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La designación de los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras no buscaba abrir la puerta a operaciones militares, sino ampliar las herramientas legales y financieras contra el crimen organizado. Así lo afirmó Ronald Johnson, embajador de Estados Unidos en México, en un panel organizado por el Milken Institute sobre la relación bilateral.

Johnson relató que conversó directamente con el presidente Donald Trump sobre la medida. “Mucha gente piensa que se hizo para poder lanzar bombas sobre los cárteles. Esa no fue la razón”, dijo. El propósito, explicó, fue aplicar sanciones financieras, cargos por apoyo al terrorismo y otras herramientas jurídicas que permitan atacar las redes completas, no solo a sus integrantes visibles.

El diplomático subrayó en el Simposio Global de Inversionistas de Milken Institute que esas redes rebasan las fronteras de México. Los cárteles operan en Europa, Asia y Sudamérica y se extienden dentro de Estados Unidos. Por eso, planteó, un arresto en México debería detonar detenciones en Estados Unidos, Colombia, Ecuador e incluso Europa.

Johnson fue más allá y situó la seguridad mexicana en el teatro geopolítico global.

El embajador Johnson dijo que a China le convendría un México caótico e inseguro en la frontera sur de Estados Unidos, al grado de incentivar negocios que le cuestan dinero con tal de generar dependencia.

“Cuestionaría su sinceridad al querer operar aquí, tan cerca de Estados Unidos”, señaló. Su alternativa es que la región procese sus propios recursos y venda al mundo como un bloque norteamericano.

Sheinbaum tiene razón, somos como un matrimonio, dice Ronald Johnson

En el terreno bilateral, Johnson insistió en que la seguridad es una responsabilidad compartida y que la clave es el diálogo permanente. “No estamos de acuerdo en todo”, reconoció, y comparó la relación con su matrimonio de más de 40 años. Contó además que en su primera conversación con la presidenta Claudia Sheinbaum, ella describió el vínculo como “un matrimonio donde no puede haber divorcio”.

El embajador rechazó la lógica de las líneas rojas. “Me han dicho varias veces que aquí hay una línea roja. Y respondo: no hay línea roja, no usemos ese término”, relató. En su lugar, propuso buscar puntos medios mutuamente benéficos, aunque admitió que a veces una parte debe ceder más que la otra.

Su balance fue optimista, con matices. “Estamos mejor de lo que hemos estado en toda mi vida”, afirmó, aunque reconoció que aún queda margen de avance. También pidió a ambos gobiernos dejar atrás la reticencia a reconocer públicamente que son socios.

Para Johnson, seguridad y economía son inseparables. Dijo haber trabajado en más de 50 países y nunca haber visto seguridad sin una economía en crecimiento, ni crecimiento sin seguridad.

El interés de Washington, admitió, no es solo afectivo. “Tenemos una razón egoísta: aunque no nos importáramos el uno al otro, a Estados Unidos le conviene que México sea seguro y próspero”, dijo.

Esa integración ya opera en la práctica. Fernando López Guerra, CEO de Grupo México Transportes, explicó en el mismo panel que la empresa puede llevar mercancía fabricada en el Bajío a Chicago en 48 horas, con despacho aduanal en origen y destino y trazabilidad total, “como si la subieras a un avión”. Su propuesta es extender ese modelo con inspecciones conjuntas para que Norteamérica funcione como un espacio único. “Para nosotros no hay frontera”, resumió.