

Desde YPF venimos avanzando con proyectos que hace algunos años parecían lejanos y hoy ya muestran resultados tangibles. Uno de ellos es VMOS, una iniciativa estratégica que reúne condiciones para ser exitosa. Con la Estación de Bombeo Allen y el ducto próximos a su terminación mecánica, el proyecto entra ahora en una nueva etapa, con la terminal marítima como eje central.
Cuando miramos hacia adelante, las proyecciones son claras y ambiciosas. Para principios de 2027 esperamos alcanzar una capacidad de transporte de 180.000 barriles por día, con una expansión posterior a 390.000, y la posibilidad de superar los 500.000 barriles diarios hacia el cuarto trimestre del mismo año. Estos números no son solo metas operativas: definen la escala necesaria para que la Argentina se inserte en el negocio energético global.
Ahora bien, ejecutar proyectos de esta magnitud exige algo más que planificación técnica. Requiere una forma de gestionar y decidir. La clave está en actuar con determinación: las oportunidades muchas veces ya existen, pero necesitan liderazgo para concretarse. En YPF, el rol es el de catalizador de esos desarrollos, con el compromiso de sostener en el tiempo una infraestructura energética acorde a los desafíos.
En esa misma línea se inscribe Argentina LNG, probablemente uno de los proyectos más relevantes del sector en las últimas décadas. Con una inversión estimada en u$s 20.000 millones, la iniciativa no solo permitirá incrementar la producción de gas, sino también consolidar una capacidad exportadora sostenida, con impacto en divisas, desarrollo regional y posicionamiento internacional.
Tecnología, planificación y escala
Pero hay algo que no se puede subestimar: la calidad del diseño desde el inicio. Estos proyectos no admiten improvisación. Por eso se incorporan tecnologías como BIM y gemelos digitales, que permiten mejorar la coordinación, anticipar problemas y optimizar los tiempos de ejecución. La planificación no es una etapa más: es la columna vertebral de todo el proceso.
A esto se suma un factor muchas veces relegado, pero igual de determinante: la formación profesional. En YPF se impulsa el desarrollo de capacidades como un pilar estratégico, con foco en la especialización técnica que exige Vaca Muerta. No alcanza con infraestructura: se necesitan equipos preparados para operar a escala.
Capacitar a quienes forman parte de la industria no es un complemento. Es una condición necesaria para sostener el crecimiento. Sin capital humano calificado, la expansión pierde velocidad y consistencia.
Condiciones para sostener la inversión
También es clave el contexto. En proyectos de largo plazo, la previsibilidad es indispensable. En este sentido, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) aporta un marco que mejora la competitividad, con estabilidad regulatoria, fiscal y mayor previsibilidad cambiaria.
Estas señales son centrales para atraer inversiones de escala y sostener proyectos que demandan décadas. La combinación de recursos, reglas claras y capacidad de ejecución es lo que define si la oportunidad se concreta.
Estoy convencido de que la Argentina tiene una oportunidad histórica, no solo por sus recursos, sino por su capacidad de desarrollarlos. En particular, el GNL puede posicionar al país entre los principales exportadores globales, incluso entre el cuarto y quinto lugar.
El desafío es grande, pero también lo es la oportunidad. Y desde YPF, el objetivo es claro: ser protagonistas de esa transformación energética.









