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El lado B de uno de los CEO de Vaca Muerta: jardinería, viajes con la SUBE y ese dolor llamado Venezuela

Ricardo Rodríguez cumplió un año como CEO de Shell en la Argentina. Con experiencia en el Golfo de México y el Permian de los Estados Unidos, explica por qué la Argentina puede triplicar su producción de petróleo no convencional. También, qué le falta

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Ricardo Rodríguez, VP & Country Chair de Shell para la Argentina, Uruguay y Chile, ya cumplió un año en el país. Sorprende con la respuesta cuando se le pregunta por su adaptación a su actual destino. "Tardé tres días en adaptarme a la Argentina", afirma. "Fue lo que llevó conseguir la tarjeta SUBE. A las noche, vuelvo a casa en el colectivo. También, la uso los fines de semana", cuenta.

Día a día, cientos, miles de argentinos, ignoran que ese ingeniero químico venezolano de 48 años, de rostro aniñado, ojos claros y hablar sereno, que camina desde la histórica sede de Shell en Diagonal Norte hasta la 9 de Julio para subirse a un colectivo -y acomodarse como cualquier hijo del vecino una vez arriba de la unidad- sea la persona que lidera una operación que, desde 2018, cuando Shell le vendió sus activos de refinación y comercialización (downstream) a Raízen, lleva más de US$ 2000 millones invertidos en Vaca Muerta, monto a los que se sumarán US$ 500 millones este año

O que, en 22 años al servicio de la angloholandesa, trabajó en pozos de aguas profundas en el Golfo de México, acumuló experiencia en el Permian, la formación de hidrocarburos no convencionales de los Estados Unidos que marca la vanguardia en ese tipo de combustibles, o gestionó todo el portafolio de exploración de Shell desde Nueva Escocia hasta la Patagonia.

"Es una experiencia interesante", dice, acerca de su faceta como curioso urbano. Frase que, en general, podría trasladarse a toda su vivencia en el país. Por supuesto, también la profesional. "En general, las primeras impresiones de la Argentina son excelentes. Tanto desde el punto de vista de las oportunidades de crecimiento y, además, poder contribuir de manera específica e impactante a la economía del país. Me uní a un sector que, en este momento, puede hacer una gran diferencia", define.

Usted viene del Permian. ¿Qué de ahí aplica en Vaca Muerta?

Tenemos muchos aprendizajes desde el punto de vista técnico, de eficiencias y seguridad. Además, todo lo que tiene que ver con tecnología. Por ejemplo, en el último año, hemos reducido nuestra huella de carbono significativamente. Con ganancias de eficiencia, manejamos parte de la presión inflacionaria para mantener los costos a nivel competitivo. Aún hay un espacio grande para recorrer.

¿Por ejemplo?

En el Permian, desarrollamos múltiples horizontes, múltiples reservorios, al mismo tiempo: en un mismo sitio, con un footprint relativamente pequeño, puedes desarrollar múltiples niveles de yacimiento. Estamos comenzando a hacer eso en algunas zonas. También corrimos fibra óptica en dos pozos mientras hacíamos completaciones. Eso permite entender mejor la geofísica de la roca y, así, completar y mejorar los diseños de los pozos futuros. Eso lo hicimos a fines del año pasado y vamos a implementar muchos de eso aprendizajes.

¿Cómo está la operación?

El equipo ha logrado traer materiales, a pesar de todas las dificultades desde el punto de vista macroeconómico, de las dificultades asociadas con el acceso a divisas. Estamos construyendo una planta. Pensamos ponerla en producción el año próximo, añadiendo otros 15.000 barriles a nuestro volumen actual, que día a día es más record.

¿Qué desafíos ve?

Uno de los principales desafíos, no nuestro sino de toda la cuenca, es la capacidad de midstream. Eso limita el aumento de producción. Hoy, el basin está en 300.000 barriles diarios. El tema es cómo podemos llevar a esa cuenca a 600.000. O 1 millón. Ahí, tendremos retos, no necesariamente relacionados con la riqueza del recurso.

¿Con qué?

