El lujo de segunda mano es furor y ya hay quienes lo aprovechan como inversión

De la mano de las nuevas generaciones y el valor de la sustentabilidad, el lujo se reconvierte. El mercado de segunda mano ya crece en todo el mundo y se vuelve un negocio redituable.

En noviembre del año pasado, la actriz Zendaya, conocida por su papel de MJ en las últimas películas de Spiderman y de Rue Bennet en la popular serie de HBO Euphoria, sorprendió en la alfombra roja de la entrega del Balón de Oro en París. Tanto su presencia en la ceremonia que consagraría por séptima vez a Lionel Messi como monarca del fútbol, como su look vintage con un vestido de la colección 2000 de la firma italiana Roberto Cavalli dieron mucho de qué hablar.

La actriz californiana no hizo más que recordar que el lujo de segunda mano está a la orden del día para las generaciones más jóvenes. Son consumidores que se incorporaron al mercado en los últimos años, que tienen a la sustentabilidad como uno de sus valores y creen firmemente que hay que hacer lo posible por reducir, reutilizar y reciclar.

Un estudio realizado por Boston Consulting Group (BCG) en 2020 detalla que el mercado de bienes de lujo de segunda mano ya movía entonces 21.000 millones de euros al año. Y el crecimiento estimado era del ocho por ciento anual. En ese contexto, productos exclusivos como carteras y relojes, para los que la escasez es un atributo más de valor, ya empiezan a ser vistos como una inversión y un refugio de valor. Y cada vez son más los que los adquieren con la intención final de llevarlos nuevamente al mercado y obtener una ganancia.

"Hoy muchos de los que acceden a estos bienes lo toman como una inversión, porque son objetos que tienen un precio de reventa asegurado. Puede ser el mismo que pagaron, un poco menor o, incluso, mayor. Depende de la pieza de la que estemos hablando. No es lo mismo un reloj de edición limitada que otro tipo de relojes", dice Marcela García, consultora de marcas de lujo internacionales.

Sin dudas, relojes y carteras son los productos con mayor demanda en el mercado de segunda mano. Piezas de colección de marcas como Rolex y Omega, o los célebres modelos de bolso Kelly y Birkin, de Hermès, y 2.55 de Chanel pueden, incluso, venderse por más dinero de lo que pagó el comprador original, especialmente en los Estados Unidos y China.

En la Argentina, aunque el mercado es más reducido, la tendencia se repite. Los coleccionistas buscan asegurarse de acceder y resguardar su dinero en bienes que, además, podrán usar y lucir en los eventos a los que asistan.

Ernesto Kohen, presidente de Grupo Chronex, tiene la representación de Omega en la Argentina

"Para quienes estamos en el negocio de la alta relojería suiza no es novedad que el segmento se use como refugio de valor. Son productos que siempre tienen una gran demanda porque la escasez está diseñada desde la producción. Hay un juego con la limitación del acceso, porque eso es lo que otorga la exclusividad", explica Ernesto Kohen, presidente de Grupo Chronex, empresa que tiene la representación local de marcas como Omega, Piaget y Raymond Weil.

Sold out

El sector, agrega, no sufrió durante la pandemia, sino que, por el contrario, tuvo un momento de expansión. Incluso en el país, donde en los últimos dos años vendieron todo lo que pudieron importar.

Las ventas locales subieron entre un 10 y 15 por ciento desde el año 2020. Y con un mercado que asigna cuotas para cada país, llegó a haber puja entre distintos clientes por hacerse de alguno de los modelos especiales de Omega que llegaron a la Argentina.

"La industria relojera suiza de alta gama tiene como estandartes la calidad y limitación de la cantidad. Buscan que el producto sea escaso y difícil de adquirir. Por eso hay algunos modelos que tienen mayor valor de reventa que el precio de lista apenas fueron comprados", dice Kohen.

Hasta enero del año pasado, los compradores argentinos tenían un motivo extra para adquirirlos: acceder a bienes dolarizados importados al dólar oficial. Sin embargo, desde entonces para ingresar en el país productos considerados suntuarios hay que tener financiación propia o recurrir al contado con liquidación.

