

Una investigación sugiere que la elección entre el vino blanco, vino tinto o espumante podría estar relacionada con algo más que el gusto: el tipo de bebida que una persona prefiere también podría guardar cierta relación con su personalidad y sus hábitos.
De acuerdo con los resultados, quienes disfrutan del vino tinto tienden a presentar rasgos más introvertidos y suelen sentirse cómodos pasando tiempo a solas. En el otro extremo, las personas más extrovertidas mostraron una mayor inclinación por los vinos espumantes. Los aficionados al blanco, por su parte, fueron asociados con características de personas ambivertidas, es decir, aquellas que combinan rasgos de introversión y extroversión.

Los resultados surgieron de una encuesta realizada por OnePoll para la marca Barefoot Wine, en la que participaron 2.000 estadounidenses que consumen vino con regularidad. Los participantes bebían, en promedio, cinco copas por semana y respondieron preguntas destinadas a relacionar sus preferencias con diferentes aspectos de su personalidad y estilo de vida.
¿Qué dice el vino sobre la personalidad?
La investigación encontró diferentes perfiles según la bebida elegida. Durante reuniones y fiestas, los consumidores de vino tinto se describieron como “observadores silenciosos”, mientras que los amantes del blanco suelen asumir un papel más animado dentro del grupo. Quienes prefieren el vino blanco, en tanto, señalaron que ocasionalmente se encuentran tomando fotografías durante este tipo de encuentros.
Las diferencias también aparecieron en las preferencias relacionadas con el tiempo libre y los ambientes que disfrutan.
Preferencias, hábitos y estilo de vida
Los aficionados al vino blanco mostraron una mayor inclinación por los espacios interiores, mientras que quienes prefieren el tinto dijeron disfrutar más de las actividades al aire libre. Esta última preferencia también se relacionó con una mayor tendencia a levantarse temprano, mientras que los consumidores de blanco serían más propensos a disfrutar de la noche.
En cuanto a las mascotas, los resultados encontraron otra curiosa diferencia: los aficionados al espumante y al tinto mostraron una mayor preferencia por los perros, mientras que quienes eligen vino blanco o rosado tendieron a inclinarse por los gatos.
Entre los pasatiempos mencionados por los participantes aparecen actividades como navegar por redes sociales, mirar series y películas, escribir y dibujar. También hubo una importante presencia de personas interesadas en el deporte, tanto en actividades como correr como en seguir disciplinas como el fútbol y el básquetbol.
Además, los consumidores de vino tinto y espumantes mostraron una mayor tendencia a identificarse con un estilo de vida más arriesgado y fueron más propensos a tener tatuajes.
¿Cuál es la diferencia entre el vino tinto y el vino blanco?
Aunque ambos se producen a partir de uvas, el vino tinto y el blanco se distinguen principalmente por la forma en que se elaboran, especialmente por el contacto que tienen las pieles de la fruta con el jugo durante la fermentación.
Elaboración y color
- Vino tinto: se produce principalmente con uvas tintas y, durante la fermentación, el jugo permanece en contacto con las pieles, semillas y hollejos. Este proceso permite que el vino adquiera sus característicos tonos rojizos, además de taninos y una estructura más marcada.
- Vino blanco: las pieles y otros sólidos suelen retirarse antes de la fermentación, por lo que el proceso se realiza principalmente con el jugo de la pulpa. Aunque suele elaborarse con uvas blancas, también puede producirse a partir de uvas tintas cuya pulpa sea clara.
Sabor, aromas y textura
El vino tinto suele tener mayor cuerpo y una textura más seca o astringente debido a la presencia de taninos. Sus aromas pueden recordar a frutos rojos y negros, especias y, en aquellos que pasan por barrica, también pueden aparecer notas de madera.
Por su parte, el vino blanco suele ser más ligero, fresco y ácido. Sus perfiles aromáticos frecuentemente incluyen cítricos, frutas blancas y notas florales.
Temperatura y forma de servirlo
El tinto suele servirse entre los 14 °C y 18 °C, generalmente en copas grandes y de mayor amplitud, que favorecen la oxigenación y permiten apreciar mejor sus aromas.
El blanco, en cambio, se recomienda servir más frío, aproximadamente entre 7 °C y 10 °C. Sus copas suelen ser más pequeñas y estrechas, lo que ayuda a conservar su frescura y características aromáticas.