Con los bienes y servicios que vamos a necesitar. Para traerlos, con costos y condiciones competitivas, necesitamos marcos regulatorios y fiscales que sean estables. También, la posibilidad de acceso a divisas para poder traer nuevas inversiones. Porque eso requerirá grandes inversiones de infraestructura, de equipos... Hoy, en Vaca Muerta, están operando sólo ocho sets de fractura. Con eso, hemos alcanzado el record de 300.000 barriles como cuenca. En los Estados Unidos, hay cientos. Para que la Argentina pueda convertirse en un país exportador y producir, probablemente, tres o cuatro veces su volumen actual en los próximos 10 años, vamos a necesitar mucho de esa tecnología. El asunto es cómo convencemos a las empresas de servicios a hacer sus inversiones para traer esos equipos al país.

En cambio, en los últimos años, hubo empresas de servicios grandes que se fueron del país.

Se necesitarán tres cosas. La primera es infraestructura. Es algo en lo que estamos trabajando y aumentará. Sobre todo, en cuanto a la capacidad de evacuación de crudo desde la cuenca. Lo segundo es el acceso a divisas para poder seguir trayendo bienes y materiales que nos ayuden a mejorar la eficiencia para competir globalmente por capital. Lo tercero es tener un marco fiscal y regulatorio estable. Que puedas tener confianza de traer inversiones y que, una vez hechas, no cambien las reglas. Soy optimista.

¿Por qué?

Veo que, por primera vez, la Argentina está produciendo suficientes líquidos para satisfacer no sólo el mercado interno, sino convertirnos en exportadores netos de crudo. Así que cada barril adicional en la producción actual es un barril que va para afuera. Son divisas nuevas que entran al país y pueden jugar un papel importante en la economía. No sólo para reducir el balance negativo comercial que existe en términos energéticos, sino para no depender, por ejemplo, de temas ambientales para la cosecha, como ocurre este año.

Mencionó el acceso a divisas. Existe la percepción de que la industria petrolera es de los pocos que tienen libre acceso a dólares.

No existe el libre acceso a divisas. Ahí, hay dos puntos. Primero: la industria petrolera genera más divisas que las que consume. Entonces, no debería haber tanto miedo de dárselas. Ahora, que todo va a exportación, esas son todas divisas netas. Hoy día, no tenemos libre acceso a divisas. Existe un sistema de aprobación, de importaciones (sobre todo, de bienes; también hay otro para servicios), que no funciona del todo bien. No es un tema de voluntad, sino de burocracia, de operatividad, de la coyuntura económica del país, del nivel de reservas del Banco Central, que ponen ciertas limitaciones a cuál es ese acceso a divisas. Hay restricciones adicionales para girar dividendos, ganancias para a los accionistas. O pagar deuda en el exterior.

La discusión de Vaca Muerta estuvo (está) muy centrada en gas por la urgencia. ¿Qué falta hacer en petróleo, que es el foco que eligió Shell?

Muchísimo. Shell hoy está en 40.000/45.000 barriles diarios. Queremos subir a 55.000 el año que viene. La industria, que hoy está en 250.000/ 300.000, con las condiciones ideales, puede llegar a 1 millón. Hay mucho por hacer en crudo. Si tuviera que elegir, empezaría por proyectos de infraestructura. Eso ocurrirá si hay acceso libre a divisas. Y una tercera cosa que debería haber es un mercado libre en términos de precios. Gran parte de los precios están regulados. Vendemos barriles al mercado interno a un precio que está subsidiado. Es importante que, con el tiempo, no siga habiendo un gap muy grande entre ese valor y el internacional. Si hay libre acceso a divisas y mercado libre de precios, la infraestructura llegará.

¿Por qué?

Todas las empresas están ávidas de meter capital. Shell tiene muchas opciones en el mundo. Yo quiero traer más inversiones a la Argentina. Pero tengo que competir con mis contrapartes en un mercado global. ¿Cómo puedo hacerlo? Un aspecto principal, por supuesto, es la calidad del recurso. Eso está chequeado: la Argentina lo tiene. Lo segundo es la estabilidad regulatoria y fiscal. Que las reglas sean claras ahora y cuando deje de invertir y empiece a recibir dividendos. Y una tercera: la calidad de la gente. La Argentina tiene dos de esas cosas: el recurso humano y el del suelo.

