

Japón planea rodear la Luna con un cinturón de paneles solares de 11.000 kilómetros capaz de generar electricidad en el espacio y distribuirla a la Tierra de forma continua. El proyecto, bautizado Luna Ring, fue concebido por la corporación Shimizu y prevé transmitir esa energía al planeta a través de haces de microondas y rayos láser.
La iniciativa fue presentada en 2013, a raíz del desastre nuclear de Fukushima, e incluye una hoja de ruta de tres décadas con inicio de obras proyectado para 2035. Su origen conceptual se remonta a 1968, cuando el ingeniero aeroespacial Peter Glaser publicó el primer esquema técnico viable para capturar energía solar en órbita y transmitirla a la Tierra.
¿Qué es el Luna Ring y cómo funcionaría?
El diseño contempla un cinturón de células fotovoltaicas de hasta 400 kilómetros de ancho recorriendo todo el ecuador lunar. Dado que la Luna carece de atmósfera, no existen nubes ni fenómenos climáticos: los paneles recibirían luz solar de manera ininterrumpida, sin las caídas de rendimiento que limitan a los sistemas instalados en la Tierra.
La electricidad generada viajaría por cables hasta el lado visible de la Luna y desde allí se enviaría al planeta por dos sistemas:
- Microondas de 20 GHz: atraviesan la atmósfera con una eficiencia cercana al 98% y son captadas por instalaciones terrestres denominadas rectennas, que las convierten en electricidad o hidrógeno.
- Láser de alta densidad: más preciso en la transmisión, aunque requiere cielos despejados; sus estaciones receptoras estarían ubicadas en regiones ecuatoriales con baja cobertura nubosa.
La construcción dependería de robots controlados a distancia desde la Tierra y de materiales fabricados directamente en la Luna: cerámica, vidrio, hormigón y células solares elaboradas con regolito lunar.

¿Por qué este proyecto de energía limpia es tan difícil de lograr?
El Luna Ring apunta a eliminar uno de los principales problemas de la energía solar: la intermitencia. Mientras una sección del anillo se encuentra en la sombra, otra recibe irradiación plena. Shimizu estima que los paneles orbitales pueden generar hasta veinte veces más energía que un sistema equivalente instalado en la Tierra.
Sin embargo, más de una década después de su presentación, el proyecto permanece en el plano teórico.
No cuenta con financiamiento, ningún gobierno lo respaldo formalmente y ninguna agencia espacial lo incorporó a su planificación. La meta de iniciar la construcción en 2035, fijada hace más de diez años, luce cada vez más alejada de la realidad.
Los principales obstáculos son:
- Escala sin precedentes: sería la estructura más grande jamás construida por la humanidad, en un entorno con polvo abrasivo, temperaturas extremas y ausencia de gravedad significativa.
- Infraestructura terrestre: el sistema exige grandes instalaciones receptoras en tierra y una regulación internacional estricta para el uso del espectro electromagnético.
- Costo sin definir: no existe un presupuesto formal ni compromisos de inversión de ningún tipo.
- Mantenimiento en condiciones hostiles: el diseño en anillo implica cables a lo largo de todo el ecuador lunar y reparaciones constantes en un entorno sin atmósfera protectora.
La investigación de base avanza por vías paralelas: en 2023, el Instituto de Tecnología de California logró por primera vez transmitir energía de forma inalámbrica desde el espacio hasta la Tierra. Por su parte, la Agencia Espacial Europea desarrolló entre 2022 y 2024 el programa SOLARIS con el mismo objetivo, aunque concluyó sin comprometerse con un desarrollo a escala industrial.















