En esta noticia

El gasto público en México está acotado por diversos factores que incluyen el alto nivel de endeudamiento, el déficit fiscal y la baja recaudación, por lo que el país requiere mayores fuentes de financiamiento para alcanzar sus objetivos e invertir en infraestructura, advierten investigadores de centros universitarios y el sector privado.

Para Héctor Villarreal, profesor investigador, líder de la Iniciativa para la Transición Económica y Demográfica (ITED) en el Tec de Monterrey, no todo se puede lograr con ahorros si no se generan recursos suficientes.

“El expresidente López Obrador envenenó mucho el diálogo cuando decía que con ahorros todo puede salir”, consideró el especialista.

Villarreal comentó que además de encontrar nuevas fuentes de financiamiento, el país tiene que definir las prioridades del gasto.

“Los números no nos van a cuadrar y va de la mano de la inversión pública. Y cuando no se tiene dinero, está la tentación de decir, pues es que esto se va a solventar con Asociaciones Público Privadas (APP)”, comentó.

Sin embargo, el especialista añadió que el si se meten proyectos con tirabuzón que no son interesantes para el sector privado, termina siendo un financiamiento muy caro.

“Si queremos más inversión pública, vamos a necesitar más recursos y también más compromisos”, comentó.

Sin espacio fiscal

El país cada vez tiene menos espacio fiscal y 2026 ha sido un año donde el gasto obligatorio ha sido más grande y la recaudación está en mínimos.

De acuerdo con un estudio de Banco BASE, durante el primer semestre de 2026, el gasto rígido del sector público federal ascendió a MXN $2.07 billones, el mayor monto registrado para un periodo similar en la historia.

“En términos reales, el agregado creció 2.9% anual y absorbió 48.3% de los ingresos presupuestarios, 69.7% de los ingresos tributarios y 42.5% del gasto neto total, máximos históricos en los tres indicadores”, advierte el estudio “Espacio Fiscal en las Finanzas Públicas Actualización segundo trimestre de 2026”.

El documento advierte que los resultados reflejan una creciente proporción del presupuesto comprometida en obligaciones de cumplimiento ineludible y, por tanto, una reducción del margen de maniobra de la política fiscal.

Banco BASE señala que el aumento del gasto rígido es similar al observado en años previos, pero existe una diferencia que complica más la situación: en el primer semestre, los ingresos presupuestarios crecieron apenas 0.1% real anual, mientras que la recaudación del ISR cayó 6.2% real, su peor resultado para un primer semestre desde 2009.

Aunque el IVA aumentó 10.6% real y compensó parcialmente esta caída, los ingresos tributarios en conjunto crecieron sólo 0.4% real.

“La combinación de ingresos prácticamente estancados y un gasto rígido en expansión redujo aún más el espacio fiscal y obligó a concentrar el ajuste en los componentes flexibles del presupuesto”, advierte el estudio.

En particular, la inversión física registró una contracción de 7.9% real durante el primer semestre, lo que evidencia que, ante la creciente rigidez del gasto, la inversión pública continúa siendo la principal variable de ajuste para preservar el equilibrio de las finanzas públicas, algo que termina afectando al crecimiento económico por su efecto multiplicador, así como a la capacidad productiva del país.

“Al utilizar el gasto en inversión física como variable de ajuste, se afecta a la economía en el corto y en el largo plazo”, señala el documento.

Eliminar estímulos fiscales a la gasolina, opción a valorar

Durante los primeros seis meses del año, la Secretaría de Hacienda destinó más de MXN $13,000 millones a estímulos fiscales para evitar un incremento generalizado en el precio de la gasolina y el diésel.

El precio de los combustibles fue medianamente contenido por el Gobierno Federal, a través de estímulos fiscales aplicados al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), principalmente al diésel y a la gasolina Magna.

En este sentido, Héctor Villarreal consideró que el IEPS a la gasolina es un “buen impuesto”, que, si se sabe utilizar, puede funcionar como catalizador para acelerar la transición hacia los autos eléctricos, por lo que puede ser momento de dejar que el precio de la gasolina y el diésel fluctúe libremente, sin reducir el impacto con estímulos fiscales, aunque pueda resultar en una “decisión impopular”.