¿Por qué, aquí, Shell es petróleo y no gas?

Es un reflejo de nuestro portafolio. Nos hemos concentrado en el corto plazo en nuestra área más rica en líquidos. La razón es porque es donde había más infraestructura existente, era más fácil conectarse a los sistemas de evacuación. En nuestro portafolio, hay una zona rica en gas donde tenemos el 50 por ciento y el socio operador es Total. Estamos haciendo los estudios para reducir el riesgo y entender de verdad cuál es la calidad de esa roca. Este año, probaremos un par de pozos para ver el potencial antes de hacer la inversión.

¿En qué Vaca Muerta es distinta al Permian? ¿En qué requiere hacer las cosas de otra forma?

La disponibilidad de equipos es mucho menor. La competencia por ellos es mucho más difícil. Lo cual eleva significativamente los costos. Cuando llegué, el mismo pozo que perforaba en el Permian, me costaba 30 por ciento más en la Argentina. Ese gap no desapareció. También, es cierto que, aquí, la roca produce alrededor de un 20 por ciento más. Lo ideal para la Argentina sería tener esa roca maravillosa con los costos maravillosos del Permian.

¿Cuál es el punto principal de esa diferencia?

El mayor es que no hay desarrollada una industria de soporte. En los Estados Unidos, hay toda una consolidación del sector energético, asociado con tuberías, equipos... El que fabrica una tubería necesita una industria de acero; allí, hay industria del acero. Existe industria de base.

A nivel global, Shell incursionó en la generación de energía renovable. ¿Por qué no aquí?

Son inversiones que estamos revisando todo el tiempo. Pero, para ir a renovables, necesitaremos las mismas condiciones que para Vaca Muerta. Son inversiones altas de capital. Vamos a requerir un marco fiscal y regulatorio claro, estable. Y acceso a divisas: muchos de esos componentes se adquieren en el exterior. Por ejemplo, hemos invertido más de US$ 2000 millones en Vaca Muerta hasta la fecha y serán otros US$ 500 millones este año. Ese ha sido nuestro ritmo. Recién este año, estamos empezando a girar dividendos.

¿El segmento interesa?

Hay proyectos en los que estamos considerando participar. En este momento, la gente está trabajando en eso. En la Argentina, no somos especialistas en generación eólica o solar. Hay compañías que sí lo son. Tal vez, en esta primera etapa, queramos participar de esos proyectos como un lease. No niego que, en el futuro, pudiéramos considerar generarlos.

En términos de skills personales, ¿qué le sirvió para superar este año y qué tuvo que aprender a la fuerza?

La mayor parte de mis skills son de negocios. Llegué al Permian en 2019 y, en tres años, a pesar de la pandemia, prácticamente sacamos al negocio y lo pusimos en una posición en la que generaba un retorno importante para nuestros accionistas. Lo primero es tener absoluta y brutal claridad de lo que se quiere lograr. Que lo sepa toda la organización. Que todos estén alineados acerca de lo que la compañía quiere conseguir. Lo segundo es tener el respaldo de casa matriz en términos de inversión. Para eso, hay que ser creíble: si dices que vas a entregar equis, entrega equis. Eso se gana con tiempo. Mucho de eso me es útil en la Argentina.

Pero no es lo mismo operar acá que en otro lugar.

No. En los Estados Unidos, pensaba que parte de esa eficiencia requería una mayor fractura en determinada época del año, levantaba un teléfono y, a los meses, tenía un set fracturando. No es igual en la Argentina. Hay muchos actores en el sector y la dinámica es mucho más compleja.

¿Qué le demandó eso: más flexibilidad, resiliencia?

