En esta noticia

La industria automotriz mexicana, considerada la joya de la corona manufacturera, ha tenido en 2026 uno de sus años más complicados, con una situación que ya afectó su participación en un mercado altamente competitivo a nivel mundial.

De acuerdo con datos de la Organización Internacional de Constructores de Automóviles (OICA), publicados apenas en mayo, en 2025 México fue el séptimo productor mundial más grande de autos nuevos, con 4.09 millones de unidades, por debajo de Alemania y Corea.

ChatGPT

El impacto de la política arancelaria de Donald Trump ya se sintió en la industria automotriz, pues en 2024, México había rebasado a Alemania y Corea con 4.2 millones de autos producidos, marcando un máximo histórico y ubicándose como el quinto manufacturero de unidades nuevas.

Pero este año ha sido una seguidilla de noticias complicadas. Durante el primer trimestre de este año, la planta de CIVAC de Nissan, ubicada en Jiutepec, Morelos y la segunda más antigua del país, cerró sus puertas de manera definitiva; para mayo, la planta conjunta de Infiniti, la marca de lujo de Nissan y Mercedes Benz, en Aguascalientes también bajó la cortina, y apenas esta semana Toyota anunció que en cuatro años dejará de producir la pickup Tacoma en su planta de Tijuana, Baja California, para armarla en su planta de San Antonio, Texas.

En junio de 2026, Toyota representó el 7.97% de la producción total de vehículos ligeros en México y la Tacoma representó el 88.08% de la producción de Toyota en México, así como 8.15% de las exportaciones totales de vehículos ligeros de México y el 93.64% de las exportaciones de Toyota, de acuerdo con estimaciones de Banco Base.

En el mismo mes, Nissan registró una caída de 18.6% en la producción de autos en México, derivado del cierre de la planta de Jiutepec, Morelos.

Mercedes Benz fue la marca con la mayor caída de producción de autos ligeros en el periodo de referencia, al contraerse 97% anual, debido al cierre de la planta de Aguascalientes.

De acuerdo con Natixis Investment Managers, la decisión de la administración Trump para mantener bajo revisión el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) con un plazo máximo de 10 años, probablemente es una estrategia para mantener la capacidad de maniobra.

En este sentido, Jack Janasiewicz, estratega de Portafolio, Natixis Investment Managers Solutions, señaló que el periodo electoral intermedio en Estados Unidos juega un papel fundamental, pues los electores pueden presionar a sus líderes para obtener concesiones que conduzcan a la certidumbre. Y si las demandas de EEUU son satisfechas, queda esperar a que su administración eventualmente apruebe una extensión de 16 años.

“El gobierno de Trump ha empleado ya esta misma estrategia en el pasado, optando por escalar para después desescalar. Esta vez probablemente se trata de lo mismo”, consideró el especialista.

Jack Janasiewicz añade que un punto clave de fricción en este proceso de negociación son las reglas de origen para los automóviles.

“Estados Unidos busca imponer un requisito de 50% de contenido estadounidense en los automóviles manufacturados y, posiblemente, también para otros sectores. La industria automotriz es un componente crucial del modelo de exportación de México, y cualquier medida de este tipo reduciría el atractivo de la producción mexicana, lo que conduciría a la pérdida de empleos en un sector que ha sido clave para la integración regional”, advierte el analista.

En este sentido, adelantó que es posible que el gobierno mexicano no ceda inmediatamente ante este desafío y que busque prolongar la respuesta, encontrando lagunas, solicitando alargar las fases de conversación e intentando diluir las demandas.

“Desafortunadamente, prolongar la situación probablemente solo aumentará las presiones del gobierno estadounidense. A corto plazo, es de esperar que las tensiones se intensifiquen antes de que vuelvan a disminuir. A largo plazo, las continuas negociaciones dificultarán la planificación y las inversiones a largo plazo, ya que la situación es inestable y cambiante, y con posibles modificaciones tangibles en las posturas en las próximas semanas y meses”, consideró.

La otra joya, en riesgo

Un sector que ha mostrado un crecimiento acelerado en exportaciones desde México hacia Estados Unidos es el de la elaboración de equipo de cómputo.

Este sector incrementó sus exportaciones en 144.8% en 2025, lo cual representa ya 12.85% de las exportaciones del país, de acuerdo con datos de la Oficina de Censos de Estados Unidos.

Para este año, la tendencia al alza continua: al cierre del primer trimestre de 2026, el sector logró exportar u$s 34,969 millones, superando en apenas tres meses la totalidad de lo exportado en 2024 y 40% de lo alcanzado en 2025.

Sin embargo, México es solo un país ensamblador que depende altamente de las importaciones de componentes.

De acuerdo con datos recopilados por Banco Base, este avance no responde a un cambio estructural interno, sino a una coyuntura externa impulsada por el auge en la inversión en la Inteligencia Artificial (IA) y los centros de datos en Estados Unidos, cuya inversión privada creció 29.76% en 2025.

Mientras tanto, los aranceles aplicados a México por Estados Unidos a la exportación de equipo de cómputo fue de apenas 0.18%, contra más de 30% a China.

El análisis detalla que 82.14% del valor total exportado del sector se concentra en una sola subpartida: las unidades de procesamiento central (CPU), el cerebro de los servidores.

De acuerdo con un estudio realizado por el banco, 97% de los insumos para estos elementos proviene de Asia, principalmente de países como Taiwán (44.1%), China (10.4%) y Malasia (9.8%), que proveen los microprocesadores y memorias, configurando un esquema de triangulación donde México pone la mano de obra para el ensamble final y despacha el 94.8% del producto hacia Estados Unidos.

Esta estructura expone al país a un riesgo inminente ante la revisión del T-MEC. La implementación de reglas de origen estrictas o el avance de la investigación bajo la Sección 301 por parte de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) podrían afectar el negocio de la noche a la mañana.

Además, la capacidad de producción del país se ubica cerca del máximo, por lo que es imposible que el país genere más empleos en el sector, a lo que se suma la incertidumbre por la revisión del T-MEC.

“México encontró en el cómputo un motor de emergencia que evitó la contracción de sus exportaciones totales, pero el modelo actual carece de raíces profundas. El país tiene la oportunidad de transitar del simple ensamble y triangulación a la transferencia tecnológica y la producción nativa de componentes. De esta manera podría convertir una vulnerabilidad en una fortaleza estratégica”, señaló Julio Escandón, director general de Banco Base.