

En su primer acto oficial en Uruguay, León XIV abrió el diálogo apelando a la memoria histórica del pueblo oriental: recordó la Redota de 1811 y señaló el monumento a José Gervasio Artigas en Plaza Independencia como un punto de partida para mirar el país de hoy.
Al saludar a los uruguayos, aseguró haber aceptado “con mucha alegría” la invitación y destacó su intención de recorrer la tierra, acercarse a su historia y encontrarse con hombres y mujeres de realidades diversas, con especial mención a Florida y la devoción a Nuestra Señora de los Treinta y Tres.

El pontífice citó a Artigas y el Congreso de Abril de 1813 para subrayar la relación entre autoridad y pueblo: “mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”, y valoró la idea de que la autoridad debe responder ante la comunidad que la confiere. En ese marco reivindicó los 40 años de democracia ininterrumpida en Uruguay, advirtiendo que la autoridad pública encuentra su razón de ser en el servicio al bien común y debe ejercerse dentro del orden jurídico, respetando la libertad y la responsabilidad ciudadana.
León XIV planteó una agenda de desafíos concretos para Uruguay: celebró la “transformación profunda” hacia energías renovables y llamó a pensar a largo plazo en el uso responsable de la tierra, el agua y la energía.
Señaló la necesidad de abordar problemas del transporte y la producción con visión intergeneracional, sin hipotecar las posibilidades de las generaciones futuras, y subrayó la importancia de que la tecnología, incluida la inteligencia artificial, sirva para facilitar tareas sin volver prescindible al trabajador.

El Papa y la vida
Se mostró preocupado por la evolución demográfica y destacó la protección materna: “La vida que comienza… pertenece ya a la familia humana y al futuro de su pueblo”, dijo, reclamando condiciones sociales que permitan a los padres cuidar y educar a sus hijos. Enfatizó que asegurar alimentación y educación adecuadas es esencial para ampliar las oportunidades de futuro de los niños y jóvenes.
La atención a la salud mental y la dignidad en la enfermedad ocuparon otro eje del discurso. León XIV habló de la soledad, la angustia y el suicidio, y vinculó la respuesta a estas realidades con la atención sanitaria, los lazos familiares y la cercanía comunitaria.

Aludió además a su propio tratamiento médico reciente para reclamar acceso oportuno al diagnóstico y la atención, independientemente de los recursos, y sostuvo que a todos corresponde procurar que cada persona pueda vivir con dignidad y recibir cuidados hasta el término natural de su vida.
En clave social y económica, el Papa exhortó a que la creación de riqueza y la inversión se traduzcan en bienes y oportunidades para las familias y abogó por la convivencia plural en un Estado laico que garantice libertad y respeto. Recomendó la resolución pacífica de controversias y la integración regional, valorando a Montevideo como sede de la Secretaría del Mercosur.
Cerró su intervención invocando la responsabilidad mutua que, dijo, se conserva desde la Redota: vino “como sucesor de Pedro y como pastor” para encontrarse con la Iglesia y acercarse con afecto a todo el pueblo uruguayo, pidiendo que la fe y la esperanza acompañen al país.









