

La tarde de este domingo se convirtió en una pesadilla para cientos de pasajeros que viajaban por el sur de España. Un tren de alta velocidad de la empresa privada Iryo, que cubría la ruta Málaga-Madrid, descarriló a la altura de Adamuz, en la provincia andaluza de Córdoba.
Los últimos tres vagones de la formación se salieron de las vías e invadieron el carril contiguo, justo cuando por allí circulaba un tren Alvia de la estatal Renfe que hacía el recorrido Madrid-Huelva.
El impacto fue devastador: ambas formaciones descarrilaron, dejando un saldo provisorio de 21 personas fallecidas y al menos 25 heridos graves, según confirmó la Guardia Civil española. El número total de lesionados supera el centenar.
“Amasijos de hierro”: el dramático relato de los rescatistas
Francisco Carmona, jefe del cuerpo de bomberos de Córdoba, describió con crudeza la situación que encontraron en el lugar del siniestro. “El problema es que están los vagones retorcidos. Los hierros están retorcidos con las personas dentro. Hay unos amasijos de hierros, de sillones, de asientos... Está todo muy, muy deshecho”, expresó en declaraciones a la televisión pública TVE.

Las tareas de rescate resultaron extremadamente complejas. “Hemos tenido incluso que retirar a alguna persona fallecida para poder acceder a algún vivo. Están siendo labores complicadas, duras”, agregó el funcionario, visiblemente afectado por la magnitud de la tragedia.













