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Jan Kok (*)
Más allá de la tragedia humana, es casi irrelevante el resultado del conflicto de Medio Oriente. Todos perdieron, los actores y los espectadores. Estos últimos, especialmente, en la previsibilidad de cubrir sus necesidades de materias primas no solo energéticas, porque el faltante también alcanza a fertilizantes, gases usados para refrigerar centros de datos y la misma seguridad alimenticia.
Curiosamente, los precios de la energía no han reflejado aún la magnitud de las consecuencias del conflicto. En el corto plazo, sea por liberación de reservas, especulación en posiciones de carteras en áreas no incluidas en el conflicto o, muy probablemente, creer que los flujos se van a normalizar más rápido de lo que la historia sugiere.

Solo analizando las consecuencias de las acciones en el Mar Rojo, pese a su levantamiento, la confianza de los armadores y operadores no volvió y el tráfico nunca se recuperó del todo.
El grado de disrupción en el tráfico de petróleo y gas afecta su precio, el de los fletes, la disponibilidad de buques y la seguridad energética de no pocos países. Los valores de flete en los petroleros de gran tamaño, entre uno y dos millones de barriles de capacidad, se dispararon a niveles nunca vistos. La mayoría de los fletamentos no se reportan, lo que agrega más incertidumbre. Valores diarios se han duplicado en algunos casos dado que los buques tuvieron que reposicionarse desde Medio Oriente a otros orígenes, como EEUU, África, Brasil y Argentina, sumando toneladas/milla y, por ende, escasez. Valores superiores a u$s 200.000 diarios de tasa de demora ya son un hecho, dado que los operadores necesitan que sus buques roten a la mayor velocidad posible.
Países como Corea, Japón o Taiwán, sin recursos propios alternativos como carbón, están llegando rápidamente a un stock crítico de petróleo y gas sin horizonte claro, pagando fletes y precios exorbitantes, ya que no hay combustible más caro que el que no está cuando se necesita.
Un drama
Adicionalmente es un drama para el personal embarcado que no tiene horizonte claro mientras estén atrapados en el conflicto. Además del estrés del tiempo imprevisible de mantenerse encerrados a bordo, sin posibilidades de rotación de personal, corren también riesgos de agotar suministros ya que no se puede planificar una situación como la actual. Se estiman más de 800 buques a espera de moverse, lo que puede significar unas 20.000 personas entre embarcados y a espera de rotación. Una tragedia humana.

Mismo si se logra un acuerdo en los próximos días, la fragilidad que ha mostrado esta ruta va a tardar mucho en volver a un estado de normalidad. Peor aún; se ha perdido la confianza de todo el mundo sobre esta zona. Recuperarla va a tardar mucho tiempo y claras acciones. Por ahora se perdió irremediablemente, no se sabe por cuánto tiempo. Esta situación va a afectarnos, lamentablemente, de una forma u otra.
(*) Experto en transporte marítimo.










