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El estudio científico que refuta la idea más importante de Darwin y la evolución

Un reciente artículo científico refuta uno de los mitos más difundidos de la ciencia. Demuestra cómo la cooperación ha sido un elemento fundamental en la evolución de la vida.

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Una de las teorías científicas más importantes del mundo es la teoría de la evolución biológica. Este descubrimiento científico explica todo el desarrollo de la vida en el planeta, incluyendo a los seres humanos, y casi todos los comportamientos de los humanos y otros animales. Durante mucho tiempo, este proceso se explicaba en relación a la llamada "teoría del gen egoísta", inicialmente popularizada por el biólogo Richard Dawkins. 

La explicación del gen egoísta refiere a cómo cada organismo busca su propia supervivencia y adaptación a su entorno, para poder maximizar su propagación y descendencia.

Sin embargo, ahora, el reciente libro "Selfish Genes to Social Beings: A Cooperative History of Life" ("de los genes egoístas a los seres sociales: una historia cooperativa de la vida", en español) del biólogo evolutivo Jonathan Silvertown proporciona una exploración detallada de la idea de que la cooperación ha sido un elemento fundamental en la evolución de la vida en la Tierra, desafiando la connotación simplista de la "supervivencia del más apto" asociada con la selección natural. Silvertown argumenta que, si bien la competencia es un aspecto importante de la evolución, la cooperación también ha desempeñado un papel crucial en la adaptación y la persistencia de las especies a lo largo del tiempo.

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Qué dice la nueva teoría que refuta los descubrimientos de Darwin

Para refutar la teoría estándar, el autor utiliza ejemplos que van desde genes y microorganismos hasta plantas y animales, para ilustrar cómo la cooperación surge en diferentes contextos y beneficia a las especies involucradas. Por ejemplo, Silvertown describe cómo ciertos tipos de bacterias pueden cooperar para llevar a cabo funciones específicas, como la producción de nutrientes o la defensa contra patógenos, a través de sistemas de señalización química complejos.

Además, el autor examina cómo la cooperación se manifiesta en interacciones simbióticas entre especies, como la relación entre líquenes y hongos, donde la asociación entre algas y hongos resulta en un organismo compuesto más robusto y adaptable que las especies individuales por separado. Estos ejemplos destacan cómo la cooperación puede aumentar la aptitud y la supervivencia de las especies involucradas, lo que contradice la visión simplista de la selección natural basada únicamente en la competencia.

El libro habla sobre la idea de que la cooperación ha sido un elemento fundamental en la evolución de la vida en la Tierra. Fuente: Archivo

El estudio científico que refuta uno de los mitos más populares de la ciencia

Silvertown también analiza críticamente la noción de que la cooperación y la competencia son fuerzas opuestas en la evolución, argumentando que estas pueden coexistir y complementarse en diversos grados según el contexto ecológico y evolutivo. Critica la tendencia a atribuir motivaciones humanas a procesos biológicos y destaca que la cooperación en la naturaleza a menudo surge de impulsos egoístas en lugar de altruistas.

A lo largo del libro, Silvertown enfatiza la importancia de comprender la complejidad de las interacciones cooperativas en la naturaleza y advierte contra la aplicación de un marco moral humano a estos fenómenos. Si bien la cooperación puede ser beneficiosa para las especies involucradas, no implica necesariamente un comportamiento altruista o moral en el sentido humano. En cambio, emerge de la maximización de la aptitud individual y la supervivencia en entornos cambiantes y competitivos.

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