

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica confirmó este martes la muerte de Gholam Reza Soleimani, jefe de la fuerza paramilitar Basij, en un comunicado difundido a través de la agencia semioficial Fars. La información fue replicada por medios internacionales y consignada por la agencia Noticias Argentinas, en un contexto de escalada militar en Medio Oriente.
La confirmación iraní llegó luego de que el ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, asegurara que tanto Soleimani como el dirigente Ali Larijani “fueron eliminados anoche” durante un ataque. Desde Teherán, la Guardia Revolucionaria evitó precisar las circunstancias de la muerte, pero ratificó el fallecimiento del jefe de una de las estructuras más sensibles del sistema político iraní.
En paralelo, el ejército israelí difundió una placa informativa en la que identificó a Soleimani como “comandante de la unidad Basij durante los últimos seis años” y lo ubicó con rango de sar-tip, equivalente a general de brigada.

En ese mismo material, se afirmó que la fuerza bajo su mando “actuó como el principal instrumento de represión del régimen” y que tuvo “un papel significativo en la represión violenta durante las protestas en Irán”.
Se trata de caracterizaciones que coinciden con cuestionamientos formulados por organismos internacionales de derechos humanos sobre el accionar de esta estructura paramilitar.
Qué es la Basij
La Basij —formalmente conocida como “Organización de Movilización de los Oprimidos”— es una fuerza paramilitar creada en 1979 por orden del ayatolá Ruhollah Khomeini, en el marco de la consolidación de la Revolución Islámica. Depende orgánicamente de la Guardia Revolucionaria y se nutre de voluntarios, aunque en la práctica cumple funciones clave en la seguridad interna del régimen.

Según describe el International Institute for Strategic Studies (IISS) en su informe The Military Balance 2025, la Basij constituye una “fuerza auxiliar de gran escala” integrada por civiles movilizados que pueden ser desplegados tanto en tareas de defensa territorial como en control interno.
Una estructura extendida en toda la sociedad
La Basij se caracteriza por su amplia penetración social. De acuerdo con el Council on Foreign Relations (CFR), la organización mantiene redes en escuelas, universidades, fábricas y organismos estatales, lo que le permite actuar como una herramienta de movilización política y control social.
El CFR señala que la Basij opera como un “instrumento clave para hacer cumplir la ideología del Estado” y agrega que sus miembros participan en actividades que van desde programas sociales hasta operativos de seguridad.
Esta estructura descentralizada le otorga al régimen iraní una capacidad de respuesta rápida frente a crisis internas, especialmente en escenarios de protesta.
El rol en la represión de protestas
Diversos organismos internacionales de derechos humanos cuestionaron el accionar de la Basij en episodios de represión interna. Informes de Amnesty International documentaron el uso de esta fuerza en la dispersión de manifestaciones y en operativos que incluyeron detenciones masivas.
En un reporte sobre protestas en Irán, la organización sostuvo que fuerzas de seguridad, incluida la Basij, utilizaron “fuerza letal ilegal” contra manifestantes en distintos puntos del país.
En la misma línea, Human Rights Watch indicó que la Basij participó en operativos destinados a “sofocar la disidencia interna”, en coordinación con otras estructuras de seguridad.
Función militar y rol en conflictos
Aunque su función principal es interna, la Basij también puede cumplir tareas de apoyo en conflictos armados. Durante la guerra entre Irán e Irak (1980-1988), esta fuerza movilizó a miles de voluntarios en el frente de batalla.
El International Institute for Strategic Studies señaló que, en escenarios de conflicto, la Basij puede ser integrada a las operaciones de la Guardia Revolucionaria como fuerza de apoyo logístico o territorial.
Un instrumento central del sistema iraní
Más allá de su carácter formalmente voluntario, los analistas coinciden en que la Basij funciona como un engranaje clave del sistema político iraní. Su capacidad de movilización, su inserción en la sociedad y su rol en la seguridad interna la convierten en un actor determinante para la estabilidad del régimen.
El Council on Foreign Relations resumió esa función al señalar que la organización actúa como “una fuerza de control interno y de proyección ideológica del Estado”.















