Es muy probable que el valor de la producción agropecuaria (cereales y oleaginosas) resulte mayor en el año 2011 que el pasado. Y se obtienen estos valores aún computando los esperados por los efectos de La Niña. Sucede que en el corto plazo los cambios de precios de materias primas a nivel global más que compensan las mermas de volúmenes. Además, y como factor de tendencia de importancia para el largo plazo, los aumentos en cantidades obtenidas tendrán más relevancia que las inevitables fluctuaciones y posibles caídas de precios. Si bien estas no parecen inminentes se observaran niveles de precios de materias primas agropecuarias elevados comparados con parámetros históricos. La evolución de la productividad de este sector en Argentina, particularmente en los últimos quince años, marca una disparidad en los factores de competitividad comparados con el resto de la economía. Esta cuestión estructural hace resurgir el debate sobre la adaptación de una economía nacional conteniendo áreas con muy dispar evolución con efectos sobre cuestiones tales como el tipo de cambio y definición de motores de desarrollo nacional.Efectos de corto plazoLos recientes fenómenos climáticos llevaron a disminuir los volúmenes previstos en la cosecha de soja y girasol a unas 47 millones de toneladas comparadas con 55 millones de 2010. Sin embargo, hubo un crecimiento en las cantidades obtenidas de trigo y maíz (pasando a 35 M de 30M de tn). Más relevante aún sobre los ingresos totales, es el impacto de precios que, en los niveles actuales, llevan al valor total de la producción de estos cultivos a u$s 32.300 millones desde los u$s 26.600 millones de 2010.

Sus mismos niveles son una consecuencia de menores volúmenes en el mundo frente a una demanda que sigue creciente.Cuestiones de largo plazoLos precios actuales se corresponden en muchos casos con picos históricos, incluso si cuando se los ajusta por inflación internacional. Por ello, y atento al carácter volátil y cíclico que históricamente han mostrado los precios de materias primas, no pueden descartarse correcciones a la baja en el largo plazo.

La historia económica muestra que hubo varias instancias en que saltos y presiones de demanda por razones demográficas y/o de poder adquisitivo fueron alcanzadas luego por aumentos de oferta posteriores, gracias a innovaciones tecnológicas en la producción, entre otras causas. Entre otros, el liderazgo que Argentina tiene en materia agropecuaria, significó que la cosecha total pasara de 44 millones de tn en 1995/6 a 95 millones en 2010, está permitiendo que hoy puedan capitalizarse los beneficios de mayores volúmenes a precios que todavía no incorporan los progresos que hoy están registrando otras regiones del mundo. Y no nos parece que se haya alcanzado la madurez, por cuanto serían factibles nuevos aumentos en el futuro. Aunque todo ello redunde en nuevos niveles de equilibrios entre oferta y demanda, en nuestro país quedarán indudablemente los efectos de ingresos por los mayores volúmenes.La competitividad nacionalDurante los últimos meses se observan aumentos en los costos de producción, medidos en pesos y en moneda extranjera, que afectan la competitividad de varios sectores, en particular de los industriales y de servicios locales. Una profundización de esta tendencia se anticipa para los meses venideros. Con la incorporación de las subas de precios y mejoras de productividad que hoy registra el agro, se podría prever un margen adicional para apreciación real del peso, por el mayor ingreso de divisas. Sin embargo, tan sólo en el último año las importaciones, medidas en u$s, crecieron 46 % contra un PBI que lo hizo en 21%. Es cierto que determinadas políticas oficiales exacerbaron compras externas, (como combustibles) y que también erosionaron potenciales exportaciones (trigo, lácteos, carne vacuna), pero aún así la tendencia se mantiene y puede, a mediano plazo seguir erosionando el nivel superávit externo, comprometiendo la sostenibilidad de la dinámica.

Resulta deseable en un año electoral que este tipo de problemas que condicionan y afectan las perspectivas de nuestra economía sean abordados de una manera que permita evitar fluctuaciones y ajustes bruscos y, con ello, generar las condiciones de su desarrollo sostenible.