Dos cosas. Primero, delegar en un equipo maravilloso, que entiende esa complejidad y puede traducirla en áreas de foco. Lo otro es que aquí tuve que dedicar una parte muy grande de mi tiempo a conocer a los múltiples actores que hay en el sector. Y a tener muchísima más exposición externa. Mis funciones anteriores estaban más limitadas a hacer negocios con partners.

¿La Argentina lo llevó a aceptar más la frustración?

Tienes que entrenar la paciencia. Pero tampoco es algo que no conocía. Trabajé seis años en Venezuela. Por supuesto, sus dificultades no son iguales a las de la Argentina. Pero hay cosas que cuestan mucho más en América del Sur que en los Estados Unidos. También es una percepción errada creer que, allá, todo funciona bien. Esta es una industria compleja. La diferencia es que, si aquí, podemos producir 100.000 barriles más de crudo, es una diferencia para la economía del país por las divisas que genera. Ese volumen, en los Estados Unidos, no hace ni cosquillas.

¿Cree que se va a ir de acá siendo un manager argentino?

Estoy creciendo mucho desde el punto de vista de cómo se manejan negocios en sitios mucho más complejos. La exposición externa es algo que no tenía en mis funciones anteriores. Es importante para mi futuro, incluso, cuando no trabaje más en Shell y no sé... Haga advisory... O, a lo mejor, me dedico a los jardines (ríe).

¿A los jardines?

Me gustan mucho las flores, los árboles.

Es potente que el CEO de una petrolera tenga como afición algo tan verde como la botánica y la jardinería.

Me gusta. Por donde voy, tomo fotos de las flores y trato de entender a qué reinos pertenecen, cuáles son las distintas especies. Hay que tener otros hobbies.

¿En qué se está ‘aporteñando'?

En todo. El mate... No mateo en la oficina. Pero sí en casa. Es muy fácil acostumbrarse a muchas de las comidas que hay aquí. Es lindo el país.

¿Fútbol?

Tengo un equipo. No lo digo para no ponerme a la mitad de la compañía de enemigos. Antes de irme, voy a develar de quién soy hincha. Disfruté mucho el Mundial aquí. Me fui a verlo a una plaza. Es un lindo país. Es linda gente. Me han tratado muy bien. No me he sentido fuera de casa.

¿Qué conocía?

En Caracas, había una comunidad muy grande de gente del sur, que se había ido por las dictaduras en Uruguay, la Argentina y Chile. Me crié en medio de gente que tomaba mate, que hablaba cosas de la Argentina. Comiendo empanadas.

Hablando de "fuera de casa"... Contó que no vive encapsulado. ¿Qué siente cuando ve a tanto compatriota suyo que está rehaciendo su vida acá?

Ante todo, me da mucho dolor que haya mucha gente que se haya ido de Venezuela. Normalmente, quienes nos íbamos al exterior no veíamos venezolanos. Cuando yo mismo dejé Venezuela, no pensaba que nunca volvería a trabajar allí. Me fui a hacer un poco de experiencia, dar una vuelta al mundo, quizás hacer algo de dinero y volver a trabajar a Shell Venezuela. Esa era mi expectativa. Por supuesto, dentro de mi asignación afuera, pasó lo que pasó y no existe más Shell Venezuela. Me consideré un poco, a lo mejor, en la misma situación que muchos de esos paisanos que están por allí.

Terminó en la Argentina.

Como no podía trabajar en Shell Venezuela, porque no existía, era un sitio de la región sudamericana donde yo podía ayudar al progreso de esas sociedades. Yo le debo mucho a América del Sur. Mis padres son españoles. Emigraron después de la Guerra Civil, en condiciones económicas muy difíciles. Llegaron a Venezuela. América del Sur les dio muchas oportunidades que, a lo mejor, no habrían tenido en España. Siempre me sentiré muy agradecido. Con Venezuela, por supuesto, y con la región. Si no puedo contribuir con mi país, esta es una manera de contribuir con América del Sur. Pero, para responder a la pregunta, me da mucha lástima ver a gente que podría estar contribuyendo con el desarrollo de Venezuela y no está allí.

Esta nota se publicó originalmente en el número 354 de la revista Apertura, correspondiente al mes de junio de 2023.


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