La guerra comercial entre Estados Unidos y China continúa modificando el mapa económico internacional. En ese escenario, Washington intensificó su vínculo con un país de América Latina que logró convertirse, por primera vez en más de dos décadas, en su principal socio comercial, desplazando al gigante asiático de ese lugar.
El cambio refleja la búsqueda de Estados Unidos por reducir su dependencia de la producción china y acercar parte de su cadena de suministros. Esta estrategia impulsó un fuerte crecimiento del intercambio bilateral y consolidó una nueva etapa para el comercio en América del Norte.
México desplazó a China como principal socio comercial de Estados Unidos
El país que ocupa ahora el primer lugar es México, cuya participación en las importaciones estadounidenses trepó hasta el 16,6%, mientras que la de China descendió al 6,6%. Como resultado, el intercambio comercial entre ambas naciones supera actualmente los 873.000 millones de dólares anuales.
Este fenómeno ya comenzó a transformar ciudades industriales como Monterrey y Tijuana, donde la llegada de nuevas inversiones favoreció la creación de empleos y aumentó el movimiento de mercaderías hacia la frontera con Estados Unidos. No obstante, el acelerado crecimiento también puso bajo presión a la infraestructura disponible para sostener ese ritmo de expansión.
Los desafíos que enfrenta México para mantener su crecimiento
Pese al fuerte avance del comercio internacional, gran parte de las fábricas instaladas en territorio mexicano enfrenta dificultades para acceder a energía eléctrica y gas natural en cantidades suficientes. A esto se suma la necesidad de ampliar rutas, redes de agua y otros servicios esenciales para acompañar la llegada de nuevas industrias.
Mientras tanto, China mantiene ventajas competitivas gracias a su enorme capacidad industrial y a sus desarrolladas cadenas de suministro. Sin embargo, la cercanía geográfica favorece a México, ya que permite reducir considerablemente los tiempos de entrega. Un envío terrestre puede llegar desde una planta mexicana hasta la frontera con Texas en menos de un día, además de facilitar la coordinación entre empresas e ingenieros que trabajan dentro de la misma franja horaria, un factor cada vez más valorado por las compañías estadounidenses.