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El autotransporte de pasajeros en México atraviesa un punto de inflexión. Si bien se mantiene como el eje rector de la movilidad nacional —representando casi el 96% de los desplazamientos interurbanos—, el sector enfrenta presiones estructurales: una flota con alta antigüedad promedio y un mercado concentrado que limita las condiciones de competencia. En este escenario, la entrada de esquemas colaborativos busca abrir alternativas tanto para el usuario como para las pequeñas y medianas empresas (pymes) del ramo.

Un mercado masivo con asignaturas pendientes

De acuerdo con datos de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) citados por la industria, México es el tercer mercado de autotransporte de pasajeros a nivel mundial sólo detrás de China e India. No obstante, la antigüedad promedio de la flota a nivel nacional se sitúa en torno a los 16 años.

A la par del envejecimiento del parque vehicular, la estructura de la oferta refleja un contraste relevante. De los aproximadamente 28,000 permisionarios registrados ante la SICT, alrededor del 84% corresponde a pymes (muchas de ellas con flotas de una a cinco unidades). Sin embargo, la operación de las rutas muestra una elevada concentración en un grupo reducido de agentes corporativos.

Carlos Magaña, director general de Flix México, una startup alemana de transporte de pasajeros, dijo en una reunión con medios de comunicación que cuatro grupos empresariales concentran el 95% de las rutas del país y que tres de cada cuatro rutas son atendidas por un mismo operador.

Mantener una ruta de transporte de pasajeros en el país con las condiciones que existen para un pequeño empresario (...) ante las presiones de los grandes grupos, es dificilísimo. Es gente muy aguerrida que ha trabajado por generaciones, aseguró Magaña.

Músculo tecnológico y operación local

Flix, que recientemente cumplió un año en el mercado mexicano, está creciendo en el país a través de alianzas. Actualmente cuenta con cinco socios operativos que le permiten contar con una flotilla de 40 autobuses que circulan por seis rutas en ocho estados de México.

Este modelo funciona en los 40 mercados internacionales donde opera Flix. Es un modelo de economía colaborativa que se está usando en la industria; la mexicana Kolors también opera de esa forma su línea de negocio de transporte de pasajeros.

Para los pequeños operadores, emprender o diversificar rutas implica sortear barreras financieras e infraestructura crítica: desde la adquisición de unidades hasta el pago de peajes y la gestión de terminales. Frente a estos costos fijos, han surgido modelos B2B que proponen una división de funciones: la pyme mantiene la propiedad y operación del autobús, mientras la plataforma tecnológica asume la planeación de rutas, comercialización y gestión de la demanda.

Bajo este formato de coinversión, se han introducido esquemas de ingresos previsibles —como pagos mínimos garantizados por kilómetro recorrido— diseñados para amortiguar la curva de posicionamiento de una ruta. Posteriormente, el modelo evoluciona hacia una distribución de ingresos compartida.

“Nuestro compromiso con los operadores locales es ganar juntos. Con el modelo de repartición de ingresos de Flix, los transportistas mantienen la mayor parte de los ingresos generados por cada viaje, al tiempo que aprovechan nuestra plataforma tecnológica y canal de ventas global para multiplicar sus clientes sin asumir los costos de digitalización”, resaltó Bruno Leopardi, director comercial de FlixBus en México, que se queda con 30% de los ingresos netos.

A medida que el sector busca modernizarse y diversificar las opciones para el usuario final, el reto para las nuevas plataformas y los transportistas tradicionales radicará en coordinar la eficiencia operativa con el cumplimiento normativo en un mercado históricamente complejo.