Pese a esta limitación, dice Kohen, la demanda no cayó: "Hay mucha preventa y lista de espera. Y tenemos que ver qué cuota le asignan a la Argentina. Omega sacó una serie limitada de la línea Speedmaster y a la Argentina le tocaron 14 relojes. Y hay más de 10 coleccionistas de esa serie en el país".

El empresario destaca que podría vender mucho más de lo que traen actualmente. Sin embargo, dependen de lo que asignen las casas matrices. Este año, ingresará un 10 por ciento menos que en 2021.

El mercado de lujo mueve más de 40.000 millones de euros al año 

Fuentes del mercado señalan que un reloj de edición limitada que se adquiere por US$ 15.000 puede alcanzar rápidamente un precio de reventa de US$ 20.000. Y al ser bienes de fácil transporte y que se cotizan de manera similar en todo el mundo, es muy sencillo ponerlos nuevamente en el mercado.

Mercado en crecimiento

Según BCG, en una encuesta realizada entre 7000 casos para el retailer de segunda mano Vestiaire Collective, se espera que en 2025 la demanda de productos de lujo de segunda mano sea el doble de la que había en 2020. Para ese entonces, entre el siete y el nueve por ciento del total de bienes del mercado corresponderá a aquellos que obtuvieron una segunda vida.

"Cada vez más, los consumidores se dan cuenta de que es posible comprar de forma asequible y sostenible artículos exclusivos, de alta calidad y de tendencia. Aunque el número de compras de moda y el tamaño de los armarios han disminuido durante la pandemia, es probable que la proporción de artículos de segunda mano en los armarios de los compradores siga aumentando en los próximos años", señala la consultora.

En la Argentina, la tendencia del lujo de segunda mano aún no está instalada de modo definitivo. Con un mercado pequeño, es difícil encontrar fenómenos como Vestiaire Collective o The Vault Luxury Resale. Los revendedores locales son pocos y los precios no llegan a ser los que se ven en otros mercados.

"El único lugar de consumo grande es los Estados Unidos, mucho más que Europa. Ahí es donde se puede llegar a tener una oportunidad de hacer negocio si se tiene algún artículo puntual. Puede ser una cartera de Hermès, que con los años, y si está bien cuidada, recupere o incluso gane valor", dice Carla Mellini, dueña de Boycapel Luxury Vintage, situado en pleno corazón de Recoleta.

Un reloj coleccionable puede incrementar su valor apenas después de haber sido comprado 

El local abrió hace nueve años y se especializa en revender marcas de lujo. En este tiempo, fueron creciendo en cantidad de clientes gracias al boca en boca. La ventaja de ingresar en este segmento, dice Mellini, es que los productos no necesitan publicidad. "Tengo dos socias. Una de ellas era vendedora en Hermès y vio que había una posibilidad de negocio. Ya tenía una cartera de clientes que la conocían y a las que les pudimos empezar a ofrecer artículos de segunda mano", cuenta.

Y aunque en el mundo se ven precios superiores a los locales, de a poco se ve un crecimiento del mercado vintage. La sustentabilidad y evitar la cultura del desperdicio son la marca registrada de las generaciones más jóvenes. "Tener una pieza de hace 10 años o hace 20 años que sigue vigente y está en estado impecable tiene valor superior a lo nuevo. Es un sentido de estatus que tiene que ver con el medioambiente. Ahí es donde los nuevos consumidores de lujo creen que está el valor", explica García.

Además, en el sector se ve una revalorización del trabajo artesanal y de los oficios. Las grandes casas de lujo entendieron que hay nuevos consumidores con valores diferentes y empezaron a hacer hincapié en la revalorización del comercio justo y el trabajo manual. Buscan diseñadores que ya tengan incorporado el concepto de sustentabilidad y, de a poco, empiezan a buscar alternativas a los productos de origen animal.

En ese sentido, según destaca el estudio realizado por BCG, al 70 por ciento de los compradores de segunda mano les gusta el aspecto sostenible de su consumo. Esto es un crecimiento de ocho puntos porcentuales con respecto a 2018.

