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Las grandes cadenas de retail y comercio electrónico en México ya no ven la sostenibilidad como una campaña de relaciones públicas, sino como un estándar operativo obligatorio. Gigantes de la industria como Walmart y Coppel están encabezando la adopción de modelos de economía circular en sus empaques y bolsas de distribución en los 32 estados del país.

Ambas empresas incluso van un paso adelante de la entrada en vigor de la Ley de Economía Circular en México, a inicios de 2026. La legislación obliga a los sectores de consumo masivo, retail físico y e-commerce a migrar de un modelo lineal tradicional a uno circular, donde se introduce la Responsabilidad Extendida al Productor (REP); es decir, la obligación legal de asegurar la trazabilidad y el destino final sustentable de cada empaque integrado al mercado.

El motor detrás de las grandes marcas

Para soportar este volumen de distribución nacional sin comprometer sus márgenes, estas corporaciones se han aliado con compañías de tecnología de materiales como Bioelements Group, especializada en packaging sustentable con presencia en México y otros ocho países de la región.

En entrevista con El Cronista, José Miguel Trivelli, Legal Counsel de la startup de origen chileno, reveló que las soluciones de packaging biodegradable y compostaje certificado se han convertido en el puente para que los grandes jugadores cumplan con la ley sin incurrir en costos que terminen trasladándose al consumidor final.

Además de Coppel y Walmart, la empresa cuenta con clientes como DiDi Shop, que ha implementado las bolsas de Bioelements para su campaña de delivery para el Mundial.

Trivelli señaló que el principal reto para los directores de finanzas (CFOs) al implementar estas regulaciones suele ser la inversión. Sin embargo, la estrategia con marcas de la escala de Walmart o Coppel ha sido la innovación sin fricción técnica.

“Una máquina que antiguamente generaba algún producto de packaging con plástico convencional o virgen, perfectamente puede ser utilizada con nuestras propias resinas que son biodegradables o compostables certificadas”, explicó Trivelli. “No se necesita una inversión gigantesca en maquinaria nueva o en infraestructura para empezar a fabricar”, ya sea que la empresa fabrique sus empaques o los tercerice.

Urgencia regulatoria

Aunque la ley ya está vigente desde enero de 2026, las obligaciones específicas y operativas para las empresas se están activando de forma gradual debido a los plazos marcados por las autoridades. Actualmente, se está a la expectativa de la publicación del reglamento técnico de la ley, que se prevé para el mes de julio.

La legislación plantea una reconfiguración de fondo. Obliga a las empresas a migrar del sistema tradicional lineal (extracción, producción, consumo y desecho) hacia un modelo holístico que integra el ecodiseño, la trazabilidad, la recuperación y la valorización de materiales.

El vocero de Bioelements advirtió que esperar a conocer “la letra chica” para modificar los procesos de proveeduría es un riesgo financiero innecesario.

“La economía circular ya tiene que dejar de convertirse en una conversación simplemente ambiental; es la nueva norma”, enfatizó el experto. “Es lo que va a impulsar y va a diferenciar a empresas de ser más o menos competitivas, y eso sí va a influir en el éxito empresarial. Va a pagar más ser proactivo”.

Reto regional en infraestructura

El dinamismo que firmas como Coppel y Walmart inyectan al mercado a través de temporadas de alta demanda (como el e-commerce y el delivery masivo) contrasta con la realidad de la infraestructura de reciclaje en el continente.

Mientras que el modelo legislativo mexicano se inspiró en los avances de Chile y Perú, la capacidad de procesamiento sigue siendo el cuello de botella.

En Latinoamérica y el Caribe apenas se recupera o integra a las cadenas de valor el 1% de los residuos generados y el estándar global mínimo hacia el que debe apuntar la región en el corto plazo para ser competitiva es del 7%, compartió Trivelli.

La respuesta de los líderes del mercado ante este panorama ha sido blindarse mediante la evidencia científica.

Bioelements, por ejemplo, respalda su proveeduría corporativa con más de 30 formulaciones y 45 certificaciones internacionales validadas por laboratorios globales como TÜV de Austria (una organización independiente líder en pruebas, inspección y certificación), lo que asegura que los empaques se degraden efectivamente bajo las normativas vigentes en el país.