregonó su mayor logro: una entrevista de King con Trump. "¡Lo conseguimos!", tuiteó Simonyan, la editora en jefe. En respuesta a las críticas posteriores, asesores de Trump alegaron de manera poco convincente que pensaron que la entrevista se emitiría en el podcast de King, no en RT. Como fuera, la aparición de Trump señaló el comienzo de una nueva era para la cadena. Sería erróneo decir que marcaba su llegada, porque una llegada implica el viaje a un nuevo destino. Lo que en realidad había sucedido era que una parte significativa del mundo político norteamericano había convergido con la perspectiva preexistente de RT: tratar a cada institución, y a la noción misma de verdad, como sospechosa.

Para la fecha de la elección de Trump, las noticias y narraciones de RT se difundían en sitios como Infowars.com, y las amplificaban voces conservadoras en redes sociales. RT devolvía el favor, dando espacio entusiasta a teorías conspirativas que se originaban en los afiebrados pantanos de extrema de derecha de Internet. En algunos sentidos, estaba mejor preparada para la era Trump que Fox News. Al igual que Trump, RT no se guiaba por principios fijos y la animaba un sentido exagerado de relativismo moral. En otra entrevista -esta con Bill O'Reilly, en Fox-, Trump expresó una opinión que se ajustaba con exactitud al estilo editorial de RT. Consultado si respetaba a Putin, a quien O'Reilly había tachado de "asesino", Trump respondió: "Nosotros también tenemos muchos asesinos. ¿Acaso crees que nuestro país es inocente?"

Putin habla en Moscú en 2015 por el 10° aniversario de RT. Esa noche cenó con Flynn, Stein y otros.

En los años siguientes, RT encontró amplias oportunidades para realzar lo que presentaba como la hipocresía occidental. Las protestas de los "chalecos amarillos" en Francia, que empezaron en 2018 cuando camioneros fastidiados por los impuestos al combustible empezaron a ocupar zonas suburbanas, resultaban casi perfectos para la cadena, puesto que no expresaban una verdadera agenda política sino abundante furia contra el establishment. Según un análisis citado por los investigadores de Maxime Audinet, RT Francia difundió 1034 videos sobre las protestas, que fueron vistos 30 millones de veces, 25 por ciento más que los 629 videos producidos por cinco de las principales empresas de medios del país.

Las manifestaciones de Black Lives Matter en 2020 y la atmósfera incendiaria en la previa a las elecciones presidenciales norteamericanas aportaron fuentes más ricas en controversias. RT se concentró en las protestas más violentas para crear la impresión de un caos generalizado. Pero el canal y sus filiales en redes sociales también promovieron alegremente noticias de brutalidad policial contra negros. Luego pasaban a divulgar afirmaciones amistosas con Trump en el sentido de que la elección era a la vez disfuncional y fraudulenta, todo subrayado con comentarios sobradores. "Deben estar bromeando", tuiteó Simonyan al conocer que la Organización para la Seguridad y la Cooperación de Europa, un organismo intergubernamental que supervisa elecciones, había dicho que los comicios norteamericanos habían sido bien organizados.

Al comienzo de la preparación militar rusa frente a las fronteras con Ucrania, RT siguió un manual similar. Aunque analistas de todas partes cuestionaban la probabilidad de un ataque concreto, ellos iban más lejos, calificando de histéricas las advertencias de conflicto. La invasión a gran escala que empezó el 24 de febrero quebró esa ilusión; demostró que la verdad podía conocerse, y que los EE.UU y sus aliados estaban en lo cierto. RT pasó rápidamente a apoyar el relato preferido del Kremlin: que sus fuerzas estaban empeñadas en una "operación militar especial" para defender a ciudadanos rusos, no en una guerra de agresión. Luego adaptó su método tradicional de socavar relatos afianzados, denunciando que los gobernantes ucranianos eran nacionalistas autoritarios -cuando no nazis declarados- cuyo pueblo necesitaba una liberación urgente.

La disonancia fue excesiva para muchos de los empleados extranjeros de RT. Hubo decenas de renuncias. "Yo de verdad no creía que Rusia iba a lanzar un ataque militar a gran escala en Ucrania", tuiteó Bryan MacDonald, periodista online de RT y uno de sus defensores más destacados. Desde entonces ha sido sancionado por el gobierno británico. "Pensé que eran amenazas o una exhibición para presionar a Occidente en las negociaciones. Me disculpo por haberme equivocado tanto".

Restringida por las prohibiciones gubernamentales y las decisiones de YouTube y otras plataformas de bloquear sus contenidos, ahora resulta difícil que norteamericanos y europeos accedan a RT. La situación es diferente en países pobres, donde sigue disponible y se la promociona abiertamente, sobre todo en redes sociales. Ello se debe en parte a la ambivalencia de muchos gobiernos acerca de cómo responder a las acciones de Putin. Pocos líderes de países en desarrollo apoyan las acciones de Putin, pero los vínculos históricos o militares, más el escepticismo frente a las intenciones occidentales, hacen que muchos no estén dispuestos a aislar a Moscú. La mayoría de los países en Asia, por caso, se negaron a imponer sanciones económicas, y permitieron que el comercio continuara como antes de la guerra. En una reciente reunión cumbre de seguridad en Singapur, el ministro de Defensa de Indonesia recordó a los asistentes que "su enemigo no necesariamente es el mío", y destacó que su país, el cuarto más poblado del mundo, se considera neutral.

