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Finalmente, el Juzgado Nacional en lo Comercial N° 17, a cargo del juez Horacio Robledo, abrió formalmente el concurso preventivo de la láctea Verónica, propiedad de la familia Espiñeira.
La empresa se había presentado en convocatoria de acreedores en agosto, pero el juzgado le había requerido información y documentación adicional antes de disponer la apertura formal del proceso.
Ahora, el magistrado calificó el proceso como un “gran concurso”, debido a su magnitud: la compañía registra 829 acreedores, tiene 360 empleados y opera tres plantas industriales.
Verónica atraviesa una crisis financiera y productiva que terminó de profundizarse este año.
Entre las causas que enumeró la empresa en agosto destacó la caída del consumo y de sus volúmenes de venta, el incremento de los costos de producción, la imposibilidad de trasladar el aumento de los costos a los precios, y las crecientes restricciones para acceder al financiamiento.
Según indicó la propia empresa, sus volúmenes de venta cayeron un 26,5% en 2025, en relación al año anterior.
Durante ese periodo, Verónica pasó de 94.798 toneladas a 69.692. La tendencia se profundizó este año, lo que llevó a la compañía a quedarse sin capital de trabajo y a frenar su actividad productiva.

En el balance financiero de 2025, con cierre al 31 de agosto, la empresa registró pérdidas por $ 28.549,2 millones, frente a una ganancia de $ 3414,8 millones en el mismo periodo del año anterior.
De los escritos que presentó en agosto ante la Justicia, se desprende que, al 30 de junio de 2026, mantenía deudas comerciales por $ 26.861,3 millones; deudas financieras por $ 4211,8 millones; deudas laborales por $ 10.357,7 millones; deudas fiscales y previsionales por $ 76.245,3 millones; y “otras deudas” -tal como figura en el documento- por $ 323 millones. A ese pasivo se le suma un ítem de vacaciones y embargos judiciales por $ 496 millones.
Debido a la profunda crisis que atraviesa, de sus tres plantas ubicadas en Santa Fe, en Clason, Lehmann y Suardi, solo esta última está operativa y lo hace bajo un contrato de producción a fasón con Copalac S.A.S., una firma cordobesa.
En la planta de Clason, la empresa adelantó que “se están completando las tareas necesarias para posibilitar su puesta en funcionamiento, previéndose que la operatoria pueda comenzar a la brevedad”. También allí firmó un contrato de producción a fasón, en este caso con la sociedad Lacterra S.A.S..
En lo que respecta a Lehmann, Verónica se encuentra en negociaciones con una firma interesada. No agregó mayores detalles al respecto.
Venta de activos
Para sumar fondos a su ahogada estructura financiera, Verónica acordó la venta de las plantas de Suardi -por u$s 6,5 millones- y Clason -por otros u$s u$s 9 millones- a Copalac y Lacterra, respectivamente.
Las operaciones, que todavía requieren autorización judicial, representarían un ingreso de u$s 15,5 millones para la empresa, que busca destinar parte de esos fondos a cancelar deudas.
En ambos casos, la operación contempla la transferencia del inmueble, las maquinarias y los demás activos vinculados a cada establecimiento. Además, prevé el traspaso de los empleados a las nuevas sociedades (225 entre ambas plantas).
En su presentación, Verónica argumentó que no cuenta con recursos suficientes para sostener la operación de ambas fábricas y que el ingreso de nuevos operadores permitiría reactivar los establecimientos, preservar las fuentes de trabajo y obtener fondos para hacer frente a parte de su pasivo.

Por Juana Posbeyikian
Periodista de Negocios
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