

EEUU y México van a iniciar una revisión muy esperada de su acuerdo comercial con Canadá, mientras los líderes mexicanos intentan proteger su economía de la cruzada comercial global de Donald Trump.
México, el mayor socio comercial de EE.UU., teme que Trump pueda presionar para que se introduzcan cambios significativos en el Tratado entre México, EEUU y Canadá (T-MEC), el acuerdo comercial de 2020 que firmó durante su primer mandato para sustituir al TLCAN, en su afán por atraer más industria manufacturera a EE.UU.
Canadá tiene previsto mantener conversaciones por separado con México en mayo, aunque aún no ha fijado una fecha para sus negociaciones formales con EEUU. Tanto Canadá como México han manifestado su deseo de que el T-MEC siga siendo un acuerdo trilateral.
Trump ha hecho comentarios despectivos sobre el T-MEC, ha impuesto aranceles elevados a los vehículos, el acero y el aluminio mexicanos, y ha utilizado el comercio como palanca para presionar a México a fin de que tome medidas radicales contra los cárteles de la droga.
Las conversaciones del lunes se enfocarán en frenar las importaciones procedentes de Asia y otras regiones, endurecer las normas que permiten que los productos sean elegibles para el T-MEC y mejorar la seguridad de la cadena de suministro de América del Norte, según declaraciones de ambos gobiernos.
Todas ésas son prioridades para EE.UU., que quiere frenar la inversión de China en México y acusa a su vecino del sur de servir como una “puerta trasera” para que los productos chinos entren en EE.UU. con aranceles más bajos. El 1 de enero, México impuso aranceles de hasta el 50% a cientos de productos importados de China y otros países, incluyendo los automóviles.
Las negociaciones serían “una buena oportunidad para desarrollar un enfoque norteamericano coordinado respecto a los fabricantes de automóviles chinos y las autopartes de origen chino”, dijo Matt Blunt, presidente del Consejo de Política Automotriz Estadounidense, que representa a los tres principales fabricantes de automóviles de EE.UU.
Las autoridades mexicanas dicen que su prioridad es eliminar los aranceles impuestos por Trump y alcanzar un acuerdo lo más cerca posible de la fecha límite del 1 de julio establecida en el tratado, que abarca u$s 1.8 billones en comercio, evitando así un extenso proceso de revisión anual que prolongaría la incertidumbre y reduciría la inversión.
Las negociaciones se producen tras un año tumultuoso para el comercio norteamericano después de que Trump impuso a México y Canadá aranceles elevados que amenazaban con devastar la industria automotriz, aunque más tarde ofreció algunas exenciones para los vehículos tras la fuerte oposición de los fabricantes de automóviles estadounidenses.
La agitación ha perjudicado a la industria automotriz de México, el mayor sector exportador y uno de los principales empleadores del país. Las exportaciones de vehículos de pasajeros a EE.UU. cayeron un 22 por ciento en el último trimestre de 2025 en comparación con el mismo período de 2024, según datos del banco central.
El jueves, EE.UU. incluyó a México en una lista de países contra los que está iniciando investigaciones por prácticas desleales en la industria manufacturera, lo cual podría dar lugar a nuevos aranceles. También ha incluido al país en una investigación para determinar si los países cuentan con protecciones adecuadas contra la importación de productos fabricados mediante trabajo forzado.
Juan Carlos Baker, quien dirigió el equipo de negociación de México para el T-MEC como secretario de Comercio durante el primer mandato de Trump, señaló que México podría aprovechar esta revisión para solicitar exenciones a las medidas arancelarias internacionales de Washington.
“EE.UU. ha presentado muchas exigencias”, dijo Baker. Mencionó las restricciones a la inversión directa china en México, límites más estrictos sobre qué porcentaje de los productos elegibles para el T-MEC debe originarse en América del Norte y reglas más estrictas que favorecen indirectamente la producción en EEUU frente a la de México.
Trump ha vinculado explícitamente las relaciones comerciales con el progreso de México en la lucha contra el crimen organizado. El mes pasado, la Corte Suprema de EE.UU. anuló los aranceles impuestos en 2025 como represalia por el tráfico de fentanilo y la débil seguridad fronteriza.
Pero Diego Marroquín Bitar, investigador del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés) en Washington, dijo que esos temas también podrían formar parte de las negociaciones del T-MEC. “El progreso en materia de seguridad en México es la clave para la certeza económica”, dijo.
Aun así, la fuerte dependencia de las compañías estadounidenses de México para sus cadenas de suministro y el objetivo más amplio de Trump de desvincularse de China deberían darle a México cierta ventaja, según los analistas.
“EE.UU. necesita a México si quiere encontrar formas de sustituir sus propias importaciones procedentes de China y alcanzar muchas otras prioridades para la seguridad nacional estadounidense”, dijo Antonio Ortiz Mena, exdiplomático mexicano y profesor de la Universidad de Georgetown. “Se puede reducir la participación de México y Canadá, o se puede reducir la de China, pero no se pueden reducir ambas”.


















