

Al momento de comprar pollo, muchas personas creen que el de piel amarilla es de mejor calidad que el de piel blanca. Sin embargo, especialistas del sector avícola coinciden en que el color de la piel, por sí solo, no determina el sabor, la calidad ni el valor nutricional de la carne.
La diferencia de color suele estar relacionada con la alimentación del ave, ya que una dieta con mayor presencia de maíz y pigmentos naturales puede darle una tonalidad amarilla a la piel. Esto no significa automáticamente que se trate de un pollo criado de manera diferente o que sea más saludable.
Por qué el pollo amarillo suele ser más caro
En algunos mercados, el pollo de piel amarilla tiene un precio superior porque muchos consumidores lo asocian con un pollo de corral o campero, criado durante más tiempo y con una alimentación distinta. Ese tipo de producción sí puede aumentar el costo final.
Sin embargo, el color por sí mismo no garantiza un sistema de crianza diferente. También existen pollos producidos en sistemas intensivos cuya piel adquiere un tono amarillo debido a la alimentación, pero cuyo precio puede ser muy similar al de un pollo de piel blanca.

Incluso, investigaciones citadas por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos señalan que una piel de color amarillo uniforme puede incrementar el valor comercial del producto porque muchos compradores la perciben como más fresca o más cercana al pollo de campo, aunque esa percepción no implica una diferencia real en su calidad.
¿Cuál es mejor desde el punto de vista nutricional?
La evidencia disponible indica que no existen diferencias importantes en el valor nutritivo entre un pollo de piel amarilla y uno de piel blanca cuando provienen de sistemas de producción similares.
La Federación Avícola Catalana sostiene que ambos proceden de las mismas estirpes avícolas y que la principal diferencia visible es únicamente el color de la piel. Por eso, pagar más únicamente porque el pollo es amarillo no siempre representa una mejor compra.
Cuál conviene comprar según la preparación
La elección puede depender más del tipo de receta que del aspecto del pollo.
- Pollo de piel amarilla: suele ofrecer una piel que queda más crujiente y un sabor ligeramente más intenso cuando se cocina al horno o asado. Es una buena opción si el pollo será el protagonista del plato.
- Pollo de piel blanca: generalmente presenta una carne más tierna y con mayor contenido de agua. Resulta una alternativa práctica para preparaciones con salsas, como barbecue o marinadas, donde el condimento termina predominando sobre el sabor propio del pollo y permite ahorrar si su precio es menor.