Menos es más

"Los compradores esperan poseer menos artículos, aunque mejores, para reducir el consumo excesivo y cuidar mejor lo que hay en sus armarios; la presencia de un próspero mercado de segunda mano fomenta los tres objetivos", explica la consultora en su informe.

Fuera de los dos grandes ganadores del mercado de segunda mano, relojes y carteras, hay otros accesorios que pueden convertirse en buenas inversiones. Uno de ellos son los pañuelos y foulards de seda de las grandes casas de moda, que suelen hacer ediciones limitadas con estampas exclusivas y, muchas veces, realizadas por artistas de renombre. El otro son los anteojos de sol, que pueden ser vendidos a muy buen precio si se espera lo suficiente para que la moda pegue la vuelta.

"Son artículos muy solicitados. Hoy hay un mercado muy activo para los productos de seda", sostiene García y destaca que muchas veces lo que se paga en el mercado de segunda mano es el costo de oportunidad.

Es que para acceder a estos bienes de lujo hay lista de espera, especialmente para productos icónicos como una Kelly Bag. Y a eso hay que sumarle que las casas de alta gama eligen a sus clientes. "No hay que perder de vista que el lujo es un concepto emocional y de estatus. Si el prestigio está en cuidar el medioambiente, entonces todo va a ir en ese camino", agrega.

Un escalón más abajo en el mercado del lujo, Swarovski asegura que les ofrece a sus clientes "un estilo de vida". Y en el diseño de su joyería realizada con cristal se encuentra el secreto para que sus productos sean tan codiciados. "Es cierto que es cristal, no son diamantes ni oro. Entonces, el enfoque de tomar nuestras piezas como inversión es distinto. La compra es por el diseño, pero no es una piedra real", explica Carla Assumpção, directora General de Swarovski para Chile, Brasil y la Argentina.

Carla Assumpção, de Swarovski, asegura que el mercado de segunda mano está muy activo

El mercado de segunda mano, agrega, está activo y permite, en ocasiones, retener el valor de lo que se pagó por una pieza. En la Argentina, la marca tiene nueve locales y desde 2019 cuentan con un canal de venta online.

"Es una marca que nunca se fue del país. Tuvo muchas crisis y en ese sentido, tiene todos los beneficios de haber estado en el país en todo este momento. Eso nos permitió recuperarnos de la pandemia con rapidez. Hoy estamos con ventas por encima de las que teníamos en 2019", señala.

No todo es moda

Fuera de la moda, los coleccionistas también apuntan a bienes suntuarios como vinos y destilados raros. En un mercado que funciona de manera similar al del arte, en los últimos años se vieron subastas récord. Solo por dar un ejemplo, una botella de vino francés Petrus cosecha 2000, añejada 14 meses en el espacio se vendió en nada menos que US$ 1 millón en abril del año pasado.

Los vinos y destilados raros están batiendo récords de precios en subasta

Sin llegar a esos extremos, el mercado de los whiskies raros se revalorizó un 540 por ciento en la última década, según el Knight Frank Rare Whisky 100 Index. Este incremento convierte a la bebida espirituosa en una de las inversiones más rentables de los últimos años.

"Su valor coleccionable ha aumentado en mayor proporción que el precio del barril de crudo Brent y que el oro, y lo ubica entre los analistas financieros y los brokers como uno de los activos más codiciados para invertir y vender en la actualidad", detalla Joe Cabassa, Brand Ambassador de The Macallan, la marca premium de whisky escocés.

En 2019 se batió el récord de precio en una subasta. Un coleccionista pagó US$ 1,9 millones por una botella de The Macallan 1926 Fine & Rare Collection 60 Year Old. La bebida había sido destilada en 1926 y embotellada en 1986.

"Este es un mercado similar al del arte. La gran diferencia es que lo que se subasta es un producto hecho para tomar. Sin embargo, comparte con las obras de arte las condiciones de escasez y rareza. Eso hace que se vuelvan piezas muy codiciadas y que los coleccionistas las quieran exhibir en sus casas", cierra Cabassa. 

El texto original de esta nota fue publicado en el número 340 de la revista Apertura

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