RT a su vez multiplicó sus esfuerzos por llegar a audiencias de mercados emergentes, quienes contribuirán a decidir hasta dónde Rusia quedará aislada del comercio internacional. Esos esfuerzos alcanzan a todo el mundo. El canal transmite en árabe desde 2007 y ha estado reforzando la cobertura en África en idioma francés. También prepara una nueva base en inglés en Johannesburgo. El continente tiene cada vez más relevancia para Rusia; a fines de julio, el ministro de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, visitó Egipto, Etiopía, Uganda y la República del Congo, y en cada país sostuvo reuniones amistosas con sus líderes.

Puede decirse que RT fue más exitosa en América latina, donde muchos países tienen una larga historia de escepticismo con los EE.UU.. La página en español de RT en Facebook tiene unos 17 millones de seguidores -más del doble de su equivalente en inglés-, y las cifras son especialmente altas en la Argentina, México y Venezuela. Un estudio del Consejo Atlántico, que analizó el debate en internet sobre Ucrania en las primeras semanas del conflicto, detectó que RT en Español era uno de los dominios más compartidos en las discusiones en idioma español en Twitter sobre la guerra, y su alcance era ampliado por cuentas de la cancillería rusa y, probablemente, bots.

Puede decirse que RT fue más exitosa en América latina, donde muchos países tienen una larga historia de escepticismo con los EE.UU..

Vladimir Rouvinski, académico en Colombia que estudia las relaciones de Rusia con América latina, afirma que los medios apoyados por el Kremlin promueven tres tipos de contenidos en la región. La primera categoría es la sensacionalista: notas escabrosas sobre temas como desastres naturales, que atraen visitas. La segunda agrupa noticias que muestran el lado negativo de los EE.UU.. Y, la tercera se concentra en los fracasos de sociedades que en apariencia funcionan bien, por ejemplo, choques entre indígenas y fuerzas de seguridad en Chile. Hay poca información sobre la propia Rusia, pero se le da una cobertura positiva a aliados como el venezolano Nicolás Maduro. "El objetivo es poner de manifiesto que la democracia no funciona", señala Rouvinski. Las redes sociales tienen la prioridad abrumadora. En datos publicados en junio, solo un tercio de los norteamericanos consultados por el Instituto Reuters de Estudios sobre Periodismo de la Universidad de Oxford respondieron que habían usado Facebook para informarse en la semana previa. En América latina la cifra llegaba casi al 60 por ciento.

El mejor ejemplo de la estrategia de RT en América latina podría ser ¡Ahí les va!, un programa que combina monólogos y noticias breves que empezó en 2019. La conductora inicial, Inna Afinogenova, una rusa que habla español con fluidez y modismos, presentaba las noticias del día de manera humorística repitiendo el sello de RT como plataforma para pensadores críticos, y trataba desde la vida en Venezuela (es mejor de lo que te cuentan) a los neonazis de Ucrania (son peores de lo que crees). El canal del programa en YouTube tenía más de un millón de suscriptores al momento en que lo cerraron a principios de este año. Afinogenova renunció a RT, pero lo hizo de un modo que hace difícil determinar si también se distanció de los objetivos de la organización.

"No coincido con esta guerra", dijo Afinogenova en mayo en el video en el que anunciaba su salida. Pero también repitió varios de los argumentos favoritos de RT. "No hay buenos ni malos -declaró-. Hay propaganda, y la absorbes, como hacen los rusos. Incluso más ahora, que te prohibieron ver lo que dice el otro lado". Una semanas más tarde empezó a subir videos en YouTube con su propio nombre, y ahora trabaja en Publico, un medio español de izquierda, donde produce un programa de análisis internacional "desde una perspectiva progresista y antiimperialista". No tiene conexión con RT pero el tono, el formato y la perspectiva son similares a ¡Ahí les va!, que continúa con otro conductor. Afinogenova no respondió a un pedido de entrevista.

Proyectos como el de Afinogenova son típicos de lo que parece ser la nueva estrategia de RT y de los medios rusos en general: multiplicar contenidos a través de una decena de entidades sin conexión obvia con el Kremlin que operan en la zona gris entre los productores de contenidos orientados al lucro y la propaganda tradicional. Hay cuentas de imitadores en Twitter y otras plataformas que suben videos que la propia RT ya no puede subir. Ruptly, que tiene sede en Berlín y es parte de esa cadena laxa de organizaciones sostenidas por el Estado ruso entre las que figura RT, distribuye contenidos en video que usan otras empresas. Una filial de Ruptly llamada Redfish, que aclara que sus empleados pertenecen mayoritariamente a "países, comunidades y grupos oprimidos y marginados", produce documentales con títulos como El enemigo interior: los neonazis y el estado alemán. En Twitter y Facebook hay publicaciones de origen incierto, pero presentadas como si fueran de la CNN y la BBC, que alegan falsamente que los ataques rusos con misiles contra blancos civiles fueron en verdad obra de los ucranianos.

Por mucho tiempo existió el riesgo de exagerar el poder de RT, especialmente en países desarrollados con potentes organizaciones periodísticas propias. Según datos de Rasmus Kleis Nielsen, director del Instituto Reuters, solo el 0,6 por ciento de la población online del Reino Unido vio contenidos de RT a comienzos de 2022, frente al 44 por ciento que visitó el Guardian o la BBC. Los vínculos suelen ser limitados y posiblemente inflados por bots. Pero la cantidad de visitantes genuinos posiblemente sea más grande en mercados emergentes, donde hay menos escepticismo respecto de Rusia y una mayor dependencia de la información en redes sociales. Más importante resulta que el modelo de RT -y la estrategia de Rusia para resistir los intentos de estrangular su economía - no precisan que el Kremlin convenza a nadie de mucho. Basta con sembrar la duda, tanto sobre lo que sucede en Ucrania como respecto de la legitimidad de los gobiernos que tratan de sancionar a Rusia. Y después de todo, sembrar dudas es la especialidad de RT. 

Esta nota se publicó en el número 346 de revista Apertura.

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