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Acorralada por una deuda de más de u$s 350 millones y con una operación cada vez más reducida, Granja Tres Arroyos, una de las mayores avícolas del país, se presentó en concurso preventivo. La causa tramita ante el Juzgado Comercial N° 21 de la Justicia Nacional en lo Comercial.

La presentación llega después de meses de deterioro financiero y operativo.

El grupo había buscado reunir al menos u$s 80 millones de capital de trabajo mediante aportes de inversores, nuevas líneas de crédito, anticipos de clientes y la venta de activos no estratégicos. En tanto, contaba con un plazo hasta el 30 de junio para llegar a un acuerdo con sus acreedores y reestructurar una deuda acumulada de más de u$s 350 millones.

Entre los activos que el grupo tenía previsto vender figuraban una planta de deshidratados en Zárate, un tambo en Entre Ríos, una unidad de cría de porcinos en Bella Vista, la planta de Becar y la planta Wade 1, que actualmente se encuentra operativa.

Sin un pronto acuerdo en el horizonte, comenzaron a acumularse en la Justicia pedidos de quiebra de empresas proveedoras y empleados que reclaman créditos.

La presentación de Granja Tres Arroyos busca ahora ordenar ese pasivo a través del proceso concursal y se produce apenas una semana después de que Wade S.A., otra de las sociedades que integran el grupo, también recurriera a la Justicia. Se trata de la compañía que quedó al frente de los activos de la exCresta Roja y opera las plantas Wade 1 y Wade 2.

Efecto dominó

El deterioro financiero fue acompañado por una reducción de la capacidad operativa.

El grupo comprende tres sociedades: Granja Tres Arroyos, Wade y Avex. En total, cuenta con siete plantas de faena: Pinazo (Buenos Aires), La China, (Entre Ríos), Becar (Entre Ríos), Wade 1 (Ezeiza, Buenos Aires), Wade 2 (Esteban Echeverría, Buenos Aires), Avex (Río Cuarto, Córdoba) y Capitán Sarmiento (Buenos Aires).

De ese total, dos están cerradas, tres permanecen con sus actividades suspendidas y dos funcionan con operaciones reducidas.

La última medida se tomó en agosto, cuando la avícola suspendió “hasta nuevo aviso” la operación en la planta de Capitán Sarmiento, según informó la empresa a su personal.

La compañía atribuyó la decisión a “la falta de suministro eléctrico y a otras cuestiones operativas y productivas derivadas de circunstancias de fuerza mayor y de público conocimiento, que afectan al normal desarrollo de la actividad”.

La situación tuvo también un fuerte impacto sobre el empleo. Esa misma semana, la compañía despidió a 1200 trabajadores: 700 de la planta de Capitán Sarmiento, 50 de la planta de Pilar y 450 de la planta de Esteban Echeverría.

Sin embargo, el Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires dictó la conciliación obligatoria por 15 días hábiles, que contempla la reincorporación de los trabajadores. La medida fue dispuesta luego de una audiencia entre representantes de Granja Tres Arroyos y Wade, y el Sindicato de la Industria de la Alimentación de la Provincia de Buenos Aires.

La reducción de la actividad ya había comenzado meses atrás. En noviembre de 2025, el grupo cerró la planta de Becar, ubicada en Concepción del Uruguay, y trasladó a 270 empleados a la planta vecina de La China.

La China continuó operativa hasta mayo de este año, hasta que la empresa anunció su cierre. En ese momento, atribuyó la decisión a los “constantes conflictos gremiales que paralizaron sus operaciones generando un quiebre en la cadena de producción avícola de la región”.

Para entonces, la compañía todavía adeudaba el 70% de los salarios correspondientes a abril y mayo a cerca de 900 empleados.

La retracción del negocio de GTA se profundizó en 2024, puntualmente debido al cierre de los principales mercados de exportación por los brotes de gripe aviar. Es que la firma exportaba el 70% de su producción (frente a alrededor del 25% actual) a más de 60 mercados. En ese contexto, ingresó en un proceso preventivo de crisis y comenzó a implementar un programa de retiros voluntarios y despidos.

Esta situación derivó en una contracción financiera y falta de liquidez que impactó en el normal funcionamiento de sus plantas productivas y en el incumplimiento de sus obligaciones como el pago a proveedores y salarios. Así, en 2024, la compañía cerró la planta de Tristán Suárez y luego comenzó a hacerlo con el resto de los activos.